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Salud

La homeopatía: el azúcar más caro del mundo

La comunidad científica coincide en que no existen pruebas de que funcione la homeopatía, una práctica que España va a regularizar con más de 25 años de retraso

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El 10 de abril de 2017 activistas contra la homeopatía colocaron carteles irónicos en fuentes de toda España.
Alba Solana
  • luis alfonso gámez Bilbao.
  • Luis Alfonso Gámez. Bilbao
Actualizada 02/05/2018 a las 08:00

Imagine que tiene gripe, consulta con su farmacéutico y le recomienda que tome Oscillococcinum. Es un producto de Laboratorios Boiron, la gran multinacional homeopática francesa. Está indicado, según el prospecto, “tanto en el tratamiento sintomático de los estados gripales como durante el periodo de exposición gripal”. Su principio activo es extracto de corazón e hígado de pato de Berbería muy, muy diluido. Dice en el envase que diluido a 200 K. Jerga homeopática que traduce al lenguaje de la calle el físico estadounidense Robert L. Park en su libro Ciencia o vudú (2000): “El resultado sería una dilución de una molécula de extracto por cada 10400 moléculas (es decir, un uno seguido de cuatrocientos ceros) de agua. Sin embargo, en todo el universo físico sólo hay aproximadamente 1080 (un uno seguido de ochenta ceros) partículas elementales (electrones y protones)”. Así que usted tendría que beberse muchos universos para ingerir una molécula de pato.

La homeopatía es la más exitosa de las mal llamadas medicinas alternativas, técnicas que tienen en común no haber demostrado su efectividad más allá del placebo. Sus principios los formuló el médico alemán Samuel Hahnemann hace dos siglos. “Para él, y para los homeópatas, las enfermedades no existen. Solo hay conjuntos de síntomas provocados por una sola causa, el desequilibrio de la fuerza vital”, explica el abogado Fernando Frías, miembro del Círculo Escéptico y uno de los grandes expertos españoles en homeopatía. Hahnemann estableció que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarlos y que, cuanto más pequeña es la dosis de esa sustancia, mayor es su efecto. Según esa lógica, como en dosis normales la cafeína provoca insomnio, para tratarlo basta con dosis infinitesimales de cafeína.

La preparación de un producto homeopático empieza con un ingrediente, el principio activo -la cafeína o el extracto de hígado y corazón de pato de Berbería-, que se disuelve en 99 partes de agua, alcohol o lactosa: el resultado es una dilución 1 CH o centesimal hahnemaniano, llamado así por el inventor de la homeopatía. Luego, se toma una parte de esa primera dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente elegido (2 CH); seguidamente, se toma una parte de esa segunda dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente (3 CH); y así sucesivamente. En la primera dilución, tenemos una centésima parte de principio activo; en la segunda, una diezmilésima; en la tercera, una millonésima; y en la sexta, una billonésima o 0,000000000001 partes. ¡Y no hemos hecho nada más que empezar! En el mercado hay productos homeopáticos a 30 CH y hasta 300 CH (200K o 200CH tenía el remedio contra la gripe que le vendió su hipotético farmacéutico).

Sin embargo, por encima de los 12 CH, la ciencia demuestra que no hay ni una molécula de principio activo en un preparado. Una dilución 13 CH -habitual en las farmacias- equivale a disolver un tercio de una gota de agua en todos los océanos de la Tierra. Por eso los análisis de productos homeopáticos no han encontrado en ellos más que azúcar. De hecho en el envase del Oscillococcinum dice que un gramo de preparado tiene 0,85 gramos de sacarosa y 0,15 gramos de lactosa, además de ¡1 mililitro de pato! “El efecto terapéutico de un preparado homeopático es el que pueden tener el agua y el azúcar que contiene. Porque no hay nada más”, afirma Guillermo Quindós, catedrático de Microbiología en la Facultad de Medicina y Enfermería de la Universidad del País Vasco. Si solo son agua y azúcar, ¿por qué se habla de medicamentos homeopáticos? Por una decisión política.

