La fiesta
"El mapa conduce a un tesoro y ellos tienen el objetivo a tiro"
"Hay que reconocer que han superado peligros, son valientes. De fondo, a lo lejos, resuena una canción sanferminera. Das un paso al frente. Otras dos piratas. Las aletas sobresalen y tú sientes temblar tus piernas"


Actualizado el 09/07/2025 a las 23:30
Lobos de bar que aúllan en Sanfermines, sin pata de palo pero igualmente enamorados de la luna llena. De julio. Y de Pamplona. Con su contrapunto, las sirenas que lanzan sus cánticos en forma de oferta de faja, sombrero jamaicano, de ración de rabas a 18 euros o de propuestas peligrosas e inoportunas. Sed fuertes, que nos dice una profesora de mi hijo. No caigáis en la tentación, no les pongáis un donut para el almuerzo. Pues esto es parecido. Entre las criaturas que pueblan la fauna sanferminera, los piratas son un clásico de los que no defraudan. Lo que pasa es que se camuflan. Los buenos de verdad se caracterizan por ser expertos en esconder la bandera, en abordar inocentes que surcan la fiesta. Van arrimándose poco a poco a su presa.
Tú te crees fuerte, les pones manzana partida. Pero, ay, es verano, no hay recreo ni bendita autoridad escolar que valga y qué rápido huelen la sangre. Con un palo envainado en la cintura, a modo de sable, te saben montada en su barco, capturada, a la deriva, y te van apuntando con la espada, implacables mientras te conducen al tablón de la cubierta. Debajo, la tempestad, los tiburones. Nadan en círculo, esperando el botín. No es donut, ni tampoco manzana. El mapa conduce a un tesoro y ellos tienen el objetivo a tiro. Hay que reconocer que han superado peligros, son valientes. De fondo, a lo lejos, resuena una canción sanferminera. Das un paso al frente. Otras dos piratas. Las aletas sobresalen y tú te sientes temblar las piernas. ¿Cómo soy fuerte ahora? Eso, los que estén en Salou, con aire acondicionado, helados de cucurucho y paseos por la arena. La brisa te trae olor a fritos. Ya has caído. Vermú torero, la procesión al sol. Algo de trabajo. A ver cómo volvemos a casa con la pequeña dormida en brazos después de los fuegos. El día que nos fuimos de comida y os dejamos con los abuelos. Llego al borde. No hay marcha atrás. “¿Nos compras tres globos de los de 10 euros?”.