Familia
¿Con ocho basta?
Sonsoles Echavarren habla sobre Paloma Blanc, autora del blog ‘Siete pares de katiuskas’, que tiene de ocho niños y adolescentes


Actualizado el 27/04/2018 a las 09:17
El viernes aprendí una lección importante que nunca me hubiera imaginado: estoy estresada, grito y, a veces, me gustaría fugarme de mi casa porque “solo” tengo tres hijos. Si fuera madre de familia súper numerosa con carné de categoría especial y más descuentos (de esas de cuatro o más churumbeles), estaría relajada y relativizaría los problemas. O en eso, al menos, coinciden las madres de muuuuuuchos hijos. Como Paloma Blanc, que acaba de cumplir 39 años, es la autora del blog ‘Siete pares de katiuskas’, tiene de ocho niños y adolescentes de entre 15 y 3 años (desde que empezó a escribir se ha sumado un nuevo par de botas de agua a la familia pero no ha cambiado su ‘nombre artístico’) y más de 58.000 seguidores en Instagram.
Periodista de formación, eligió voluntarimante no dedicarse a una profesión sin horarios (doy fe) y está empleada en una empresa educativa casi a jornada completa. Ahí es nada. El miércoles pasado la entrevisté por teléfono para Diario de Navarra y me encantó hablar con ella durante más de una hora. Pero más me gustó escucharla en directo el viernes por la noche, en una sala del Colegio de Médicos repleta de madres (y de algún valiente padre). Ya sabéis que no me van mucho los ‘coach’, los libros de autoayuda ni los trucos ni consejos para educar. Yo defiendo lo contrario: el contar ‘la vida nuestra de cada día’ para que los demás se sientan comprendidos, no juzgados y reflejados frente a un espejo. Pero los ‘tips’ (pistas, pero ahora está más de moda utilizar el anglicismo porque queda más moderno) que dio Paloma me gustaron y hasta me provocaron carjadas en más de una ocasión. Lo que no está nada mal para un viernes por la noche o para cualquier otro día. Tenemos que reírnos más, aunque, a veces, todo nos parezca muy dramático. Pero además de las risas, los canapés y unas copitas de vino blanco (gentileza de la Asociación Navarra de Familias Numerosas), me fui con una idea muy clara: los tres primeros hijos no los disfrutas porque estás muy agobiada con la crianza y la educación. Pero a partir del cuarto, ves todo con otros ojos, te relajas, disfrutas más de los reteños y te conviertes en la madre que quieres ser. Pena no haberlo sabido antes...
Llegué al acto con dos amigas por escuchar a Paloma pero también, lo confieso, por desconectar. En mi caso, de un día de mucho trabajo en el periódico y de una tarde muriéndome de calor en el vestuario de la piscina esperando a que el pequeño saliera de natación; en el salón de actos escuchando al mediano en un concierto de flauta; de compras de ropa y zapatos con el mayor para la comunión de su hermano (muy ‘in extremis’ porque solo nos queda una semana) y, en fin, de agotamiento. Entre las tres sumamos nueve hijos y casi nos daba un poco de vergüenza reconocer que “solo” teníamos tres cada una en ese entorno en el que la que menos era madre de cuatro, por lo hablar de las que tenían cinco (de 5, 4, 3, 2 y 1 años), siete y ocho. Todas guapísimas y delgadísimas. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo organizan la logística de extraescolares, tareas y cumpleaños sin perder la sonrisa? Y como las tenía muy a mano, todas me cayeron muy bien y tengo deformación profesional, se lo pregunté directamente. Paloma me lo aclaró rápido: sus hijos solo hacen las extraescolares que ofrece el colegio al mediodía (excepto el mayor, de 15 años, que entrena a futbito dos días por la tarde y le “descuadra’ la planificación). Una solución que me corroboraron otras chicas (y digo chicas porque todas eran más jóvenes que yo, que también me considero chica, je, je...).
Entonces, quizá nuestro error, el de las que tenemos ‘solo’ dos o tres, sea complicarnos demasiado la vida: Querer llegar a todo, participar en las múltiples actividades sociales del colegio (comidas del equipo de balonmano, cenas de madres, excursiones del curso...), que nuestros hijos no se pierdan ningún cumpleaños aunque tengamos que hacer un encanje de bolillos turnándonos con otros padres para llevarlos y recogerlos (pobrecitos niños si no van, igual se traumatizan...), ofrecerles extraescolares para que se formen sin límites, ser las mejores reposteras, modistas o expertas en trabajos manuales para que los nuestros lleven el disfraz más bonito... y convertirnos en una expertas en la gestión de personal de la vida, de la vida de nosotros cinco en mi caso, a través del whatsapp. “Pero hay que parar y ver qué es lo importante. Nosotros ya no vamos a casi nada. Era un estrés...”, me comentaba ayer una amiga, profesora universitaria, con un cargo en la junta de su facultad y madre de cuatro hijos. “Si uno de mis niños tiene que llevar una cartulina roja para hacer una manualidad, ¡siempre se me olvida! Siempre hay otra madre que la compra por mí”, se reía Paloma durante su conferencia.
Pero, bromas al margen, me quedo con una frase de esta madre que me impactó y con la que titulé mi entrevisté: “Antes gritaba, no me gustaba la madre que era y cambié”. Y hasta les pegaba azotes, reconoció. En su caso, fue el reposo absoluto que tuvo que hacer en el embarazo de su cuarto hija y una frase que le dijo su hijo mayor que la conmovió y le hizo darse cuenta de que no veía a los niños. Pero, puede ser cualquier cosa. A cada una nos puede servir un detonante. Una enfermedad, un problema en el trabajo, las malas notas de un hijo... En fin. Sea cual sea nuestra situación, pienso, siempre podemos mejorar y convertirnos en la madre (o padre) que queremos que nuestros hijos recuerden en un futuro.
No importa el número de hijos que tengamos o incluso aunque no seáis padres. Siempre podemos pararnos a pensar. Pero para eso, hay que pararse. Es decir, detenerse un momento y frenar el ritmo frenético de vida que llevamos. Mirarnos al espejo del baño o al de nuestro interior y pensar qué queremos hacer con nuestra vida y la de nuestra familia. ¿Con ocho basta?, como en la exitosa serie de televisión de finales de los setenta. ¿Tres son multitud? ¿Cuatro es el mejor número porque aún se puede controlar y, si hay que sentarse de dos en dos, en el tren o alguna atracción de feria, no se queda ninguno ‘colgado’? El caso es que aún sigo dando vueltas a eso de que estoy estresada y grito porque ‘solo’ tengo tres hijos... Pero, no, creo que no me voy a animar a probar esa tranquilidad... Aunque admiro y me quito el sombrero ante los padres de familias muy numerosas, creo que me arriesgo a seguir estresada.