Turismo Navarra

Navarra: el sueño de una noche de verano

Brisas suaves que agitan las ramas de bosques milenarios, paseos entre sombras de hayas, cascadas y saltos de agua para refrescarse, pequeñas piscinas naturales de azul turquesa y valles donde las noches aún son frescas y el sueño es reparador. Esto es Navarra, un lugar donde disfrutar en verano

El Pirineo oriental guarda saltos como el de Xorroxin, cerca de Erratzu
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El Pirineo oriental guarda saltos como el de Xorroxin, cerca de Erratzu
El Pirineo oriental guarda saltos como el de Xorroxin, cerca de Erratzu

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Publicado el 20/06/2025 a las 05:00

Cuando el termómetro se desboca y el asfalto parece derretirse bajo los pies, hay quienes buscan otro tipo de verano. No el de playa abarrotada ni el de noches de sofocos sin tregua, sino un estío de sombra densa, de agua limpia, de silencio vegetal y noches frescas. Ese refugio es Navarra, que ofrece una escapada distinta en verano: una geografía interior de relieves suaves, bosques milenarios, riachuelos, cascadas, piscinas naturales ocultas, cuevas profundas y una playa insólita lejos del mar.

Apenas unas horas en coche o en tren separan el bochorno urbano de este refugio. Porque Navarra, contra todo pronóstico, es uno de los destinos más verdes del sur europeo. Aquí el calor no arrasa: se amortigua entre hayedos y robledales, se disuelve en los saltos de agua de los Pirineos occidentales o se sumerge en el azul inesperado de inmensas lagunas.

En la comarca de Tierras de Iranzu, entre los montes que se pliegan al norte de Estella/Lizarra, se encuentra uno de los lugares más insólitos del mapa navarro: un mar interior. Se trata del embalse de Alloz, alimentado por los ríos Salado y Ubagua, que en los días de verano muestra un tono turquesa desconcertante. Las aguas claras y tranquilas permiten nadar, practicar paddle surf, navegar a vela o simplemente flotar.

Las aguas claras y tranquilas del embalse de Alloz permiten nadar, practicar paddle surf, navegar a vela o simplemente flotar
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Las aguas claras y tranquilas del embalse de Alloz permiten nadar, practicar paddle surf, navegar a vela o simplemente flotarcedida turismo navarra/javier campos
Las aguas claras y tranquilas del embalse de Alloz permiten nadar, practicar paddle surf, navegar a vela o simplemente flotar

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La zona de baño acondicionada en la orilla de Lerate ha sido reconocida con la icónica bandera azul, el distintivo ambiental más prestigioso a nivel internacional. Es la única playa navarra que ha logrado esta calificación en 2025 y, paradójicamente, aunque la Comunidad Foral no tiene mar, esta zona de baño de Alloz compite en una lista dominada por los grandes destinos costeros españoles, gracias a la extraordinaria calidad de sus aguas y sus servicios. Cuenta con merenderos, embarcadero, chiringuito y zonas verdes. Pero lo que realmente distingue este lugar no son las instalaciones, sino la posibilidad de vivir el agua como experiencia de contacto: sin aglomeraciones, sin ruido, solo con la montaña al fondo y el sol reflejado en las ondulaciones del pantano.

Ríos, pozas y saltos de agua

Navarra está atravesada por una red fluvial que parece haber sido pensada para el verano. Desde los riachuelos frescos del Baztán hasta los cañones de Lumbier y Arbaiun, pasando por las pequeñas playas del Urederra en Artavia y Zudaire o las cristalinas pozas de Benasa con pequeñas cascadas y que parecen un jacuzzi pirenaico, los puntos de inmersión son múltiples. Algunos accesibles tras sencillas caminatas, parkings regulados y zonas de recreo, otros —en cambio— guardados como secretos por la gente del lugar.

Navarra está atravesada por una red fluvial que parece haber sido pensada para el verano. En la imagen, la Foz de Lumbier
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Navarra está atravesada por una red fluvial que parece haber sido pensada para el verano. En la imagen, la Foz de Lumbiercedida turismo navarra/amaya alcelay
Navarra está atravesada por una red fluvial que parece haber sido pensada para el verano. En la imagen, la Foz de Lumbier

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En el valle del Roncal, por ejemplo, el río Esca forma pequeños meandros donde refrescarse a la sombra de los chopos. En la Sakana, el Arakil serpentea bajo los puentes medievales dejando a su paso pequeñas piscinas naturales. El Pirineo oriental guarda saltos como el de Xorroxin, cerca de Erratzu, o la cascada de Belabarce, ambos enmarcados por senderos de bosque húmedo donde la temperatura rara vez supera los 24 grados incluso en pleno julio.

