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Educación

Hacer la compra o cocinar desarrollan más el aprendizaje que hacer deberes

Natalia Serrano, docente del Máster Universitario en formación de profesorado de la Universidad Internacional de La Rioja, sostiene que "el verano es perfecto para enseñar a los niños cosas útiles que no se aprenden en el aula"

Foto de un niño cocinando.
CREATIVE COMMONS
  • Efe. Logroño
Actualizada 19/08/2019 a las 09:51

Las vacaciones de verano son una buena oportunidad para que los niños aprendan nuevos conceptos a través de actividades cotidianas sin tener que sentarse en silencio a completar una ficha o hacer deberes, porque haciendo la compra o cocinando en familia "también se aprende".

Así lo ha asegurado Natalia Serrano, docente del Máster Universitario en formación de profesorado de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), quien sostiene que "el verano es perfecto para enseñar a los niños cosas útiles que no se aprenden en el aula".

Al igual que los adultos, los niños necesitan descansar en verano, porque durante el curso están "sometidos a mucho estrés" y en los últimos años han aumentado los casos de ansiedad entre los menores, ha explicado.

Por ello, ha rechazado que durante las vacaciones escolares los niños tengan que completar una rutina diaria con deberes, lectura obligatoria o cuadernillos de actividades.

Esta profesora sostiene que "el aprendizaje no solo se produce en los centros escolares", y en verano, lo ideal es que el niño pase fuera de su casa el mayor tiempo posible, con tiempo para aburrirse y sin actividades programadas.

El rendimiento académico del niño no bajará a partir de septiembre por no haber hecho deberes en los meses de verano, ha insistido, porque "es solo una nota y no define la inteligencia de la persona".

Serrano ha subrayado que el aprendizaje se consigue a través del juego, ya que permite "observar, clasificar y hacer cálculo mental", por lo que ha propuesto disfrutar de juegos tradicionales como las cartas o el parchís, porque desarrollan muchas funciones cognitivas.

En su opinión, el aprendizaje real y funcional, no memorístico, no se olvida y se consigue a través de experiencias vivenciales, como pasar unos días en el pueblo, donde se pueden aprender tradiciones y las características del entorno natural.

En la cocina, al ayudar a elaborar una receta, los niños trabajan los sentidos y aprenden cosas como los cambios de estado de la materia al hervir agua o elaborar polos con zumo de frutas; también se pueden aplicar conceptos como el peso y el volumen y nociones de química, al hornear un bizcocho.

Al hacer la compra, pueden practicar caligrafía si escriben la lista de productos que se necesitan y también hacen cálculo mental al pagar la cuenta y comprobar las vueltas, lo que para esta profesora es "mucho más práctico que tener al niño sentado en silencio completando una ficha".

Con las nuevas tecnologías, muchos de los conceptos se pueden encontrar "a golpe de clic" aunque los niños después no saben interpretar esa información, lo que, según esta docente, "ocasiona problemas en el desarrollo del pensamiento crítico de los niños".

Por ello, ha apostado por potenciar su creatividad e imaginación, ya que es fundamental que "los niños se hagan preguntas, investiguen, observen, verifiquen y tengan su propia opinión".

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