La Cascada del Cubo, un tesoro escondido en la Selva de Irati

La Selva de Irati es uno de los mayores hayedo-abetales de Europa

Una imagen de la Cascada del Cubo.
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Una imagen de la Cascada del Cubo.
Una imagen de la Cascada del Cubo.

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María Jesús Castillejo

Publicado el 15/04/2025 a las 05:00

La Selva de Irati esconde numerosos rincones naturales únicos. Uno de ellos es la Cascada del Cubo, una maravilla a la que se accede con un fácil paseo de 2,5 km desde Casas de Irati. La Selva de Irati es uno de los mayores hayedo-abetales de Europa y, en sus entrañas, reposa tranquilo el embalse de Irabia. Si te apasiona la naturaleza, aprovecha para recorrer sus senderos y los pueblos cercanos del valle de Salazar. Ochagavía es la puerta de acceso a este bosque y merece una tranquila visita. Su arquitectura de casas de piedra, calles empedradas y puentes medievales sobre el río que la atraviesa le otorgan un encanto único. Muy cerca se encuentran Jaurrieta o Ezcároz.

CÓMO LLEGAR A LA CASCADA DEL CUBO

Se parte del precioso pueblo pirenaico de Ochagavía y se toma la carretera de Abodi o NA-2012. Se cruza el collado de Tapla y, a unos 24 kilómetros de Ochagavía, se llega al aparcamiento de las Casas de Irati, donde podrás dejar el vehículo. Allí se ubica el Centro de acogida e información a visitantes (teléfono 948 050 700).

Desde allí, parte el sendero de Errekaidorra, que verás señalizado en un panel. Siguiendo la pista -apta hasta para sillitas de bebé-, que sube paralela al río Urbeltza, en unos 20 minutos se llega al acceso a la cascada. Ahí solo tienes que bajar hasta el río y disfrutar de la estampa.

La cascada del Cubo tiene forma escalonada y es uno de los rincones más bellos de la Selva de Irati. En primavera, cuando crece el caudal, está preciosa y rebosa vida por los cuatro costados. En el resto de las estaciones, la fuerza del agua amaina y ésta fluye con la tranquilidad, pero merece la pena acercarse, no solo por ella, sino también por el idílico paisaje que la rodea.

A partir de aquí, puedes decidir volver al punto de inicio o continuar el sendero alargando el disfrute de la caminata.

PARADAS DEL SENDERO INTERPRETATIVO:

1. Los remos

Nada más comenzar, se ubica la primera placa que informa del primer punto de interés, que se encuentra a unos metros del camino. En un claro del bosque muestran cómo sacaban la madera de abeto, que servía para construir los remos de más de 12 metros que se utilizaban en las galeras de hace 400 años.

2. Los mástiles

Un kilómetro y medio más adelante, y siguiendo las marcas rojas y blancas del sendero GRT9, se llega a otra área interpretativa en la que se explica cómo fabricaban los mástiles de abeto para los astilleros más importantes de los siglos XVII y XVIII.

3. Las esclusas

De vuelta al sendero, hay que desviarse para observar una antigua esclusa que se utilizaba para hacer descender los troncos por el río, como se hacía antiguamente en el pueblo de Burgui, oficio que cada año se rememora en el Día de la Almadía, que suele celebrarse el último fin de semana de abril o el primer fin de semana de mayo.

Después, se desciende un tramo antes de abordar una empinada cuesta hacia arriba siguiendo las marcas de pintura roja y blanca y las flechas sobre fondo amarillo que nos llevan hasta el collado Urbeltza (950 m). En este punto, ya se habrá caminado por la cota más elevada del recorrido.

Se deja el sendero de gran recorrido (GR) para continuar en descenso por la pista asfaltada que lleva al puente de cemento denominado Orate. Tras cruzarlo, no se tarda en llegar al siguiente punto.

4. La carbonera y las cenizas

Ahora, ya en territorio francés, llega el momento de descubrir una carbonera de época de la que se sacaba el carbón y cuyas cenizas se utilizaban para fabricar el vidrio. Continuando el camino, en pocos minutos, se llega a un pequeño parking, donde habrá que estar pendiente para tomar el desvío a la derecha.

5.   Los cables.

Se desciende por el bosque y a unos 500 metros se encuentra la vieja estructura que se utilizaba para transportar la madera hacia Francia (al norte) a través de unos cables de acero –hacia el sur se hacía a través del río-.

6.    Las vías férreas

Tras avanzar unos 2 kilómetros, se divisa un desvío a la derecha, por donde se continúa abandonando la pista que se venía siguiendo. De este modo, se toma un sendero que se adentra entre los árboles para llegar a las vías junto al lugar donde está representado cómo se sacaban los troncos por medio de una vía férrea con la tracción de mulas.

Tras rebasar un puente de madera, se asciende por la inclinada ladera para salir a una pista que, paralela al cauce del río, lleva en suave descenso hasta el punto inicial. Al final del trayecto, se pasa por las reformadas y coquetas Casas de Irati donde hay servicio de restauración y un centro de BTT.

NO TE LO PIERDAS...

Ochagavía. Este fascinante pueblo es el más conocido del valle de Salazar y está considerado como uno de los más bellos de Navarra. Su arquitectura pirenaica es uno de sus mayores encantos: observaremos sus cuidadas casas blancas con tejados de teja a dos y cuatro aguas, pasearemos por las estrechas calles empedradas y atravesaremos su puente medieval sobre el río Anduña, uno de los dos ríos de la localidad. Su iglesia de piedra dedicada a San Juan Evangelista, de la que sobresale una robusta y elegante torre, conserva restos de la época medieval.

Santuario de Nuestra Señora de Muskilda. Rodeada de un impresionante paisaje se ubica cerca de Ochagavía, a 1.025 m. de altitud. Es una ermita románica del siglo XII restaurada a mediados del XVII, de planta rectangular y una torre cubierta por un tejado cónico. Cada 8 de septiembre se celebra una romería, que data del año 1695, en la que el pueblo se viste de fiesta y sube a honrar a la virgen, y se representa una vistosa danza tradicional de ocho danzantes y un personaje llamado “Bobo”.

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