Cuevas que respiran frío

Pero si hay un frescor que sorprende, es el subterráneo. En Navarra, las entrañas de la Tierra también están abiertas al público. Las cuevas de Zugarramurdi, a un paso de la frontera francesa, permiten caminar por una garganta natural de 120 metros de largo y hasta 12 de alto, horadada por el Infernuko Erreka, que literalmente significa el riachuelo del infierno. En esta caverna aún se escuchan el eco de los aquelarres y los procesos inquisitoriales, la quema de brujas que en el s. XVII marcó este lugar tanto como los contrabandistas. Hoy es posible conocer su historia en el Museo de la Brujería.

A pocos kilómetros, las cuevas de Urdax ofrecen otro espectáculo: estalactitas como lanzas, columnas naturales, juegos de luces sobre formaciones calcáreas. La temperatura constante en el interior ronda los 12 grados. Y si te quedas con ganas de pasear, hay un coqueto sendero circular señalizado con un pequeño caballito azul, es la Ruta de la Pottoka Azul, que a lo largo de 35 kilómetros une las cuevas de Zugarramurdi, Urdax y Sara (ya en territorio francés).

La cueva de Mendukilo desciende hasta 60 metros de profundidad
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La cueva de Mendukilo desciende hasta 60 metros de profundidadcedida turismo navarra/marta vidal
La cueva de Mendukilo desciende hasta 60 metros de profundidad

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Y en Astitz, en la Sierra de Aralar, la cueva de Mendukilo desciende hasta 60 metros de profundidad. Allí, en la sala que llaman El refugio del dragón (Herensugearen Gotorlekua, en euskera local), solo se escucha el silencio.

Bajo la sombra de los árboles

No todo es agua. El frescor en Navarra también se camina. Bosques como el de Orgi en Ultzama, el hayedo de Irati o los robledales de Basaburua son auténticos santuarios de sombra. Senderos adaptados permiten recorrerlos en familia. En el Señorío de Bertiz, además, se puede visitar un jardín botánico centenario con especies de los cinco continentes y senderos accesibles entre helechos y cedros. Fue un regalo de amor y conservación de Pedro Ciga y su esposa Dorotea Fernández al pueblo navarro.

En el Señorío de Bertiz, además de recorrer sus senderos en familia, se puede visitar un jardín botánico centenario
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En el Señorío de Bertiz, además de recorrer sus senderos en familia, se puede visitar un jardín botánico centenariocedida turismo de navarra/francis vaquero
En el Señorío de Bertiz, además de recorrer sus senderos en familia, se puede visitar un jardín botánico centenario

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En la Selva de Irati, uno de los hayedos-abetales mejor conservados de Europa, los caminos se abren entre árboles centenarios y claros donde descansar. Aquí el viento aún tiene aroma de nieve de deshielo de las montañas y los riachuelos traen aguas heladas desde las cumbres. Es en este mismo lugar donde Ernest Hemingway ponía a refrescar botellas de vino navarro en los recodos del río Irati y pescaba truchas en verano.

Aquí, el frescor no es una metáfora: es real. Incluso en agosto, se recomienda llevar chaqueta ligera para las noches y los amaneceres. Noches con estrellas en el cielo y en el bosque: mientras la Vía Láctea de desparrama en infinitas constelaciones en el firmamento, a ras de tierra puñados de luciérnagas danzan entre los arbustos y árboles ofreciendo un hermoso espectáculo.

Naturaleza que se saborea

Y entre baño y paseo, se come. Porque el frescor navarro también se sirve en la mesa: cuajadas, quesos de leche cruda de oveja latxa, truchas recién pescadas, sidra fresca, vinos blancos de altura, helados artesanos de leche ecológica. Comer en una terraza de piedra bajo la parra, al borde de un río o junto a una borda de montaña es parte de la experiencia.

Algunos alojamientos como Basoa Suites en Lizaso han llevado este vínculo al extremo: cabañas colgadas entre árboles, sin wifi ni televisión, donde el desayuno llega en una cesta de cuerda y el frescor no necesita aire acondicionado. También Irati Barnean, unos curiosos iglús de madera al borde de una suave colina rodeada de inabarcables bosques de hayas.

En un tiempo en que el calor extremo empieza a alterar las costumbres veraniegas, Navarra emerge como alternativa. No solo por su clima más templado, sino por su propuesta: naturaleza accesible, sin masificar, con una red de senderos, espacios protegidos, agua limpia y cultura viva. Aquí el verano no se sufre. Se vive.

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