Sergio García Morilla, psicólogo: "La gente no se estresa por nada, no desarrolla fobias por nada, no se deprime por nada"
Uno de los mitos más repetidos es que la depresión solo afecta a personas “débiles”


Publicado el 15/09/2025 a las 08:26
La depresión no es un signo de debilidad ni una condena de por vida. Tampoco es algo que solo les ocurre a quienes han pasado por un trauma fuerte. Como explica el psicólogo Sergio García Morilla, todos podemos llegar a sufrirla porque está relacionada tanto con nuestro cuerpo como con el mundo en el que vivimos.
Rompiendo ideas equivocadas
Uno de los mitos más repetidos es que la depresión solo afecta a personas “débiles”. La realidad es que cualquiera puede pasar por ella. No depende de la fortaleza personal, sino de muchos factores que se combinan: biológicos, sociales, culturales y emocionales.
También es falso que sea algo irreversible. Con apoyo adecuado, tanto profesional como social, se puede superar y salir adelante.
Otro error común es pensar que siempre aparece tras un hecho traumático. A veces ocurre por una pérdida de sentido más lenta y silenciosa: sentirse desconectado, presionado o atrapado en un entorno que no da espacio al bienestar.
Los niños también pueden sufrir depresión
Muchas veces se cree que los niños solo “están tristes” y nada más. Sin embargo, ellos también pueden deprimirse, y de hecho los casos van en aumento. Las presiones sociales, los problemas familiares y el estrés del entorno también los afectan. Reconocerlo es fundamental para poder ayudarlos.
Un problema que no es solo individual
Hoy en día solemos pensar que cada persona debe arreglárselas sola para “ser la mejor versión de sí misma”. Esto hace que quien está deprimido sienta aún más peso y culpa si no logra recuperarse rápidamente. Pero la depresión no es solo un problema individual: tiene mucho que ver con el contexto social, con las relaciones y con el ambiente en el que vivimos.
Señales de alerta y cuándo pedir ayuda:
-La depresión no es simplemente estar triste. Algunas señales que deben ponernos en alerta son:
-Tristeza intensa que dura más de dos semanas.
-Falta de interés por actividades que antes se disfrutaban.
-Cambios en el sueño o en el apetito.
-Cansancio constante.
-Aislamiento social.
-Pensamientos frecuentes sobre la muerte.
Si aparecen estos síntomas y afectan la vida diaria, es importante pedir ayuda a un profesional de la salud mental.