San Fermín

El corredor del cartel de 1967

Pedro Arana Vizcay, pamplonés de 82 años, aparece en el cartel de los Sanfermines de 1967, que es una imagen del encierro de 1966, firmada por Galle

Pedro Arana Vizcay, retratado hace unos días.
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Pedro Arana Vizcay, retratado hace unos díasJ.C.CORDOVILLA 
Pedro Arana Vizcay, retratado hace unos días.

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 08/07/2026 a las 19:00

Pedro Arana Vizcay es un hombre de mirada serena, gestos tranquilos, paso prudente y una biografía de 82 años que en su juventud se dejó llevar por la adrenalina tentadora del encierro en Pamplona. Lo corrió varias veces, cuando los mozos vestían de blanco y rojo y el anonimato dominaba las imágenes que para entonces ya lucían en periódicos, escaparates y también en los carteles de la fiesta. El de 1967, firmado por Galle, es una fotografía del encierro de 1966, hace ahora 60 años. Y en ella aparece Arana, indumentaria blanca y roja y periódico en mano.

Seis décadas después rememora aquellos años y aquel momento. Fue uno de los protagonistas del cartel, pero ni entonces ni ahora le da demasiada importancia.

Cartel de 1967. A la izquierda, con pañuelo, faja y periódico en una mano, aparece Pedro Arana.
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Cartel de 1967. A la izquierda, con pañuelo, faja y periódico en una mano, aparece Pedro Arana.galle
Cartel de 1967. A la izquierda, con pañuelo, faja y periódico en una mano, aparece Pedro Arana.

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Pedro Arana nació en Miranda de Arga, contaba tres meses cuando la familia se instaló en Pamplona. Primero en la calle Duque de Ahumada, bien cerca del recorrido del encierro y después en la Rochapea, tampoco lejos de los corrales y del inicio de la carrera que tanto le gustó. “Tendría 13 años” cuando vio por primera vez un encierro y unos “17 o 18”, recuerda, cuando se puso por primera vez delante de los toros.

Entonces, “había bastante menos gente” en el traslado de los toros desde los corrales hasta la plaza, dentro del recorrido y fuera. Pedro Arana se colocaba en la calle Mercaderes y desde allí empezaba a correr “hasta donde llegaba”. “Aunque me sobrepasaran los toros, llegaba hasta la plaza”, recuerda con precisión.

La masificación no era la de ahora, “se podía correr”, pero subraya Pedro Arana que sobre todo en la parte de la derecha era habitual que “se agolparan los corredores en dos o tres filas” lo que dificultaba la salida de quienes se veían en apuros. Escenas similares a las que se pueden observar hoy día en el tramo de Telefónica, por ejemplo.

Arana corrió hasta que se casó. Lo dejó “por responsabilidad”. Sigue casado es padre de seis hijos y abuelo de seis nietos. No ha tenido mucho relevo en la familia en la afición de correr encierros. “Uno de mis hijos, Pello, ha corrido alguna vez”, desliza con cierta timidez.

El encierro no ha dejado grandes percances en la familia. “Sí algún susto, pero nada más”, confiesa Arana, que ahora acostumbra a ver el encierro por televisión.

De sus años de corredor menciona a un amigo llamado Javier Loitegui. Se acuerda mucho de él, aunque le perdió la pista y hace tiempo que no lo ve. “Creo que vivía en Barañáin, era electricista”, indica y corrobora de algún modo la amistad y la solidaridad que trazan los 848,6 metros de miedo y respeto.

Pedro Arana trabajó en un taller de troquelería y luego montó uno con unos socios, en el que hacían moldes para calzados, entre ellos parazapatillas de marcas de renombre como Adidas. Quién las tuviera en aquellos años, cuando el encierro se corría en alpargatas.

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