Despoblado
El lugar "con buena ventilación y clima sano" que describió el navarro Pascual Madoz es hoy un esqueleto de piedra en la España vacía
Velasco, en el corazón de Soria, fue un pequeño núcleo rural con escuela, iglesia, caza y buenos pastos. Hoy, apenas es un fantasma de sí mismo: un despoblado al pie de la A-11, símbolo de la despoblación de la España rural


Actualizado el 02/04/2025 a las 09:44
Apenas hay que desviarse unos metros de la A-11, entre El Burgo de Osma y San Esteban de Gormaz, para llegar a Velasco, un caserío en ruinas que aparece y desaparece entre la vegetación según la época del año. El silencio allí es absoluto, salvo por el viento que se cuela entre las piedras caídas. Cuesta imaginar que este lugar, hoy un esqueleto de piedra, fuera descrito con orgullo por Pascual Madoz, el geógrafo navarro que en el siglo XIX lo definió como “situado en alto, con buena ventilación y clima sano”.
En su monumental Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, Madoz recogía en 1849 que Velasco contaba con 18 casas, escuela, iglesia parroquial, monte de encinas, aguas claras, buena caza y producción agrícola variada. Incluso detallaba que el maestro cobraba en trigo -doce fanegas anuales- y que los 82 habitantes vivían del cultivo de cereales, de la cría de ganado lanar y vacuno, y de la pesca de barbos y truchas.
Hoy, no queda nada de aquello. Velasco es un despoblado. No hay vecinos, no hay rebaños, no hay niños que vayan a clase. Solo sobreviven los cimientos de unas pocas viviendas, parte del ábside de la iglesia de Santa María Magdalena y los restos del horno comunal. El resto es un paisaje de abandono, invadido por maleza, telarañas y grietas.
LA HERIDA DE LA ESPAÑA VACÍA
Soria, una de las provincias más afectadas por la despoblación, acumula más de 500 núcleos rurales sin habitantes permanentes. Municipios enteros sobreviven con poblaciones testimoniales, envejecidas y sin relevo generacional. Velasco es apenas uno de los cientos de puntos que han sido borrados del mapa funcional del país, aunque conserven todavía su nombre en el catastro y el recuerdo en los libros.
La España Vacía que denunciara Sergio del Molino en su ensayo de 2016 tiene en Velasco un símbolo nítido. No se trata solo de una pérdida demográfica, sino cultural, emocional, histórica. El lugar que Madoz retrató con precisión estadística y afecto geográfico ha sido vencido por el olvido.
No hay planes de recuperación en Velasco. No hay proyecto de rehabilitación, ni turismo rural, ni inversión agrícola. Solo una advertencia silenciosa, visible desde la autovía: este país se ha olvidado de muchas de sus raíces. Donde una vez hubo niños, truchas y campos de trigo, hoy quedan ruinas.