Turismo

Un jardín botánico entre ruinas medievales: el rincón oculto a una hora de Navarra

El antiguo monasterio de Santa Catalina, en Iruña de Oca, se ha convertido en un ejemplo de recuperación patrimonial

Convento de Santa Catalina
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Ruinas del Convento de Santa Catalina en el Jardín Botánico de Iruña de OcaBASOTXERRI
Convento de Santa Catalina

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Diario de Navarra

Publicado el 05/06/2026 a las 05:00

A solo doce kilómetros de Vitoria, las ruinas del antiguo monasterio de Santa Catalina, en Iruña de Oca, albergan hoy uno de los jardines botánicos más singulares de España, levantado sobre un complejo medieval con siglos de historia.

El recinto, situado en una ladera de la Sierra de Badaya, domina la Llanada Alavesa en un paisaje de transición entre valles fértiles, roquedos y bosques de encinas y quejigos. En este entorno, el visitante accede a un espacio donde naturaleza y patrimonio conviven de forma excepcional, según destaca Viajes National Geographic.

Dentro del perímetro amurallado se erige un antiguo algarrobo seco, convertido en escultura y símbolo del lugar. Su tronco hueco permite a los visitantes depositar mensajes.

El conjunto se asienta sobre una base histórica que se remonta a época romana. Siglos después, la familia Martínez de Iruña levantó allí una casa-torre a comienzos del siglo XIII, origen del posterior monasterio. A lo largo del tiempo, el complejo sufrió incendios, abandonos y las consecuencias de la desamortización, hasta quedar prácticamente en ruinas.

Su recuperación comenzó en 1999, cuando el Ayuntamiento de Iruña de Oca adquirió el recinto. La intervención arquitectónica, desarrollada a partir de 2012, apostó por consolidar las estructuras sin ocultar su estado ruinoso. Elementos de madera reconstruyen huecos y formas originales, respetando la huella histórica y manteniendo el carácter incompleto del edificio.

El resultado es un espacio que hoy combina arquitectura y naturaleza. El jardín botánico reúne cerca de un millar de especies procedentes de distintos continentes, adaptadas gracias a la singular ubicación del enclave. El recorrido se organiza por ambientes: desde zonas abiertas con plantas de tonos rojizos hasta áreas húmedas con estanques, nenúfares, pozos y aljibes.

El itinerario continúa hacia el antiguo claustro y la iglesia, en el corazón del complejo, donde conviven especies propias de distintos climas, desde helechos y musgos hasta cactus o madroños. En verano, la floración de la lavanda transforma el espacio en uno de sus momentos más vistosos.

El recorrido culmina en el mirador de la espadaña, al que se accede por una escalera metálica adosada al muro. Desde allí, la Llanada Alavesa se extiende en un amplio panorama que permite entender el valor estratégico e histórico del enclave.

Hoy, el antiguo monasterio de Santa Catalina se ha convertido en un ejemplo de recuperación patrimonial que ha sabido integrar historia, paisaje y divulgación botánica en un mismo espacio.

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