San Fermín
Cuando el vallado del encierro de San Fermín era de tela
El encierro que conocemos en San Fermín no ha sido siempre así, hubo un tiempo en el que ni siquiera había madera en los laterales, sino telas. En la actualidad, un doble vallado de madera del Valle de Roncal protege a los corredores, cuerpos de seguridad, sanitarios, periodistas y resto del público. Nos dan los detalles la carpintería Aldaz-Remiro y varios arquitectos de la UN.


Publicado el 14/07/2026 a las 11:55
El encierro de antaño -no hace tanto realmente- nada tiene que ver con las medidas de seguridad que existen en la actualidad. Hasta el año 1941, el vallado era de una única fila en vez de ser doble como es hoy por hoy. Apenas existía más ayuda para los corredores que la del capote de San Fermín, algo que contrasta con el despliegue actual de sanitarios, policías, pastores y la seguridad del propio vallado.
Este último, elemento clave en el encierro, se ha mejorado paulatinamente hasta alcanzar el estándar de seguridad actual. En sus primeras ediciones, allá por el siglo XV, se tapaban las calles con mantas a modo de telón, aunque claro está que tampoco había la cantidad de corredores y distracciones de nuestros días.
Aun así, el consistorio pamplonés decidió poner fin a este precario “método de seguridad” en 1771 cuando se instalaron las conocidas vallas de madera, un sistema más cercano a nuestro presente, pero aún lejos de los niveles actuales.
El vallado era visto como un excelente lugar en el que divisar la carrera, por entonces mucho más despejadas que las que se ven hoy por hoy en las calles de Pamplona. El motivo principal de la doble línea de vallado, instaurado en 1939, fue porque, debido a la cantidad de espectadores que habitualmente se agolpaban para ver el encierro, los corredores no podían ponerse a salvo resguardándose de los toros en el vallado. También está pensado para que los servicios sanitarios, cuerpos policiales y periodistas tengan su lugar seguro de trabajo.
El suceso que originó el cambio a un doble vallado en el encierro pamplonés se dio el 8 de julio de 1939, unos sanfermines atípicos por ser los primeros después de dos años de suspensión por la Guerra Civil (se han suspendido seis veces en la historia: 1938,1939,1978,1997, 2020 y 2021). Las tablas del vallado estaban deterioradas tras el parón, factor determinante para que un toro de la ganadería salmantina Sánchez Cobaleda llamado “Liebrero” después de embestir las tablas más cercanas a la plaza de toros, lograra salir del recorrido.
El vallado estaba a rebosar de vecinos en el último tramo antes de llegar a la plaza, lugar en el que Liebrero embistió a una mujer llamada Clara Herrera que presenciaba la carrera con sus cinco hijos. El astado le corneó con gravedad, de hecho, estuvo algo más de un mes en el hospital. Finalmente, el animal fue abatido por agentes de la Guardia Civil. Debido a este susto, que podría haber derivado en una tragedia mayor, el ayuntamiento consideró la opción de reforzar el vallado con una doble barrera, manteniendo una distancia de dos metros entre ambas vallas.
En la actualidad, la madera que da forma al vallado de Pamplona además de: “Poseer excelente calidad de forma natural (pino de Roncal) goza de buena resistencia y rigidez”, indica Xabier Aldaz. Y agrega: “Es tratado con cámaras a presión una combinación de químicos fungicidas, como cualquier otra madera”.
Todo esto en la capital, pero en los pueblos de Navarra los cambios llegaron después de un fatal suceso en Lodosa, en las fiestas de 2011 cuando un astado rompió el vallado y mató a Félix de Luis Morentin, natural de esta localidad. Muchos municipios navarros se vieron obligados a cambiar su vallado metálico por el de madera: “Las astas de un toro al impactar en el vallado, lo hacen por punzamiento, es decir se clavan, y levantan astillas, lo que la madera por su densidad, lo permite sin riesgo de rotura de la valla, ni daño para el animal” remarca Luis Tena, profesor ya jubilado de la Facultad de Arquitectura de la UN.
El accidente llevó a preguntarse a los ayuntamientos y Gobierno foral si era necesario cambiar la normativa para reforzar la seguridad. La ley vigente entonces, de 1992, había quedado anticuada pues exigía al vallado “la solidez necesaria para aguantar el peso de los espectadores y corredores y las embestidas de los animales”, dejando lagunas en las especificaciones concretas.
Respecto a la seguridad del vallado de madera de los sanfermines, el profesor Tena cree que esta fuera de duda ya que: “Los impactos de los toros del encierro no suelen ser frontales, tipo choque a toda velocidad de un animal de 500 kgs., sino laterales o intentos de desmontaje vertical de los tablones, con las astas hacia arriba”. Y añade: “Me parece más riesgo, el factor humano, por la indudable masificación de las fiestas”.
En cuanto a los beneficios de la madera frente a otros materiales como el hierro o acero, José Manuel Cabrero Ballarín, director de la cátedra de madera de la Facultad de Arquitectura de la UN, lo tiene claro: “La madera del vallado es lo suficientemente espesa para aguantar al impacto del animal, es más práctico en la instalación y tiempos que exigen las fiestas, y es más estético frente a los tubos de acero”. “La probabilidad actual de romperse es muy baja”, remarca Cabrero, en cualquier caso, siempre está el añadido de tener una doble línea.