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Vacuna

Vacuna contra Covid-19, ¿quién tendría que recibirla primero?

Los expertos consideran que todavía se desconocen muchos datos para poder dirimir la prioridad de aplicación de la nueva vacuna, criterio que tendrá que concretarse tras sopesar su eficacia según la edad, así como los costes y la disponibilidad

Pfizer asegura que su vacuna contra el Covid-19 es eficaz
Pfizer asegura que su vacuna contra el Covid-19 es eficaz "en más del 90%"
Publicado el 11/11/2020 a las 08:34
El debate ético en torno a la distribución de la nueva vacuna, al igual que cualquier otro tratamiento, es una “cuestión habitual” en la práctica médica, según reconoce Antonio Pardo Caballos, profesor de la Unidad de Humanidades y Ética Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra. “Cuando se trata una novedad poco probada, surgen las dudas de a quién dirigir primero su dispensación. ¿Mejor ver sus efectos en gente que podría considerarse desahuciada o, si parece más efectivo, que quede solo esté al alcance de quienes pueden pagarlo? Siempre ha estado sobre la mesa”, explica.
Pardo hace referencia a un artículo sobre esta cuestión elaborado por Fermín Jesús González-Meladoa, de la Universidad Pontificia de Salamanca, y María Luisa Di Pietro, de la Universidad Católica dil Sacro Cuore en Roma. Dicho trabajo destaca la necesidad que tendrán los gobiernos, una vez las vacunas estén disponibles, en “alcanzar los niveles de inmunización necesarios para evitar la transmisión de la enfermedad”. A pesar de los esfuerzos por alcanzar unos niveles de producción máximos, según exponen los autores, en un primer momento “no habrá vacunas para todos y los gobiernos tendrán que decidir a quién vacunar prioritariamente”.
En estas circunstancias, “no se puede aplicar el principio de igualdad en el acceso” a las vacunas, por lo que es necesario recurrir al “principio de equidad”. “La equidad es la justicia distributiva entendida no como el reparto igualitario de recursos, sino como la justicia en relación con las necesidades”, señalan los autores.
¿VOLUNTARIAS O NO?
Otro debate que aborda este artículo es el de la obligatoriedad de la vacuna. En ese sentido, los autores explican que la Ley española de autonomía del paciente consagra el principio del respeto a la autonomía del individuo que permite “rechazar un tratamiento y, por lo tanto, también rechazar la vacunación”. A ello habría que unir un creciente clima entre la población de que, en estos casos, priman “los motivos económicos y empresariales de las grandes farmacéuticas que presionan a las instituciones públicas y a los gobierno”.
Unas dudas que se suman a que las primeras vacunas de la covid-19 “no van a ser, necesariamente, ni las más eficaces ni las más seguras”. Frente a estos planteamientos, los autores reclaman “pasar de una ética normativa a una ética del comportamiento responsable”, un cambio que contribuiría a “recuperar la confianza institucional” y lograr que la población se vacunara voluntariamente.
A juicio de Antonio Pardo, todavía falta información para concretar la prioridad para suministrar la vacuna contra la covid-19 de forma que beneficie “al máximo de personas”. Son decisiones en las que es necesario poner en la balanza las limitaciones presupuestarias y determinar que grupo de la población “se puede beneficiar más”. “Imaginemos que se accidenta un autocar y detrás circula un médico en su coche. El facultativo tiene que elegir a quién atiende, dejar de lado a los que considere que van a morir, apartar a los que sufran heridas que puedan aguantar hasta que llegue la ayuda sanitaria y centrarse en quienes están mal pero tienen opciones de sobrevivir. El contexto actual de la vacuna sería similar, aunque sin el contexto de urgencia”, argumenta el profesor Pardo.
David Escors Murugarren y Grazyna Kochan, investigadores en Navarrabiomed, también advierten que va a ser necesario “conocer los ensayos clínicos” de las nuevas vacunas, que suelen estar estratificados por edad, y ver “cuál es la eficacia de las vacunas en personas más en riesgo”. No obstante, no creen que el número limitado con el que lleguen vaya a ser un problema, ya que entienden que será en cantidad suficiente para “distribuir primero a los grupos de riesgo”. Para afirmarlo, constatan que en “la mayor parte de la gente la covid deja muy pocas secuelas” y tiene una baja mortalidad fuera de los grupos de riesgo.
Todos los expertos consultados coinciden en que el grupo prioritario en todas las estrategias de vacunación corresponde a “los más vulnerables”, como también recalca Isabel Sola Gurpegui, investigadora en coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología. En concreto, esta científica admite que el colectivo más indicado serían los mayores, pero matiza que, por el momento, se desconoce la respuesta de la vacuna de Pfizer en este colectivo: “No se puede improvisar sin datos”. Un razonamiento similar al que desarrolla Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra, para quien será fundamental “que se publiquen los datos, para ver cómo han funcionado los ensayos en personas mayores”. Según manifiesta, no todas las vacunas funcionan de la misma manera en distintas personas.
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