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El pueblo de Aragón que tiene su "Dama del Lago" particular y recomienda Viajes National Geographic

Un pequeño núcleo del Pirineo oscense con apenas unas decenas de habitantes se ha colado entre las recomendaciones de la revista

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Diario de Navarra

Publicado el 06/06/2026 a las 05:00

Samitier, un pequeño núcleo del Pirineo oscense con apenas unas decenas de habitantes, se ha colado entre las recomendaciones de Viajes National Geographic por una combinación poco común: historia medieval, arquitectura singular y una de las postales más evocadoras de Aragón.

Situado en la comarca del Sobrarbe, este enclave destaca por un conjunto defensivo que corona un cerro sobre el río Cinca. Allí, entre rocas y vistas abiertas, se conserva un castillo de origen fronterizo cuya visita guarda una peculiaridad: solo se puede acceder atravesando una ermita que también ejercía funciones defensivas.

La iglesia de San Emeterio y San Celedonio, de estilo románico, no fue concebida únicamente como templo. Según recoge Viajes National Geographic, actuaba como cierre fortificado del conjunto, convirtiéndose en paso obligado hacia la fortaleza

Aún hoy, quien sube hasta la cima debe cruzarla de extremo a extremo para alcanzar los restos del castillo, una experiencia que resume el carácter híbrido -militar y religioso- de este enclave del siglo XI.

Esta ubicación no es casual. Samitier formó parte de la línea defensiva del antiguo Reino de Aragón frente Al-Ándalus, y su relevancia fue tal que aparece citado en la Crónica de San Juan de la Peña, uno de los textos fundacionales de la historia aragonesa.

EL MIRADOR PERFECTO A UNA "LEYENDA" SUMERGIDA

Pero si hay una imagen que define a Samitier es la que se observa desde su altura. Desde el cerro, el paisaje se abre hacia el congosto del Entremón y el embalse de Mediano, donde emerge una silueta reconocible: la torre de la antigua iglesia del pueblo inundado

Ese campanario, que asoma sobre el agua según el nivel del pantano, es conocido como la "Dama del Lago", un símbolo del pasado desaparecido que quedó bajo las aguas tras la construcción del embalse en 1969. 

La escena, con la torre rodeada de agua y montañas, ha convertido este rincón en uno de los miradores más fotogénicos del Pirineo aragonés. 

El acceso al conjunto, de algo más de dos kilómetros, es hoy una ruta senderista popular que añade valor a la visita. En el camino se encuentra la ermita de Santa Waldesca, del siglo XVI, que anticipa el carácter histórico del recorrido.

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