Plaza Consistorial

Tadeos

Fotos de la salida de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos este 8 de julio
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Los gigantes, en la plaza Consistorial
Fotos de la salida de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos este 8 de julio

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Jose Miguel Iriberri

Publicado el 09/07/2025 a las 05:00

No busquen un crespón en las faldas ni una lágrima en las mejillas. Los Gigantes bailan este año serios, altos y regios como siempre. Como Tadeo los trajo al mundo. Como si nada pasara. Pero la vida no es un álbum de postales de felicitación. Los Gigantes ya sabían que Mari Ganuza y Jesús Mari Viguiristi no estarían con ellos estas fiestas. Y nunca más porque nuestras vidas son los ríos. Sin embargo, ni una lágrima. Cuando toca llorar, los Gigantes salen llorados de casa. Este año tocaba. Por Mari y Jesús Mari.

En cabeza del coro sanferminero, a uno también se le va la boca diciendo que los Ganuzas y Viguiristis de todos los tiempos, son el alma de los Gigantes, su corazón contante, sonante y sobre todo danzante, la verdad por dentro. Esas cosas. Cariñadas de ocasión. Excesos verbales de unas fiestas excesivas. Nada. Te plantas ante ellos durante un descanso en la calle Mayor, la calle a su medida, y comprobarás que los Tadeos no necesitan de nadie para afirmar su real majestad.

Después de tantos años, Ganuza y Viguiristi contaban, como un homenaje a Tadeo, la vida que ellos encontraban en los Gigantes cuando se los echaban encima. Y su manera de pesar sin ser pesados. Y el arte que se dan al bailar, levitando medio metro. Y la sencillez con la que se ponen a lo suyo, que es lo nuestro, gracias. Sanfermineros desde 1860, presentes siempre en los acontecimientos urbanos, los ocho figurones de Tadeo salen a la calle cada mañana como rehabilitados en Ubarmin. Con el alma bien puesta en el cuerpo. Y en Cuerpo de Ciudad.

Solo les falta lo que no necesitan: memoria colectiva. Esa es la segunda tarea, después del baile, que Tadeo Amorena legó a sus sucesores. Que reunieran recuerdos de generación en generación. Dice un personaje del colombiano Vásquez que el pasado solo existe cuando lo contamos. Cuando los Gigantes bailan en la Estafeta, entre los números 9 y 11, donde nacieron, Tadeo aplaude la buena memoria de sus sucesores, que están contando cuándo y dónde.

Algún día les levantará Pamplona un monumento. Lástima que ya no acepte encargos Tadeo, el artesano que se ganaba el pan con la carpintería y se ganó la historia con los Gigantes.

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