Salud

¿Te has encontrado un bulto? Estas son las señales de alarma para acudir al médico

La gran mayoría de estas protuberancias son completamente inofensivas y responden a procesos naturales del cuerpo

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Más del 85% de los bultos analizados resultan ser procesos benignosPIXABAY
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Europa Press

Publicado el 05/09/2026 a las 11:19

Encontrarse un bulto debajo de la piel puede hacer saltar todas las alarmas y llevarnos inmediatamente a pensar en lo peor. Sin embargo, una masa o protuberancia no es sinónimo de cáncer ni de gravedad: lipomas, quistes, ganglios inflamados o hernias están entre las causas más frecuentes y, en la mayor parte de los casos, son procesos benignos. Entonces, ¿qué debemos hacer cuando nos encontramos un bulto?

La doctora Jenny Dávalos Marín, del Grupo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), y adjunta del Servicio de Urgencias del Hospital General de Segovia, explica qué características deben hacernos consultar y cuáles suelen ser tranquilizadoras.

“Más del 85% de los bultos que exploramos resultan ser procesos benignos. El médico de familia es el primer filtro fundamental. A través de una historia clínica detallada y de una palpación de esa masa o bulto, se puede determinar en pocos minutos si estamos ante una simple acumulación de grasa o de agua, o si realmente se requieren estudios adicionales. Bulto no es sinónimo de gravedad”, advierte esta experta.

LOS BULTOS MÁS FRECUENTES

En este sentido, resalta que en el día a día en la consulta del médico de atención primaria los bultos más comunes se agruparían en:

· Lipomas: Acumulaciones benignas de tejido graso que aparecen sobre todo en la espalda, en los hombros y en los brazos; se sienten blandos, elásticos, se mueven fácilmente al tocarlos y no suelen doler.

· Quistes epidermoides (popularmente llamados quistes sebáceos): Sacos cerrados debajo de la piel llenos de queratina, que son más firmes que los lipomas; es muy común que tengan un pequeño punto negro central (un poro obstruido); suelen aparecer en la cara, en el cuello o en la espalda, y a veces se inflaman o se infectan.

· Ganglios linfáticos inflamados (adenopatías): Los ganglios forman parte del sistema inmunitario y, cuando pasamos por una infección (un resfriado, una faringitis o una infección dental), los ganglios del cuello, de las axilas o de las ingles pueden reaccionar y aumentar de tamaño; suelen ser elásticos, duelen al tacto y vuelven a su tamaño normal semanas después de curarse la infección.

· Hernias: Ocurren cuando un tejido u órgano sobresale a través de un punto débil de la pared muscular; son muy frecuentes en la ingle y en el ombligo; pueden aumentar de tamaño al hacer esfuerzos (como toser o levantar peso) y suelen reducirse o desaparecer cuando el paciente se tumba.

CUÁNDO CONSULTAR CON ATENCIÓN PRIMARIA

“Consultar es ganar tranquilidad: acudir al médico de familia no significa confirmar una sospecha grave. En el 90% de los casos, el paciente sale de la consulta con un diagnóstico benigno”, asevera la doctora Jenny Dávalos Marín.

Además, señala que existe la falsa creencia de que ante cualquier bulto es obligatorio realizar una ecografía o una radiografía, cuando afirma que, en la práctica clínica diaria, esto no es así: “La palpación es clave: en un alto porcentaje de casos, la exploración visual y física por parte del médico de familia es suficiente para orientar el diagnóstico de un proceso benigno (como un lipoma blando y móvil)”.

Sobre el uso de la ecografía, aclara la experta del Grupo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia que este método se utiliza como primera prueba de elección si el bulto genera dudas, se encuentra en zonas profundas o si se sospecha que contiene líquido (quiste), para confirmar el diagnóstico sin emitir radiación.

“Las pruebas avanzadas, como la resonancia magnética o la biopsia, se reservan exclusivamente para lesiones con criterios de sospecha o de cara a planificar una cirugía”, matiza esta experta.

DATOS DE ALARMA DEL BULTO

Partiendo de la idea de que la mayoría de los bultos o de las masas no son peligrosos, sí precisa esta doctora que existen criterios específicos que obligan a una evaluación médica prioritaria y donde es vital la exploración temprana del médico de familia y derivar de manera oportuna.

Entre los posibles datos de alarma de un bulto cita los siguientes:

Crecimiento acelerado: El bulto aumenta de tamaño de forma notable en pocas semanas.

Consistencia pétrea: Al tacto se siente duro, rígido, o áspero, similar a una piedra.

Adherencia: El bulto está fijo, no se desplaza ni se mueve bajo la piel al presionarlo.

Cambios cutáneos: La piel de la zona se retrae (efecto hoyuelo o 'piel de naranja'), se enrojece o se ulcera.

Síntomas sistémicos: La aparición del bulto coincide con fiebre sin causa aparente, sudoración nocturna profusa, o con pérdida de peso involuntaria.

Asimismo, Dávalos recuerda que el cuerpo responde y cuando aparece un bulto, por ejemplo tras un resfriado, una depilación o un pequeño golpe, suele ser sólo la respuesta natural de su sistema inmunitario o un poro obstruido.

“Si lleva meses o años igual, no suele tratarse de una urgencia, aunque debe valorarse si presenta cambios”, aclara esta portavoz de la SEMG.

En última instancia, esta doctora avisa de que el diagnóstico definitivo sólo se hace en la consulta, mediante el tacto y el criterio médico.

“Descubrir un bulto no debe ser motivo de alarma, sino de atención responsable. La gran mayoría de estas protuberancias son completamente inofensivas y responden a procesos naturales del cuerpo. No deje que el miedo le gane a la prudencia: una breve visita a su médico de familia es el paso más rápido y seguro para descartar cualquier riesgo, resolver dudas y recuperar la tranquilidad por completo”, concluye.

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