Comparsa de gigantes y cabezudos
Altura en Ezpeleta
La salida de la Comparsa de gigantes y cabezudos de Pamplona este martes 8 de julio vuelve a mostrar estampas inolvidables de la ilusión de los más pequeños al ver a sus personajes favoritos de las fiestas
Actualizado el 08/07/2025 a las 14:56
Puede que ni lo hubieran pensado pero, para muchos, el entorno del Palacio de Ezpeleta se ha convertido esta mañana del 8 de julio en una experiencia mágica, desbordante y casi irreal. Que Josemiguelerico asomara la cabeza. Que Toko-Toko mostrara su carjak o que Esther Arata siguiera portando chupetes elevó a sonrisa todo lo que por allí resaltaba. Niños en silleta, con tambores, ataviados para la ocasión, con figuras de goma. Incluso con alguna trompeta de colores. Complementos indispensables y necesarios para una mañana al son de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona.
Y San Fermín lo volvió a hacer. Volvió a regalar estampas apretadas en las calles de su ciudad. Txikis de infinitas edades y niños ya creciditos. Adultos, si me lo permiten. Todos, esperando y dejando claro que la esencia de un 8 de julio no era otra que la de dejarse llevar.
De pie. Aguardando a gaitas y txistus, quienes representan a diferentes continentes y culturas (Asia, Europa, África y América) eligieron bailar en en una de las primeras citas del día. A las nueve y media. Quizá un poco más. Entonces, cuando ya no valían los relojes, los primeros acordes elevaron a recuerdo la primera vez de niños como Aitor, Elena, Benjamín o Leonardo. Como si por un momento, lo fantástico invadiera el mundo real y todo fuera posible. "Me encantan los gigantes", repetían con insistencia.
Calle Mayor, Eslava y un poco de espacio en la plaza San Francisco. Bailes que se entremezclaban con columpios y un ritmo alegre, en rapidez y entonación. Braulia fue una de las más aclamadas en ese trazado hacia la plaza del Consejo. Vueltas incontables que dejaron con la boca abierta a más de uno. "Me gusta ir detrás, siempre con ella".
Como también se convertían en reclamo Caravinagre y sus amigos. ¡Carapatata, hazte una foto! ¿A qué no me pillas Coletas? ¿Me chocas la mano Japonesa? Preguntas lanzadas hacia delante. En una cita que, año tras año sigue encandilando a miles de personas.
Y es que la calle Calceteros parecía una marea bicolor. Pantalones blancos, sudaderas o chaqueticas rojas. Porque el mercurio mañanero no rompió la bajada. 16, 17 grados que fueron poco a poco subiendo. De la misma manera que también se subían a los hombros de padres y madres (más de ellos que de ellas) los más pequeños de la casa. "Es que no veo". Lucía, Ane u Olaia. Piernas demasiado cortas para un camino tan largo.
Fue por ello que la parada programada de nuevo en el Palacio de Ezpeleta alrededor de las 11 horas se cogiera con ganas. Como las de los comparseros por almorzar y tomarse una cerveza. "Fría, por favor", sonreían desde el equipo de Selim-pia-Elcalzao.
La Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona (propiedad del Ayuntamiento de Pamplona) es uno de los grandes tesoros de las fiestas de San Fermín. Compuesta por 25 figuras —8 gigantes, 5 cabezudos, 6 kilikis y 6 zaldikos—, fueron elaboradas en cartón piedra, madera y tela.
Creados en 1860 por el artista Tadeo Amorena, representan de forma alegórica los territorios de Europa, Asia, África y América en parejas de reyes y reinas. El resto de figuras, incorporadas en años posteriores por diferentes talleres artesanales, completan este singular cortejo que recorre las calles de la ciudad principalmente durante las fiestas.
Cada día, los integrantes de la asociación Cultural Gigantes de Pamplona portan y bailan con maestría estas figuras, acompañados por siete grupos de gaiteros y uno de txistularis, conformando un espectáculo esencial.