25 AÑOS DE RETRASO

La directiva que regula esta práctica (la 92/73/CEE actualizada en la 2001/83/CE) se aprobó en el Parlamento Europeo en 1992 y habla de “medicamentos homeopáticos” por las presiones de la poderosa industria alemana y francesa. “Al considerarlos medicamentos, estos preparados deben venderse en farmacias”, indica Suso Fernández, impulsor del movimiento de farmacéuticos contra la homeopatía. En otra concesión a los fabricantes, los legisladores comunitarios eximieron a estos preparados de demostrar que curen algo, como tiene que hacer el resto de medicamentos: los homeopáticos solo han de probar que son seguros.

La directiva obligaba a que, en cada país miembro, esos preparados se inscribieran en un registro y contaran con una autorización para su venta de la administración sanitaria nacional, algo que España empezará a hacer ahora. “Durante más de 25 años, los productos homeopáticos que se han vendido en nuestro país lo han hecho sin autorización y sin pagar tasas de comercialización. Y no está previsto que se vayan a imponer multas por eso”, dice Frías. El Gobierno de Rajoy no va a hacer nada extraordinario con la regularización de estos preparados; solo aplicar la normativa europea con décadas de retraso. La ley comunitaria obligaba ya en 1992 a que, si no ha demostrado su efectividad contra una dolencia -algo que no ha hecho ningún producto de este tipo en dos siglos-, debía advertirse en el etiquetado de que es un “medicamento homeopático sin indicación terapéutica”. Cuando se aplique esa norma, Oscillococcinum no podrá etiquetarse para “estados gripales”, como hoy.

Los preparados homeopáticos pagarán a partir de ahora tasas de comercialización, “algo que no han hecho nunca y ha supuesto decenas de millones de euros de ahorro a sus fabricantes, y de pérdidas a las arcas públicas. Pero no se les van a cobrar las de años anteriores. Estamos ante una amnistía fiscal en toda regla”, dice Frías. Aunque varios consejeros autonómicos y la Organización Médica Colegial (OMC) han pedido al Gobierno sacar la homeopatía de la farmacia, para no confundir a los pacientes, solo podría hacerse si se modificara la legislación europea. “Es una imposición de la directiva. El 90% de los farmacéuticos no recomienda la homeopatía, que supone menos del 1% de la facturación de las farmacias españolas, aunque desgraciadamente nuestros colegios profesionales la sigan apoyando”, lamenta Fernández. “La homeopatía es un invento de finales del siglo XVIII sin ninguna base científica. Sus principios, que lo similar cura lo similar y que una sustancia es más potente cuanto más diluida esté, carecen de fundamento. Hay médicos que creen en la homeopatía como los hay que creen en brujas”, sentencia Quindós.

El dictamen de la ciencia no ofrece lugar a dudas. La Real Academia Nacional de Farmacia sostiene que “no hay argumentos que apoyen la eficacia de los medicamentos homeopáticos y justifiquen su utilización clínica”, y las tres sociedades científicas farmacéuticas españolas se han manifestado en términos parecidos. La OMC califica la homeopatía de proceso “ilusorio y engañoso” sin base científica. “Cualquier efecto de los productos homeopáticos en uso clínico puede explicarse por el efecto placebo, un diseño pobre del estudio, una variación aleatoria, la regresión a la media o el sesgo de publicación”, sostiene el Consejo Asesor Científico de las Academias Europeas (EASAC). La Asociación Médica Británica afirma que “es brujería”. Y, entre otras muchas entidades científicas críticas, la Sociedad Estadounidense de Química dice que “los principios de la homeopatía son tonterías”.

Un niño murió en Italia por confiar en la homeopatía

Francesco, un niño de 7 años, murió en mayo del año pasado en Italia por las complicaciones de una otitis. Sus padres habían seguido los consejos de un médico y habían tratado la infección con homeopatía en vez de con antibióticos. Para el microbiólogo Guillermo Quindós, “la utilización de homeopatía para tratar una enfermedad infecciosa es peligrosa y una mala praxis médica”.

“La promoción y el uso de productos homeopáticos conlleva riesgos importantes. En primer lugar, que suponga para el paciente una demora en la búsqueda de atención médica apropiada, basada en las pruebas, o, peor aún, se le disuada de hacerlo”, advertían en septiembre 27 academias científicas nacionales europeas. Entre las víctimas de esta práctica hay hipertensos y diabéticos que sustituyen la medicación por la homeopatía y enfermos que recurren a ella para tratar patologías que pueden tener un buen pronóstico si se abordan en sus primeros estadios, pero muy malo si se deja pasar el tiempo antes de acudir a la medicina científica.

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