Miguel Ángel Barajas Vélez y las vacunas convencionales, un arma alternativa contra el covid-19

Investigadores de la UPNA creen que vacunas bacterianas pueden favorecer la lucha contra el coronavirus

Las vacunas convencionales, un arma alternativa contra el covid-19
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Las vacunas convencionales, un arma alternativa contra el covid-19

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Jesús Rubio

Actualizado el 28/05/2020 a las 10:11

Investigadores de la Universidad Pública de Navarra han elegido una vía novedosa para luchar contra el coronavirus, un camino que si sale bien, además podrá ayudar a frenar la expansión de nuevos brotes de covid19 o de otras enfermedades que puedan surgir. Mientras laboratorios del todo el mundo, especialmente en China, Estados Unidos y también Europa, buscan una vacuna específica para este nuevo y poderoso enemigo, Miguel Ángel Barajas Vélez, profesor titular de Bioquímica y Biología Molecular en la Facultad de Ciencias de la Salud, y su compañero Alfredo Resano Lizaldre, profesor asociado en esa misma facultad y médico alergólogo en la Clínica San Miguel, quieren saber si poner en alerta el sistema inmune del organismo, no contra el coronavirus sino contra otros patógenos, puede servir para mejorar la respuesta del cuerpo también contra el covid-19. Para hacerlo, han pensado que administrar vacunas convencionales contra bacterias en el momento adecuado podría servir para elevar el tono del sistema inmunitario de quienes están más expuestos a ser más contagiados, de modo que si les invade el coronavirus lo tenga mucho más difícil. Para eso, quieren llevar a cabo un ensayo clínico en el Complejo Hospitalario de Navarra, entre los profesionales de la sección de Geriatría y también en Urgencias. Si la prueba les da la razón, quizá no lleguen a ayudar a luchar contra la actual pandemia, pero sí para atajar posibles rebotes de la infección o nuevas oleadas de este u otros virus.

 

REACCIÓN CRUZADA

Miguel Barajas y su compañero, con quienes ha colaborado el inmunólogo Eduardo Huarte, investigador en EE UU, creen que un buen estado inmunitario, estimulado por las vacunas convencionales, puede explicar incluso algunos de las incógnitas de esta pandemia. Por ejemplo, Barajas se pregunta si detrás del bajo índice de mortalidad de Alemania se encuentra, además de un mayor número de pruebas y de otras razones, el hecho de que la campaña de vacunación contra la gripe estuviera allí activa hasta bien entrado enero (en España, y también en Navarra, terminó en noviembre). También apunta que los peor parados por la enfermedad son los de mayor edad, “que tienen el sistema inmune más tocado”, mientras que los niños, muchos de ellos vacunados poco antes, cuentan “con un sistema mucho más versátil” que les ha podido ayudar a que en general no sufran la enfermedad.

Barajas y Resano están convencidos que una vacuna en el momento indicado, además de estimular la respuesta contra el patógeno contra el que fue diseñada, podría lograr “una reacción cruzada” que atacara también al coronavirus. “En muchos pacientes ocurre que no han generado una buena respuesta inmunitaria buena y por eso siguen produciendo virus de manera continua, hasta que el paciente en la UCI. Por eso es importante cortar la infección cuando hay pocos virus en el organismo, generando una respuesta rápida contra el coronavirus”.

Al fin y al cabo, razona el profesor de la UPNA, el cuerpo siempre reacciona contra los patógenos que le invaden. En el caso del coronavirus, sin embargo, “los tiempos de la respuesta inmunitaria están siendo más lentos que lo que deberían, porque la velocidad de creación de estos virus es muy alta. Hay pacientes que no tienen tiempo para que se cree una respuesta específica. El balance se inclina hacia la producción de virus en vez de hacia la creación de una reacción inmunitaria. Nuestra intención es que el balance sea el contrario, y para conseguirlo se pone en alerta al sistema inmunitario de quien va ser contagiado. Su velocidad de reacción va a ser mucho más rápida porque no parte de cero, sino de un nivel superior”, explica Barajas.

Su idea es la administración de vacunas contra bacterias que se administran por vía oronasal, a través de esprays que se aplican en la nariz y bajo la lengua. “Se trata de la entrada principal del coronavirus, que sufriría una respuesta más fuerte en comparación con otras vacunas. Además las bacterianas son las que generan una mayor reacción, aunque siempre controlada”. Son vacunas que hasta 2018 se administraron con regularidad “también a niños y ancianos, sin efectos adversos de ningún tipo” para atajar afecciones respiratorias. La industria, si fuera el caso, podría fabricarlas en cantidad suficiente. El problema, apunta el investigador de la UPNA, es que en 2018 hubo un cambio legal para que se las considerara medicamento, que obligó a una transición que todavía no se había completado cuando se vino encima la pandemia. Por eso, los investigadores de la UPNA han pedido una moratoria a la Agencia de Medicamentos y Productos Sanitarios, cuya autorización esperan para poder llevar a cabo el ensayo.

 

PERSONAL VULNERABLE

La prueba la quieren comenzar en el servicio de Geriatría del Centro Hospitalario de Navarra y para ello ya han entrado en contacto con su responsable, Nicolás Martínez Velilla. “La idea es que se probara con personal sanitario, y también con el de limpieza. Una segunda línea serían los trabajadores de Urgencias, pero del mismo modo podría servir para policías locales, bomberos, guardias civiles… cualquier profesional susceptible de ser contagiado”. Les queda la duda, eso sí, de si esta estrategia puede ser útil para quienes ya han sido invadidos por el virus. “En esos casos no sabemos cómo van a responder. Quizá administrarles la vacuna sería echar más leña al fuego, especialmente si la infección comenzó ya hace un tiempo”.

Por el momento, su idea es crear dos grupos en el Centro Hospitalario, dar el tratamiento a uno de ellos y dejar el otro como placebo. “Estamos definiendo la N”, dice Barajas refiriéndose al número de personas que participarían en el ensayo. De esa decisión depende en parte las necesidades presupuestarias del ensayo. “De eso y de hasta dónde quieres llegar”, dice el bioquímico, que calcula que un estudio sencillo, con entre 40 o 50 personas, que solo busque la presencia del virus puede salir por entre 50.000 y 60.000 euros, mientras queotro más a largo plazo, con más participantes, que investigue otros factores interesantes como anticuerpos y que involucre un seguimiento largo de los participantes, puede superar los 150.000. “En principio la idea es desarrollar algo más sencillo”, advierte Barajas. Han presentado su idea a un concurso de CEIN aunque su esperanza es que la financiación les llegue desde el centro Carlos III a través del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra. El proyecto, recuerda Barajas, cuenta con el aval de la UPNA y hasta del consejero de Universidades del Gobierno foral, Juan Cruz Cigudosa.

Los investigadores confían en que el estudio, si comienza pronto, dé frutos en tres meses, aunque dada “la tasa de contagio, igual tenemos datos en un mes”. En todo caso, Barajas cree que lo más importante es que la estrategia, aún más que para el presente, para el futuro. “Ante la llegada de nuevos brotes del coronavirus o de otros patógenos, permitiría preparar a la población y evitar que la enfermedad se extienda con la rapidez de esta”.

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