San Fermín
La sombra de Ernest Hemingway es alargada: cinco americanos 'locos' por la fiesta
Cinco devotos de San Fermín relatan su relación casi paroxista con Pamplona. Todos ellos sintieron el hechizo de San Fermín, que el Nobel de literatura recreó en su enorme novela centenaria ‘Fiesta’


Publicado el 10/07/2026 a las 05:00
San Fermín y Pamplona llevan décadas generando relaciones de amor intensas entre el público extranjero. Pamplona es el maná de experiencias intensas, el lugar para escapar de una vida adocenada donde la felicidad y el hedonismo se dan la mano con el peligro y la tragedia. El mito sanferminero, lejos de languidecer, sigue creando nuevas historias y nuevos devotos. Y parte de la enorme atracción que provocan los Sanfermines procede de la novela de Ernest Hemingway que en este 2026 cumple 100 años: 'Fiesta' o en su más preciso título original estadounidense, 'The sun also rises' (el sol también brilla).
En este reportaje cinco personas del continente americano revelan cómo nació y creció su relación con Pamplona. Algunos son veteranos visitantes del paisanaje sanferminero, como Tim Hatfield, que en 1974 conducía un autobús escolar en el que recogían a muchachos europeos para viajar a India y Nepal. Pero también hay nuevos adoradores de Pamplona y sus fiestas. Como Ander Etxanobe, nieto de un navarro de Urdániz que emigró a Estados Unidos para hacer labores de pastoreo, como tantos otros navarros y vascos. Sus primeros Sanfermines datan de 2017, pero habla de ellos como si llevase en Pamplona toda la vida.
También está Craig MacPherson, a quien la crisis de 2008 le dio una nueva oportunidad: la de conocer Pamplona. Carlos Manríquez, el cocinero mexicano y afincado en España, que no perdona un año de Sanfermines y que asegura que leyó Fiesta desde una montaña cerca de San Sebastián. Y Rick Musica, que en su primer viaje a Pamplona, surcando el océano Atlántico, llevaba un ejemplar de 'Fiesta' en su regazo. Todos ellos son herederos de una novela más conocida que leída y que convierte a Pamplona en un lugar con un aura mística.


Carlos Manríquez: “Las descripciones del libro tienen algo atemporal”
A lo largo de los años, he cocinado para presidentes, celebridades, líderes empresariales y un sinfín de personas fascinantes, pero no importa a dónde me lleve mi trabajo, San Fermín sigue siendo una de las mayores pasiones de mi vida”. Carlos Manríquez es un chef de Tijuana, México, nacido en 1972, a quien los Sanfermines le cambiaron la vida. “Fueron un punto de inflexión para mí”, escribe desde algún lugar de España, donde reside de forma estable.
Descubrió las fiestas en 2002, antes de verse seducido por el mundo que creó Hemingway. “'Fiesta' se convirtió en un fenómento global. Pero no leí la novela hasta 2006. Fue en San Sebastián, en la cima de una montaña con el libro en las manos, completamente inmerso en la visión de Hemingway sobre España, la amistad, la aventura y San Fermín”, reconoce. Por entonces, se alojaba en Pamplona en casa de uno de los tótem entre los seguidores estadounidenses del autor de 'Fiesta'. Se conocieron en un encierro y trabaron una amistade para siempre. “Joe se convirtió en una parte importante de mi vida y de mi conexión con este mundo”, dice.
Hemingway y su novela le aportaron una nueva visión de Pamplona y las fiestas. “Me dio una nueva apreciación por la ciudad y sus tradiciones. Sus descripciones captaban algo atemporal en la atmósfera, los personajes y las emociones que rodean a San Fermín”, continúa. Pero la ciudad ya le había cautivado antes. “A lo largo de mis propios años en Pamplona, llegué a entender por qué la ciudad le dejó una impresión tan duradera”, asegura.
En las imágenes que envía aparece al lado del Juli, en la Plaza de Toros, en el recorrido del encierro, o con su esposa, la pintora rusa Anna Nelyubova, en lo que parece el apartado del coso pamplonés. La conoció en Pamplona, en la misma Plaza de Toros. A través del mundo de la tauromaquia, la historia y una serie de coincidencias notables relacionadas con el legendario Manolete, nuestros caminos se cruzaron y mi vida cambió para siempre”, asegura.
