Encierro de la villavesa sin autobús

Juanjo Jaime Sánchez y Luis Sota Sola, compañeros en las villavesas, fueron corredor y conductor el 15 de julio de 1988 cuando RTVE retransmitió la carrera

Luis Sota Sola y Juanjo Jaime Sánchez, en la cuesta de Santo Domingo por donde sube la villavesa que viene de la Rochapea
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Luis Sota Sola y Juanjo Jaime Sánchez, en la cuesta de Santo Domingo por donde sube la villavesa que viene de la RochapeaEDUARDO BUXENS
Luis Sota Sola y Juanjo Jaime Sánchez, en la cuesta de Santo Domingo por donde sube la villavesa que viene de la Rochapea

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Myriam Munárriz

Publicado el 14/07/2026 a las 05:00

Ocho de la mañana del 1 de enero de 1985. La línea 6 de la villavesa sube como cada día por la cuesta de Santo Domingo tras salir de Joaquín Beunza, en la Rochapea, con la intención de cubrir el trayecto que le llevaría después por Mercaderes, Chapitela, plaza del Castillo y Carlos III para encaminarse hacia el final en Santa María la Real. Jesús Pérez Reclusa, al volante del autobús, en una entrevista para Diario de Navarra que Javier Felones Morrás le hizo en 2015, recordaba aquel primer encierro de la villavesa. “A la altura de los corrales, aparecen de golpe 15 mozos con periódicos y echan a correr despavoridos cuesta arriba. Inmediatamente aceleré y hubo bonitas carreras. Alguno se tiró a los lados y otros llegaron hasta la Plaza Consistorial pese a que terminé cogiendo bastante velocidad. Afortunadamente, fue un encierro limpio, sin cogidas ni cornadas”.

Hay quien fecha esta costumbre de correr delante de la villavesa mucho antes porque, en un vídeo del NODO del 16 de julio de 1962, se ve un autocar que sin mucho éxito intenta avanzar por la calle Chapitela. Pero en aquel entonces no se emulaba al encierro, sino que era más bien un Riau Riau en el que la mocina, en lugar de frenar el paso de la corporación con bailes, lo hace con el autobús.

Tras esa Navidad de 1985 hay dudas si el 15 de julio de ese mismo año se repitió la escena o se esperó un año más, a 1986. Dos años después, el encierro había cogido tal auge que RTVE llamó a la empresa gestora del transporte urbano comarcal para ver si podían retransmitir la carrera. La idea era colocar un cámara dentro del autobús e intercalar otros a lo largo del recorrido que en aquellas fechas terminaba en la Plaza Consistorial, no como ahora que se estira hasta el coso taurino.

Era un poco presión por lo que me ofrecí de voluntario para llevar este autobús aunque ya estaba de inspector”, recuerda Luis Sota Sola. “Y para no interferir en los pasajeros, lanzamos uno vacío un minuto antes de que saliera el oficial”. “Y ahí estaba yo, esperando para correr”, dice Juanjo Jaime Sánchez, entonces conductor y ahora inspector de tráfico de la TCC. “Yo había participado en los encierros siendo menor de edad, a los 16 y 17 años, cuando nadie se preocupaba si los que estábamos dentro habíamos cumplido los 18. Tras la mili, me entró un poco la cordura y lo dejé, salvo para ese de la villavesa”.

“Me lo pasé cañón”, intercede Luis. “¡Pues como yo!”, le contesta Juanjo. “Si hasta tiraron un cohete y todo”. “Seríamos ya para entonces unas 300 personas, que querían hacer algo bonito y la mayoría gente de casa”, siguen los recuerdos. “Y aún así, también pasabas tu tensión. Tenías que estar muy atento para no pillar a nadie”. “Yo cero responsabilidad, fui de empalmada”, ríe Juanjo. Al año siguiente se comenzó a desmadrar y la villavesa terminó con daños por lo que la empresa decidió suspender el viaje de las ocho de la mañana. Suponía mucho estrés para los conductores. “Y ahora sería algo impensable”, subrayaba Carlos Elizalde Urriza, responable de márketing de TCC. “Pero aunque haya seguido con otro formato siempre será el encierro de la villavesa”, añade.

Juanjo y Luis comentan que, a falta de autobús, se decidió correr delante de las furgonetas de reparto. “El 15 de julio se restablecían las rutas habituales del transporte urbano menos de la línea 6, que continuaba con su recorrido alternativo por Labrit. Pues bien, un año estaban esperándonos en Telefónica. Se llegaron a subir encima del autobús”. Se decidió entonces retrasar el servicio hasta las doce del mediodía.

Actualmente es la línea 14 la que cubre parte del recorrido de la 6. Parte de la Rochapea y sube por Santo Domingo hasta su encuentro con la calle Mercado, en la que se introduce para hacer una parada. Luego regresa a la Rochapea a través de la calle Dos de mayo. Por si acaso, el 15 de julio retrasa su salida habitual hasta las once de la mañana y por el circuito alternativo de Labrit.

Pero a nadie se le ocurre ir ya a su encuentro porque el encierro de la villavesa cuenta con su propio ritual del que se encarga el Movimiento 15 de Julio, un grupo espontáneo de cuadrillas que coloca un San Fermín de carne y hueso en la hornacina, cumplimenta los tres cánticos de rigor y, en lugar de toro, desde 1991 aparece alguien a “lomos” de una bicicleta vestido con un maillot amarillo. Es el particular y curioso homenaje a Miguel Induráin y su mítica “espada” con la que aquel año se coronó por primera vez campeón del Tour de Francia.

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