El Cuadernico
La mirada de los cien mil claretes


Publicado el 15/07/2025 a las 05:00
El 14 de julio -‘cinclón’ de tablones como campanas que tocan a muerto, desesperanzas del día quince y horizonte de rutinas- nos ha partido el corazón de lado a lado, como la pantalla de un móvil. Nos queda para sobrevivir al resto del año un pufo en la cuenta corriente, un resacón, un rasponazo en la rodilla derecha que nos hicimos contra la pared de la Cuesta y un diván de psiquiatra de fotos en la galería del móvil. De todas, me quedo con las de Javier Arroyo, notario de nuestras felicidades, que siempre está al quite de nuestros momentos buenos. Javier es un tipo fantástico que piensa con treinta años de perspectiva para cuando volvamos a aquel almuerzo y los niños sean tan pequeños, nosotros tan jóvenes y seamos testigos de toda nuestra alegría. Por esto tenemos que quererle: porque nos demuestra que todo este lío de los sanfermines no ha sido el sueño lisérgico de un coma. Que toda esa -esta-, felicidad ha pasado y la podemos seguir mirando gracias a él y a su siempre amable mirada. Me miro al espejo y los nueve días de fiestas han dejado el rastro de su paso por mi cara como los millones de años dibujan entre la piedra los surcos de los valles, las laderas y las gargantas. Se trazan nuevos pliegues y arrugas y donde los ojos quedan dos cuchilladas. Definitivamente soy otro no necesariamente peor, pues, si me detengo, toda mi cara la amansa un aire de sueño y de felicidad plena. Un retrogusto de cachondeo. Si los soldados que volvían de las trincheras de Verdún con los ojos descabellados tenían La mirada de las mil yardas, esta mía sanferminera debe ser la de los cien mil claretes. Y dos cañas. Y tres croquetas, y un agua con gas, una fanta en dos vasos, tres de pimiento, un nestí, seis cañas más, dos de ellas con limón y una más con gaseosa, cuatros escombros, dos kalimotxos, cuatro croquetas -cuidado, niña, que queman-, tres tintos más -¿Mariano, qué quiere?-, otra cerveza y me cobras a mí con tarjeta. Hasta el año que viene. Os quiero a morir. Gracias por todo, y viva San Fermín