Aunque nacido en Tijuana al poco tiempo de nacer se mudó a Mexicali, capital del estado de Baja California, casi en la frontera estadounidense. Allí, al lado de sus padres, comenzó a cocinar siendo solo un niño. La pasión por la cocina le llevó a estudiar en el Scottsdale Culinary Institute de Arizona, en Estados Unidos. Hoy es un clásico de los Sanfermines, que en 2019, fue elegido ‘Guiri del año’ -solo cinco años antes fue igualmente reconocida su esposa- y que sigue viviendo las fiestas con una entrega desbordada.
“Pamplona está llena de momentos que no se pueden explicar del todo. Solo sentirse. El estruendo de los cascos de los toros, el suelo temblando bajo tus pies, la respiración colectiva de miles de espectadores y la oleada de emoción dentro de la plaza tras la carrera crean recuerdos que duran toda la vida”, reconoce.


Craig MacPherson: "Soy un devoto admirador del libro y de Hemingway"
Craig MacPherson, canadiense de 56 años, leyó por primera vez 'Fiesta' como parte de las lecturas obligatorias de su formación escolar. “No me gustó demasiado. Lo leí porque tenía que hacerlo. Pero se me quedó grabado. Algo de él se alojó en mi mente y nunca llegó a abandonarme”, asegura este empresario residente en Toronto, desde donde dirige la empresa de marketing e Inteligencia Artificial WSI.
Como él mismo dice, un veneno llamado 'Fiesta', la novela de Hemingway que en este 2026 cumple un siglo de vida, se había inoculado en su cabeza. “Cuando tenía veintitantos años empecé a leer por placer, redescubrí a Hemingway y acabé convirtiéndome en un admirador devoto tanto del autor como del libro. He leído 'Fiesta' al menos veinte veces desde entonces y todavía encuentro algo nuevo cada vez que lo releo”, declara en un extenso email.
La fiesta ‘irreal’
A diferencia de muchos otros extranjeros, que encuentran en el libro de Hemingway el ritual de vida y muerte de la tauromaquia, Craig se vio seducido por las descripciones que el Nobel estadounidense hacía del ambiente en las calles. “Como escribe Hemingway, ocurren cosas que ‘solo podían haber ocurrido durante una fiesta’, hasta que todo acaba inclinándose hacia algo irreal. Ese fue el momento en que supe que algún día tenía que estar allí, en Pamplona”, relata.
Craig está soltero y no tiene hijos, según revela en una breve semblanza biográfica. Dice que compartió la última década con su perro ‘Pintxo’ -“falleció este mes de junio”, dice-, al que llamó así por su “amor al País Vasco”. Fue en 2010 cuando vino por primera vez a Pamplona en San Fermín. De alguna manera, la crisis económica de 2008, le trajo hasta Pamplona. Se quedó sin trabajo y decidió dar un vuelco radical a su vida. “Decidí dejar de perseguir mi antigua vida y pulsar el botón de reinicio. Vendí mi loft, guardé todas mis pertenencias en un almacén, compré una mochila y pasé la mayor parte de un año viajando por el norte de África y Europa.
Craig siguió los pasos de ‘Don Ernesto’ Hemingway -como lo llama en su relato- en París y España. Fue a Valencia, Sevilla y Madrid. Cenó en el Botín, donde ha departido más de una vez con el nieto del propietario del restaurante, quien fuese amigo del escritor. Craig corrió el encierro en su primera visita a San Fermín. Con el miedo en el cuerpo. “Me asustó muchísimo. Sin embargo, yo había venido preparado, a mi manera, un tanto sombría, con el nombre y el número de teléfono de mi hermano escritos en un papel, envuelto en plástico para protegerlo de la sangre y guardado en el bolsillo delantero. Por si acaso”, rememora. No fue necesario.


Rick Musica: "'Fiesta' es compleja, invita a la introspección"
Rick Musica pasó 36 años de su vida sobrevolando el mundo en su condición de auxiliar de vuelo. Dice que cuando por fin viajó por primera vez a Pamplona para conocer de primera mano los Sanfermines voló con 'Fiesta' entre las manos, releyendo pasajes e imaginando lo que se iba a encontrar una vez llegase a Pamplona. “Mi primer día en Pamplona fue el 5 de julio de 1999. Me cautivó su belleza de inmediato. Me maravilló ver la Plaza del Castillo, el Txoko y La Perla. Todos lugares que conocía de nombre, pero verlos me transmitió una sensación completamente nueva. A medida que avanzaba el día, vi más y más cosas y empecé a conocer a algunos lugareños… ¡Todos fueron muy amables!”, rememora.
