Si quieres que tu hijo deje de llorar, prueba esto
Álvaro Bilbao ha compartido un consejo tan sencillo como efectivo para ayudar a los menores de la casa


Publicado el 12/06/2026 a las 09:59
Las rabietas, los llantos y los momentos de frustración forman parte del día a día de muchas familias. Sin embargo, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao ha compartido un consejo tan sencillo como efectivo para ayudar a los niños a gestionar sus emociones cuando están desbordados: darles un abrazo de al menos 20 segundos.
A través de sus redes sociales, el experto en educación infantil explica por qué esta práctica puede marcar una gran diferencia en la forma en que los pequeños afrontan el enfado, la tristeza o la frustración.
POR QUÉ LLORAN LOS NIÑOS: LA EXPLICACIÓN DE LA NEUROCIENCIA
Según explica Álvaro Bilbao, no todas las lágrimas son iguales. Existen lágrimas que sirven para lubricar los ojos, otras que ayudan a limpiarlos cuando entra alguna partícula de suciedad y, por último, las lágrimas emocionales.
Estas últimas tienen una función muy importante. Contienen leucina encefalina, una sustancia relacionada con la regulación emocional que ayuda al organismo a recuperar la calma en situaciones de gran intensidad emocional.
"Por eso todos lloramos cuando estamos tristes, pero también cuando nos sentimos muy alegres", señala el neuropsicólogo. Cuando una emoción es demasiado intensa para que el cerebro la procese con facilidad, el organismo activa el llanto como una herramienta natural para aliviar esa tensión.
EL PODER DE UN ABRAZO DE 20 SEGUNDOS
La recomendación de Bilbao es clara: cuando un niño está llorando y necesita consuelo, un abrazo prolongado puede ser una de las mejores ayudas.
La razón tiene una explicación biológica. Cuando una persona recibe un abrazo de al menos 20 segundos, el cerebro comienza a liberar oxitocina, conocida popularmente como la "hormona de la conexión".
Esta sustancia favorece la sensación de seguridad, cercanía y bienestar, ayudando a reducir el estrés y facilitando que el niño recupere la calma más rápidamente.
QUÉ ES LA CORREGULACIÓN Y POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE
El experto explica que este proceso recibe el nombre de corregulación. En los primeros años de vida, los niños todavía no cuentan con las herramientas necesarias para gestionar por sí solos emociones intensas.
Por eso necesitan apoyarse en un adulto que les ayude a regularse emocionalmente.
"Primero se regula contigo y después aprenderá a hacerlo sola", explica Bilbao. Con el tiempo y la repetición de estas experiencias, el cerebro infantil desarrolla circuitos que permiten una gestión emocional cada vez más autónoma.
LAS PALABRAS TAMBIÉN AYUDAN A CALMAR
Además del abrazo, el neuropsicólogo recomienda poner nombre a lo que siente el niño con frases sencillas como "Eso duele", "Estás triste" o "Veo que estás enfadado".
Este gesto aparentemente simple tiene un importante efecto en el cerebro. Según explica Bilbao, ayuda a activar la ínsula de Reil, una región cerebral relacionada con la conciencia emocional y la regulación de los estados internos.
Cuando los niños sienten que sus emociones son comprendidas y validadas, la angustia suele disminuir con mayor rapidez.
UN ERROR QUE MUCHOS PADRES COMETEN SIN DARSE CUENTA
Aunque poner palabras a las emociones puede ser muy útil, Álvaro Bilbao advierte de que conviene hacerlo con moderación.
Muchos padres repiten una y otra vez las mismas frases intentando ayudar, pero el resultado puede ser el contrario. Los niños pueden sentirse invadidos o acabar rechazando esa intervención.
La recomendación del experto es sencilla: reconocer la emoción una vez y después dar espacio y tiempo. A veces, algo tan sencillo como un abrazo largo y unas pocas palabras de comprensión pueden ser más efectivos que cualquier explicación.