"Conocí que existía esta tradición hace tres años cuando hice el Camino de Santiago. Me quedé a dormir en el albergue y vi que los estaban asando, desde entonces, hemos venido todos los años desde Burgos para comprarlos", explica Enrique de Juan, mientras carga junto a su mujer Maricarmen y otro matrimonio, 40 kilos de pimientos del piquillo. "Hemos pagado 60 euros por los cuarenta kilos", apunta Maricarmen. "Son muy buenos. Sirven para comerlos con cualquier cosa y encima, te los llevas asados. Lo peor es pelarlos. Nos lleva cuatro horas dejarlos limpios", aclaran, a la vez que los echan en cuatro cazuelas.
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