Musica nació en Chicago, Illinois, el mismo estado en el que llegó al mundo el Nobel estadounidense. “Nació en Oak Park, cerca de donde crecí, así que siempre estábamos aprendiendo y leyendo sobre él y sus ‘aventuras’. Cuanto más leía, más me intrigaba. Pamplona y la fiesta sonaban “míticas”... Sabía que había algo especial y que tenía que ir a algún lugar. Cuanto más leía, más me intrigaba”, relata.
Aquella intriga se convirtió al fin en realidad. Fue a través de un compañero de trabajo, Stephen Ibarra, quien le comentó “lo especial que era” y que le ayudaría a comprender toda la locura festiva. “Le pregunté por algunos de los lugares que Hemingway frecuentaba y me dijo que muchos aún existían. Diría que la combinación de ver el encierro en la televisión y tener una conexión con Hemingway en Chicago me impulsó en la dirección correcta. Eso fue en 1998”, asegura.
Viajar a Pamplona también le supuso empaparse toda la cultura sanferminera. “Vi horas de vídeos. Tras horas viendo documentales, empecé a comprender de qué se trataba. Había oído hablar de algunos estadounidenses que llevaban años asistiendo. En Miami había bastantes, y cada marzo se celebraba una reunión de Amigos de Pamplona. Asistí antes de ir a Pamplona y realmente entendí de qué se trataba. La pregunta más frecuente era: “¿Has leído 'Fiesta'?””, continúa con su relato.
Rick también es corredor del encierro. “No es que tenga miedo. ¡Estoy aterrorizado! Pero al mismo tiempo, es emocionante. Joe Distler lo expresó a la perfección cuando le preguntaron si deseaba morir: «¿Desear morir? ¿Estás bromeando? ¡Es un deseo de vida!». Hemingway sabía que había encontrado algo verdaderamente único y forjó grandes relaciones. 'Fiesta' (The Sun Also Rises) es una novela compleja que invita al lector a la introspección. No estoy seguro de que muchos extranjeros comprendan del todo el impacto que una novela y un escritor tuvieron en una ciudad, su gente y su Fiesta”, concluye. Musica solo encuentra palabras de agradecimiento para Pamplona y sus fiestas. “Gracias a la ciudad. He pasado casi la mitad de mi vida disfrutando de Pamplona. Es una parte fundamental de mi vida”, agradece.


Ander Etxanobe: "La lectura de ‘Fiesta’ fue un impacto personal y literario"
Ander Etxanobe Iturri (Miami, 1987) se extiende largo y tendido para demostrar una relación profunda y apasionada con Pamplona y los Sanfermines. Es hijo y nieto de pastores -su padre, vizcaíno y su abuelo, navarro, de Urdániz- que emigraron a Estados Unidos para hacer una labor que conocían bien y para la que no había mano de obra en el país de Hemingway. “Crecí escuchando las historias de mi abuelo y viendo antiguas grabaciones en VHS de los encierros de San Fermín”, escribe. Escritor, corredor de encierros, podcaster y ejecutivo financiero, asegura que su obra explora “la identidad, la fe, la herencia cultural y la atracción que ejercen Navarra y el País Vasco”.
Su abuelo fue el eslabón necesario para que Etxanobe conociese la obra de Hemingway. “Me contó que Hemingway escribía sobre Pamplona con tanta pasión, como nadie más podría, y por eso la gente y el pueblo le querían tanto”, declara. Lo cierto es que hay pamploneses que culpan al Nobel estadounidense de una excesiva afluencia de visitantes extranjeros. Aunque es cierto que muchos pamploneses sienten orgullo de la proyección que Hemingway dio a Pamplona y las fiestas.
El primer encierro
Fue en 2017 cuando Etxanobe vivió su bautismo de fuego en el recorrido del encierro. Su primera carrera. “Sentía que debía leer de cabo a rabo 'Fiesta'. Lo hice y tuvo un enorme impacto en mi vida. Por fin entendí lo que mi abuelo me había contado siempre. Tenía razón sobre la escritura y sobre el amor de Ernest Hemingway por la fiesta y Navarra en general”, apunta.
