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NACIONAL

El fin del sueño inglés en España

Un grupo de jubilados ingleses ha visto cómo su vivienda en Almería era demolida por infringir la Ley de Costas

Actualizada Lunes, 26 de mayo de 2008 - 04:00 h.
  • ÍÑIGO GURRUCHAGA . COLPISA. MADRID

E N una inteligente novela de J. G. Ballard, Noches de cocaína, que tiene como escenario una ficticia urbanización en la Costa del Sol, el protagonista describe a la empresaria inglesa que es dueña y siniestra señora del lugar de una manera que puede extenderse a la visión que los británicos tienen de la vida en la costa española: «Encantadora, agradable y totalmente corrupta»..

E N una inteligente novela de J. G. Ballard, Noches de cocaína, que tiene como escenario una ficticia urbanización en la Costa del Sol, el protagonista describe a la empresaria inglesa que es dueña y siniestra señora del lugar de una manera que puede extenderse a la visión que los británicos tienen de la vida en la costa española: «Encantadora, agradable y totalmente corrupta».

Ballard publicó la novela en 1996 y en su urbanización viven un retiro de paradisíaco aburrimiento gerentes de banco, contables, magnates menores del cine, médicos, abogados o hippies reconvertidos que aún tienen que trabajar, sirviendo a los rentistas, para ganarse la vida.

El retrato sociológico corresponde a los años 90, pero el cambio ocurrido en la última década aún no tiene su novela. Aunque en 1992 un culebrón televisivo de la BBC, Eldorado, que contaba las peripecias de una comunidad de británicos en una ficticia urbanización en Coín (Málaga), fue retirado de antena por su fracaso para captar audiencias.

Vida tranquila

Los turistas estacionales que se habían beneficiado de la expansión del paquete de vacaciones baratas en los años setenta y ochenta también aspiraban a fijar en la costa española su residencia, con Alicante y Málaga como destinos predilectos.

Funcionarios, bomberos o jubilados con una sola pensión querían entonces vivir donde había sol y la vida era más tranquila, entre simpáticos españoles. Y, además, la gran inflación de la vivienda en Reino Unido y la fortaleza de la libra con respecto al euro les permitía pagárselo.

Hubo otros factores añadidos: los vuelos de bajo coste, el tratamiento benigno por el fisco británico de la segunda residencia en el extranjero, como si se tratase de un plan de pensiones, y la popularización en programas de la televisión británica de la posibilidad de hacerse millonario con el negocio relativamente simple de comprar para alquilar.

El esfuerzo más serio de entender las consecuencias de esta nueva oleada lo realizó, en octubre de 2005, la Oficina Española de Turismo en Londres. Un estudio analizó el impacto que esa expansión y el alquiler alegal de las viviendas entre británicos estaba teniendo en el sector turístico.

Promoción en Inglaterra

En 2005 se vendieron dos millones de paquetes turísticos menos que en 2001, aunque el número de turistas era superior. Y, según la estimación del estudio, realizado por Ignacio Vasallo y Carmen Hernández, los británicos eran propietarios de medio millón de viviendas en España y estaban adquiriendo anualmente unas cincuenta mil.

Según la Foreign Office, más de un millón de británicos viven en España durante buena parte del año o de modo permanente.

El fenómeno era tan visible en la expansión de la construcción en las costas como en la promoción inmobiliaria en Inglaterra. Las casetas de los promotores recorrían ferias locales en todo el país o llenaban cada año el gran recinto de Olympia, en Londres.

Pero en los últimos meses de 2007, el sueño de Eldorado comenzó a quebrarse. Los periódicos británicos contaron la triste peripecia de los Prior, un matrimonio de jubilados ingleses que vio cómo la vivienda que habían comprado por medio millón de euros en Vera (Almería) era demolida por infringir la Ley de Costas, cuando la ex ministra Cristina Narbona impulsó el tardío cumplimiento de una legislación que promotores y ayuntamientos habían burlado.

Corrupción

Si en la citada novela de J. G. Ballard la corrupción en las costas españolas era obra de los británicos y las autoridades españolas, que se conformaban si los desmanes quedaban en las urbanizaciones de los extranjeros, ahora la corrupción de las autoridades españolas causaba la ruina de los foráneos.

Desde entonces, no hay semana en la que los periódicos británicos no se hagan eco de la quiebra del sueño de sol y costa.


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