Sueño

“Duermo solo cuatro horas”

Cómo saber si tienes un problema de sueño o si eres un dormidor corto natural

Ilustración de una persona con insomnio
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Ilustración de una persona con insomnio

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Ixone Díaz Landaluce

Publicado el 22/03/2026 a las 05:00

"Para mí el despertador es una herramienta inútil", cuenta Mae Albés. Su relación con el sueño siempre ha sido diferente a la de la mayoría. "Mi madre ya decía que de bebé no dormía nada". De adolescente, eso se acentuó. Si iba a dormir a casa de una amiga, Mae era la primera en levantarse. Mae es lo que los expertos conocen como un ‘dormidor corto natural’, personas que duermen entre cuatro y seis horas y que, pese a todo, están como una rosa al día siguiente. "Nunca lo he acusado. Siempre me costaba entender cuando alguien decía que había dormido siete horas y se encontraba fatal. Creía que todo el mundo era como yo. Mi cuerpo, simplemente, no me pide descansar más", explica.

"Hay que distinguir muy bien entre los dormidores cortos naturales y las personas que se han habituado a dormir poco por hábito o por presión social, pero que, en realidad, necesitarían más horas de descanso", apunta Juan Antonio Madrid Pérez, catedrático de Fisiología y director del Laboratorio de Cronobiología y Sueño de la Universidad de Murcia.

Hablamos de personas que duermen menos de lo que marca la recomendación estándar (ya sabes, entre 7 y 9 horas al día) y que, a pesar de eso, no sufren las consecuencias. "El dormidor corto natural es una persona que tiende a dormir poco desde la adolescencia y que no experimenta ningún síntoma de deuda de sueño. No necesitan cortar el sueño con un despertador ni tomar estimulantes y cuando pueden dormir más, duermen lo mismo", dice el especialista. Pero hay más. "También se ha visto que, a lo largo de toda su vida, no tiene mayor riesgo de desarrollar enfermedades asociadas a la falta de sueño". Y la lista es larga: desde diabetes, obesidad o ansiedad a enfermedades cardiovasculares, como hipertensión o riesgo de infarto. Pero también accidentes cerebrovasculares o enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.

"Durante mucho tiempo me agobiaba porque leía noticias sobre los riesgos de no dormir", confiesa Mae. Hasta que se encontró con un artículo sobre el tema. "Me sentí superidentificada. Además, leí que era genético y es cierto, porque a mi abuela también le pasaba. Se acostaba a las diez y a las tres de la mañana estaba despierta", recuerda. Efectivamente, esta élite del sueño -a la que pertenecen personajes históricos como Margaret Thatcher, Thomas Edison o Nikola Tesla, pero también Elon Musk y, supuestamente, Donald Trump- disfruta de una condición innata y genética. Diversos estudios científicos han identificado genes que intervienen en los ritmos circadianos y presentan alteraciones que pueden dar lugar a la predisposición al sueño corto. Ying-Hui Fu, genetista de la Universidad de California San Francisco, encontró, concretamente, una variación en el gen DEC2 que interviene en la producción de orexina, una hormona que regula el ciclo sueño-vigilia y que promueve el estado de alerta. Los estudios de Fu sugieren que, a menudo, estas personas tienen trabajos exigentes, hobbies intensivos y alta tolerancia al dolor. "Les llamo los homo sapiens 2.0", contaba la científica en el New Yorker.

EN ALERTA POR EL RELOJ INTELIGENTE

Habitualmente estas personas no consultan con los especialistas de sueño, aunque la proliferación de los relojes inteligentes, que también miden los patrones de sueño, está haciendo que algunos de ellos se preocupen. "El reloj les dice que no duermen lo suficiente", señala Juan Antonio Madrid Pérez. Pero la realidad es muy diferente. "Tienen un sueño tan eficiente que, con ese poco tiempo, son capaces de generar la misma respuesta funcional y la misma recuperación de la persona que necesita entre siete y nueve horas de descanso. No sufren ninguna alteración en el estado de ánimo ni fatiga ni trastornos de la memoria. Nada. Su vida funciona estupendamente. Eso sí, hablamos del 1% de la población", advierte. 

Ahora, Mae entiende su condición como una "superventaja" y ha adaptado sus rutinas a sus patrones de sueño. Se va a dormir a las once para despertarse, como muy tarde, a las cinco. "Me parece una hora digna para levantarme. Si me meto a las diez, a las tres ya estoy despierta", cuenta. Aprovecha para leer o trabajar y se está planteando, incluso, estudiar un máster para aprovechar esas "dos horas extra".

A simple vista, todo son ventajas. Tienen más tiempo que el resto para gestionar su vida, con todas sus obligaciones. Y, en teoría, con más espacio que los demás para hacer otras cosas que no sea trabajar. Pero también hay otra forma de verlo. "Dormir te aleja de todo durante unas horas. Cuando duermes, estás al margen de todo: de tus preocupaciones, de tu entorno, de la sociedad… Aunque se puede pensar en ello como una gran ventaja, la realidad es que dormir también es un refugio", explica Madrid Pérez. Mae lo corrobora: "En temporadas de estrés o problemas personales, dormir poco no ayuda. Básicamente, tienes dos horas más para comerte el tarro". Para todo lo demás, es un pequeño chollo genético.

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