Alimentación
Chuletón para ellos, ensalada para ellas...
Hombres y mujeres comen diferente. Así influyen los estereotipos


Publicado el 31/01/2026 a las 05:00
La situación la hemos vivido todos. Comida con amigos o familiares en un restaurante. Abrimos la carta y toca elegir. Risotto, chuletón, mero al horno, menestra, lemon pie... Las opciones son amplias. ¿Y qué elegimos? Pues muchas veces lo que los demás esperan que hagamos. No es que no nos guste lo que pidamos, que claro que sí, pero esa elección no es tan libre como creemos. Pesan muchas cosas que no son ni las preferencias personales, ni el precio del plato... ni siquiera el hambre que tengamos en ese momento.
Uno de esos factores que condicionan lo que le pedimos al camarero es el género. ¿No comemos lo mismo los hombres y las mujeres? Obviamente sí, pero "a la hora de elegir y sobre todo en situaciones públicas", nuestras elecciones responden a ciertos sesgos de este tipo. Lo dicen Purificación García Segovia, catedrática de Tecnología de Alimentos, y Carmen Molina Montero, estudiante de doctorado, en la Universitat Politècnica de València (UPV. Ellas son las autoras de una investigación que confirma que nuestro subconsciente nos hace elegir determinados platos por encima de nuestra razón.
EL POSTRE, PARA COMPARTIR...
Volvamos a la mesa del principio. Si le preguntaran al camarero nos daría una foto fija del tema bastante certera: ellos eligen carnes, ellas más verduras... ¿Y el postre? "Lo más habitual es que nosotras lo pidamos para compartir", desliza García Segovia. Y si no, fíjate en las mesas de ahora en adelante. El estudio de la UPV se inició cuando Molina estaba trabajando en impresión de alimentos en 3D. Cuando se hace esto, "le puedes dar la forma que quieras", explica. Y se percataron de que esa forma podía estar mediatizada por esto que pasa a la hora de elegir platos en una comida. Para contrastar si era así y evitarlo, pusieron en marcha la investigación con población española y de Ecuador. "Es un país con el que compartimos muchas cosas, pero que en algunos aspectos sociales aún tiene que avanzar. Nos parecía que podía ser interesante la comparación". En total, 333 personas.
EL EMBUTIDO... SIN JAMÓN
Durante el desarrollo del trabajo, las investigadoras comprobaron que la realidad no andaba lejos de la teoría. La ensalada caprese, por ejemplo, era vista por los participantes como un alimento femenino. Y lo mismo el bol de frutas o el pastel de chocolate. La carne, en cambio, se asociaba más a los hombres... y el plato de embutido -"en el que no había jamón"-, también.
"No es que los participantes eligieran en plato en función de si eran hombre o mujer", matizan las expertas. Si no que "lo que tenían que decir cuando les presentábamos los alimentos es a quién veían en ellos: un hombre, una mujer, de qué edad, qué estilo de vida llevaba...". Con ello querían evitar que se hiciera en base a preferencias personales para dejar actuar el subconsciente, que es donde verdaderamente se alojan los estereotipos y de donde más difícil es extirparlos.
"PIDE CARNE, NO SEAS FLOJO"
Esto último es muy importante. Porque lo que señala esta investigación es el resultado de algo más profundo. A la hora de comer, en nuestras elecciones, no solo influye cuánto sabemos sobre comida saludable ni nuestro nivel económico, que condiciona mucho también lo que metemos en la cesta, influye también el contexto social y la educación cultural que recibimos. Vuelta al restaurante. Si quienes nos acompañan son unos colegas, nos podemos sentir presionados para hacer determinadas elecciones por lo que piensen. Se va muy bien con el ejemplo de una cuadrilla de chicos. Todos se piden chuletón menos uno, al que el resto vacila: "¿Qué estás, a dieta?", "venga, anda, pide carne". Esto es presión social, que "puede también afectan a nuestra salud, ya que a lo mejor esa semana necesitas más verduras, pero no las pides".
En el plano cultural o educacional nos sirve la misma situación pero con otro comentario: "Ensalada, anda, no seas flojo". Esta frase, aunque dicha sin maldad, también condiciona la elección y muestra que una ensalada no es comida para hombres. Que entronca con cómo han comido los hombres históricamente: ellos eran los que trabajaban fuera de casa y en profesiones con bastante gasto energético. Eso, aunque creamos que no, aún persiste en nuestra mente.
EL CASO DEL SALMÓN
- ¿Cambiará esta manera de verlo con el tiempo?
- Eso esperamos. Por lanzar una hipótesis, quizá con la campaña de que las mujeres hagan ejercicio de fuerza y ganen músculo, se acabe dando la vuelta.
Ejemplo sería lo que ha pasado en el trabajo con el salmón. "En principio, es un alimento que aquí en España es masculino y femenino a partes iguales. En Ecuador, en cambio, todavía pesa más su lado masculino", describe Molina. Así que ahora, en tu próxima comida con amigos o familiares, mira la carta con otros ojos y pide lo que quieras, por encima de lo que te diga tu parte más inconsciente que debes pedir.
El sesgo de género pesa más en quienes superan los 40
Todos hemos experimentado unas ganas terribles de comernos un helado al ver alguno de sus sugerentes anuncios. O de pedir una hamburguesa. O de beberte una cerveza. La publicidad tiene en su esencia eso: generarnos una necesidad. Pero también refuerza nuestros propios estereotipos con la comida. ¿Por qué en todos los anuncios de yogures light la protagonista es una mujer? Se presupone que ellas se cuidan más que ellos. Y esto se perpetúa generación tras generación. Aunque las investigadoras de la Universitat Politècnica de València (UPV) ven un cambio: el sesgo de género en las elecciones de comida es más acusado en personas de 40 años o más, que en los jóvenes participantes en el estudio.