San Fermín
Los abrazos madrugadores en la cuesta de Santo Domingo
El 7 de julio multiplica los reencuentros por metro cuadrado en el trazado del encierro


Publicado el 07/07/2026 a las 16:11
50 años separan a Javier Muñoz ‘El Boti’, pamplonés habitual del encierro en Sanfermines, siempre en la cuesta de Santo Domingo, de Haizea Mayo Lizarraga, de 19 años, ya dos cantando la jota a San Fermín frente a la hornacina del santo, justo antes del último cántico de los corredores en el primero de los encierros cada 7 de julio.
El de Haizea es ya otro de los rostros que dibujan la cuesta de Santo Domingo el día de San Fermín. Es, sin duda, una mañana de reencuentros, de personas que se abrazan una vez al año, con la naturalidad de quien se encuentra al comprar el periódico o el pan a la vuelta de la esquina. Manos que se cruzan, sonrisas, miradas, respeto. Se ven ocho días de 365, pero es como si se llevaran en el corazón los otros 357. Unos llegan del barrio, otros de la Comarca de Pamplona, del norte, del sur, de Levante, de Madrid, de Andalucía, o del otro lado del mundo. Hablan distintos idiomas, pero les una la misma pasión, los 848,6 metros de trazado en el adoquín más contundente de Pamplona.
Las peñas colocan a eso de las 7.30 de la mañana su cartel con sus escudos y el de la ciudad; justo debajo de la hornacina. En ella sitúan cuidadosas la imagen de San Fermín, con su pañuelico rojo en miniatura; seis velas encendidas en candelabros plateados y un pequeño centro de claveles rojos.
Para esa hora decenas de corredores y las personas que abarrotan cada rincón sobre la muralla leen los ejemplares de Diario de Navarra, repasan las crónicas del 6 de julio y se detienen en la página 48, la que informa sobre los toros que correrán en encierro del día. Los corredores echan de menos a Marcela y su añorado punto de venta de periódicos en la librería Abarzuza.
Ella estaba ayer, como tantos días, en el balcón, viendo pasar caras que conoce desde hace décadas. Abárzuza es historia, pero ellos se arremolinan alrededor, esos abrazos necesitan un marco. La Policía Municipal ordena el entorno, los sanitarios ocupan sus puestos a pocos minutos de que suene el cohete. Pero ayer hubo algo extraño: un globo aerostático en el cielo de Pamplona. A deshoras.