La novela caló hondo en la vida de Ander Etxanobe. “Fue un impacto personal y literario. Personal porque la novela se publicó en 1926, y me dio una visión de cómo era la vida en aquellos días, cuando mi abuelo era solo un niño en Navarra. Me hizo ver la fiesta desde otra perspectiva. Lo idealicé, y eso me hizo tener aún más ganas de ir. Me quedó claro que correría con los toros, bebería vino de bolsas de bota y seguiría a los txarangas, txistularis y gaiteros por la calle”.
De aquellos Sanfermines iniciáticos de 2017, Etxanobe conserva el recuerdo de encontrarse con su primo Javier Iturri, miembro de Napardi. “Apenas le había contado a nadie sobre el viaje. Quizá solo mi padre, mi hermanita, que venía a mitad de la fiesta, y ya está. Fue un viaje muy personal. Aunque Javier no me conocía realmente, se puso en contacto y compartió su fiesta conmigo. Y de eso va San Fermín”, se emociona. San Fermín y los encierros le permitieron también contactar con la familia estadounidense de los encierros: Joe Distler, Larry Belcher, Jim Hollander... El veneno de la fiesta ya corría por sus venas.
Buena parte de sus experiencias se han condensado en las memorias que publicó en 2021 bajo el título de 'En la Sombra de Mi Tierra: El Viaje de un Vasco-Americano para abrazar Sus Raíces'.


Tim Hatfield: “Hemingway no sería la leyenda que es sin San Fermín”
Probablemente Tim Hatfield, Leroy, sea uno de aquellos hippies de los 70 que coloreaban los Sanfermines de entonces, aquellos a quienes los lugareños observaban con cierto recelo y curiosidad. Llegó por primera vez a San Fermín en 1974. “Mi primera impresión fue que las fiestas de Pamplona hacían que el Mardi Gras de Nueva Orleans pareciera una feria de pueblo. Por entonces, mi hermano y yo teníamos un autobús Mercedes de 44 plazas, de 20 años de antigüedad. Lo compramos en Alemania. Reocorríamos festivales europeos buscando jóvenes mochileros aventureros para nuestro viaje a India y Nepal”, rememora. Sí. Parece que era un alma libre de los 70. Y lo del autobús recuerda irremediablemente a Ken Kesey y sus Merry Pranksters.
Como otros estadounidenses, Hatfield llegó a Pamplona sin haber leído 'Fiesta'. “Sí que había leído todos los cuentos de Hemingway en la universidad, pero no leí 'Fiesta' hasta después de vivir mis primeros Sanfermines”, asegura. El impacto inicial de la vivencia empírica y la aureola mística del libro forjaron una relación entre Hatfield y Pamplona que ya suma 52 años de fiestas consecutivas. “Me inspiró a volver cada año”, concede.
Boda en San Fermín
Doce años después de su bautismo iniciático con las fiestas, Hatfield se casó en Pamplona. “Ha sido mi mejor experiencia en todos estos años. Me casé al mediodía del 14 de julio de 1986 frente al ayuntamiento”, relata. Sin duda, una buena forma de terminar las fiestas y una demostración palmaria de la importancia de San Fermín en la vida de Hatfield. “Es sencillamente la mejor fiesta del mundo y, si asistes año tras año, descubrirás la historia y las razones personales por las que Pamplona es un lugar tan especial y por qué las fiestas de San Fermín son una época tan mágica”, afirma.
Como tantos otros estadounidenses, Tim Hatfield se ha jugado el pescuezo en los encierros de San Fermín. Aporta junto con su texto, una demostración gráfica de la comprometida situación que vivió cuando un toro se fijó en él y lo acorraló contra una pared. “Quedé atrapado en una puerta y casi me cornean”, explica.
Cuando él comenzó a correr los encierros, la carrera comenzaba una hora antes, a las siete de la mañana. “El encierro ha cambiado, se ha modificado por motivos de seguridad y no es exactamente igual que hace 50 años”, considera. Probablemente se refiera a la aparición del antideslizante, que propicia carreras más rápidas, con los toros más agrupados y, por la ausencia de caídas, con menos probabilidades de que un toro se dé la vuelta y provoque el pánico. Como tantos otros norteamericanos Hatfield destaca la relación de amistad que ha ido creando en más de medio siglo de fiestas. “Muchas de las personas que he conocido se han convertido en amigos para toda la vida”, concluye.