Dietas
A Ozempic le sale un enemigo
No a todo el mundo le funciona el tratamiento y la ‘culpa’ es del hambre ansiosa


Publicado el 14/03/2026 a las 05:00
Ozempic no le funciona a todo el mundo. Al fármaco para tratar la diabetes que es más conocido por sus efectos sobre el peso corporal le ha salido un enemigo que podríamos calificar casi de invisible: el hambre emocional. De hecho, hay personas que se han sometido al tratamiento y al dejarlo lo han vivido en sus carnes. La que más claro lo ha dicho es la periodista estadounidense Oprah Winfrey: ella se trató, perdió peso, abandonó los pinchazos y recuperó peso.
Le ocurrió, dice, pese a que tiene todos los medios para no hacerlo: puede tener un cocinero, una nutricionista propia, entrenador personal... Pero admite que el problema está en otra parte. En que aparte de tomar Ozempic, debe hacer otro tipo de trabajo para mantener los resultados porque entiende que tiene un trastorno relacionado con la conducta alimentaria. Quizá no esté nada desencaminada.
Un reciente estudio de investigadores de la Universidad de Gifu, en Japón, viene a decir algo parecido. Monitorizaron a un grupo de 92 personas con diabetes durante su primer año de tratamiento con este tipo de fármacos agonistas del receptor GLP-1 y descubrieron que hay relación entre la eficacia terapéutica de estos medicamentos y los patrones de conducta alimentaria. Dicho más concretamente: respondieron mejor aquellas personas que comían en exceso al ver y oler comida sabrosa, que los que comían por motivos emocionales. Glotonería versus atracón.
NO SOLO 'CULPA' DEL CUERPO
Es solo un primer paso para ver qué sucede con esto, cuidado con las frases grandilocuentes, avisan los expertos españoles. Lo explica mejor Inka Miñambres, miembro del área de obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN): "Es un estudio pequeño, observacional en una población concreta, lo que limita la extracción de conclusiones sólidas".
Pero, prosigue la especialista, "resulta interesante porque trata un aspecto que clínicamente nos preocupa: identificar qué pacientes tienen más probabilidades de responder a un fármaco con efecto incretina, como es la semaglutida". El estudio lo que demuestra "claramente es que la pérdida de peso no solo depende de lo que ocurre en el cuerpo. El peso depende también de cómo manejamos eso que ocurre en nuestro cuerpo", apostilla la psicóloga María Contreras, codirectora del Centro de Psicoterapia Vínculo y experta en conducta alimentaria.
UNA "MEJOR EVALUACIÓN"
La obesidad es un trastorno multifactorial, coinciden los médicos. Y el peso de los malos hábitos no está detrás de la gran mayoría de casos; al contrario, desliza Contreras. "La gente con sobrepeso y obesidad también tiene trastornos alimentarios. Igual subclínicos, es decir, no cumple el criterio científico de trastorno, pero hay una desregulación", continúa. Así que estudiar cuánto influye el hambre emocional en los resultados de los tratamientos para perder peso es algo importante.
Coincide en ello la endocrinóloga Miñambres. "Hay que evaluar mejor todos los aspectos relacionados con la conducta alimentaria antes de iniciar un tratamiento como los análogos del GLP-1". Algo que, de momento, no se está haciendo de una manera sistemática. Y que tendría, seguramente, mucha influencia en los resultados a largo plazo cuando se deja el tratamiento. Ahora mismo, la última revisión de todos los estudios publicados confirma que el milagro del Ozempic se diluye en poco más de un año y medio, que es el tiempo que tardan los pacientes en recuperar los kilos perdidos.
TRATAMIENTO COMBINADO
No obstante, "no estamos en un momento en que podamos establecer límites tajantes sobre qué pacientes van o no a perder peso", prosigue la portavoz de la SEEN. Y advierte de una cosa: los fármacos como Ozempic no solo atacan al hambre física, "pueden actuar en los circuitos de recompensa cerebral que median los aspectos más relacionados con las emociones". Lo que ocurre es que el hambre emocional es un asunto complejo: no solo depende de que olamos a pastel y nos entren ganas de comerlo, sino que tiene que ver con una manera de calmar un malestar con comida, de tapar esas emociones que nos incomodan, ya sean estrés, tristeza, ansiedad, aburrimiento... con alimentos.
Entonces, ¿qué hacemos?, ¿renunciamos a Ozempic? María Contreras apuesta por otro enfoque: "Los agonistas de GLP-1 pueden ayudar muchísimo a pacientes con trastorno de la conducta alimentaria, pero han de ser un complemento al tratamiento". No se trata solo de pincharse y listo, sino de acompañar una "intervención multidisciplinar" que incluya psicoterapia para entender y controlar el comportamiento en la mesa.