¿Cómo hacer para llegar a centenario?

Un proyecto navarro busca descubrir las claves de la longevidad de los más ancianos

A la derecha, Ángeles Álava, que cumplió ayer 111 años, junto a su hija Carmen Huete, en su casa en Cascante.
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A la derecha, Ángeles Álava, que cumplió ayer 111 años, junto a su hija Carmen Huete, en su casa en Cascante.BLANCA ALDANONDO
A la derecha, Ángeles Álava, que cumplió ayer 111 años, junto a su hija Carmen Huete, en su casa en Cascante.

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Jesús Rubio

Publicado el 27/10/2025 a las 05:00

Navarra va a estudiar a sus centenarios. Quiere saber qué es lo que comparten sus organismos y  sus formas de vida, para conseguir llegar con salud a edades que la mayoría de la población apenas se acerca. En Navarra son casi 300 y un proyecto, Bioancient, dotado con 1,45 millones de euros y liderado por Navarrabiomed, el centro de investigación creado por el Gobierno foral y la UPNA, pretende tomar muestras, analizar sus hábitos, incluso probar nuevos tratamientos y formas de diagnóstico. El objetivo no es solo mejorar la calidad de vida de los mayores, sino también obtener claves para que todos vivan más tiempo y con calidad. “No se trata del elixir de la juventud.  Pero si podemos vivir hasta los 100 años sin pasar por una muleta, una silla de ruedas o un andador, queremos ver qué se puede trabajar para lograrlo”, explica Enrique Santamaría Martínez, el investigador de Navarrabiomed que lidera el proyecto.

Empresas e instituciones

La iniciativa surgió por la inquietud compartida del grupo de Santamaría, que tiene experiencia en análisis de moléculas, y el  Departamento de Geriatría del Hospital Universitario de Navarra, encabezado por Nicolás Martínez Velilla. “En un café informal nos preguntamos qué podíamos hacer para hacer partícipes a los centenarios, que en Navarra son 44 de cada 100.000 habitantes, en temas de investigación”. Esa fue la semilla de un proyecto en el que acabó involucrándose un grupo multidisciplinar de instituciones y empresas. Además de Navarrabiomed y el Hospital Universitario de Navarra, están la UPNA, el Cima de la Universidad de Navarra, Aditech y firmas como Nucaps, con experiencia en generar nanopartículas y biocompuestos, insAlght, que también trabaja en la bioquímica basándose en la inteligencia artificial, TDN, una clínica de traumatología y rehabilitación que ha creado una aplicación que prescribe ejercicio de manera personalidad, y Tairel Data, una firma especializada en análisis de conjuntos de datos derivados de estudios y de la experimentación. En total, el proyecto , impulsado por el Departamento de Industria del Gobierno de Navarra, involucra a cerca de 70 profesionales de áreas tan diversas como las neurociencias, la geriatría, la tecnologías, el procesamiento de datos, la inteligencia artificial o los desarrollos nanotecnológicos. Una diversidad necesaria para la variedad de estudios que pretenden hacerse.

La primera labor es localizar a esos centenarios. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, en Navarra hay 140.585 personas mayores de 65 años y 279 habían cumplido 100 años o más. El  85% de esos centenarios son mujeres (238, frente a 41 hombres) . “Habrá que ir a sus casas, hablar con su familia cercana y ver si están dispuestos a participar en el proyecto, comprobar en encuestas personalizadas cómo se encuentran a nivel cognitivo, cómo es su nutrición, cuántas visitas hacen al hospital... Se trata  de charlar de entrada, si pueden hacerlo. También realizar pequeñas intervenciones de actividad física, sentarse, levantarse, o  elevar un poco de peso. La idea además es coger muestras biológicas de sangre de esta población  y generar un biobanco para que otros grupos e instituciones puedan acceder a ese material para sus investigaciones. Queremos conocer cómo es el perfil de gente que tiene un sistema inmune tan potente y tan robusto, que no sufre las patologías que normalmente afectan a población envejecida”, explica Santamaría.

El científico señala otra de las ramas del proyecto, que recae precisamente en su grupo de investigación: los compuestos marinos. “En el fondo del mar hay compuestos activos con capacidad de rejuvenecer, en un sentido amplio de la palabra. En Navarrabiomed, en colaboración con el Cima, vemos a crear in vitro modelos celulares que imiten un músculo o un cartílago muy envejecido, células a la que someteremos  a diferentes grados de estrés, que se parezcan a la situación de la población centenaria. Los trataremos con una batería de compuestos marinos  que pueden provenir de algas, crustáceos, medusas, gusanos de mar… para ver si alguno realmente tiene la capacidad de que un músculo envejecido pueda recuperar cierta actividad biológica o al menos mantenerla”. Además van a probar en ratones. “Serán ejemplares de 18 meses de edad, lo que en edad humana equivale a más de 90-95 años. Sobre esos ratones probaremos los compuestos marinos y después intentaremos ver si tienen fuerzas para subirse a una noria y girar.”

ENVEJECIMIENTO CELULAR

Además de tratamientos, el proyecto quiere mejorar los métodos diagnósticos. “Las células tienen su fecha de caducidad, un envejecimiento que se llama senescencia. La idea es intentar retrasar ese momento de la senescencia. Para eso contamos con la ayuda de dos grupos de la UPNA, uno liderado por Fernando Morán, que conoce muy bien la senescencia en el mundo vegetal, y otro especializado en sensores ópticos, cambas de hacer fibras diminutas que reconocen las moléculas que van cambiando en la sangre”. El objetivo futuro es desarrollar un sensor de fibra óptica que pudiera detectar la senescencia celular. “Se trataría de que ese sensor sea capaz de decir que nuestro reloj biológico tiene 85 años cuando hemos cumplido en realidad  63, es decir, que estamos envejeciendo de manera acelerada. O al revés. Esto interesa mucho al departamento de Geriatría del hospital, porque el reloj  cronológico no lo podemos mover, pero el biológico sí, con pautas de  nutrición y estilos de vida que te permitan cuidarte lo máximo posible”.

Es un proyecto ambicioso, con mucho que hacer. Su plazo inicial es tres años, pero Santamaría reconoce que se “daría con un canto en los dientes si en ese tiempo localizados a unos 150 centenarios, si han participado en el ejercicio físico, si tenemos sus muestras biológicas y podemos echar a andar… Hay que ir a los pueblos casi puerta a puerta, hacer muchas llamadas telefónicas, muchos correos… Y además está toda la parte ética, la protección de datos, que tiene que estar bien cerrada. Y ya vemos que cuando el proyecto acabe quedarán cosas por hacer.  El siguiente paso serían los hijos de esos centenarios, analizarles a todos, porque comparten la genética de longevidad extrema”. 

Una idea sobrevuela todo el proyecto: “Que cada  uno viva lo que tenga que vivir, pero en las mejores condiciones posibles”. Por eso las conclusiones de la investigación no solo valdrán para los centenarios sino que se pueda retrotraer a edades más tempranas para prevenir o, si es el caso, aplicar terapias que remedien un envejecimiento temprano. “Hacer partícipes a esta población centenaria  rompe una barrera que existía, ya que a nivel sanitario a las empresas farmacéuticas no les interesaba probar sus fármacos en ellos por el riesgo de efectos secundarios. Creo que rescatar a esta población nos puede dar un valor y una información molecular muy amplia. Dentro de tres o cuatro años, esa base de datos será muy enriquecedora. Ahí tiene que aflorar información que hoy no somos capaces de ver”, concluye Santamaría.

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