Opinión
Siempre San Fermín


Publicado el 07/07/2025 a las 05:00
San Fermín va mucho más allá de los convencionalismos que nos rigen durante el año: bailar, disfrutar, válvula de escape, alegría, música, etc.
No es enumeración de eventos que, a la vuelta de la esquina, se convierten en algo efímero y del pasado. Sin obviar esto no se puede invertir o dejar de lado la razón primer y última de nuestras fiestas: SAN FERMÍN.
Su cohete nos invita a mirar hacia el cielo y a encarnar los grandes valores que nos insinúa su figura.
Sus encierros con sus toros arrancando de Santo Domingo, es llamada a colocar nuestros pies en el asfalto; a combatir y correr con dignidad, fe y esperanza los años de nuestra vida.
La comparsa, con sus gigantes y cabezudos, nos animan a crecer o aspirar no solo hacia lo que el mundo nos inyecta sino a tener miras altas; a otear el pasado de la ciudad y soñar con un futuro donde todos tengamos un lugar y nuestras tradiciones sean respetadas y valoradas. Estos ritos, únicos en el mundo entero, no son patrimonio tuyo o mío, de éste o de aquel regidor, de esta o de aquella determinara ideología: son patrimonio de la ciudad. Nosotros nos vamos y las tradiciones permanecen.
La pamplonesa, con sus dianas floreadas son anuncio del gran día en el cual el Santo Patrón se desliza, como las olas del mar sobre la playa, para hacernos entender que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa y a fijar nuestros ojos en él, sólo en él, aplausos y vivas sólo por él, para dejar de lado lo que empaña y oscurece. Es la fiesta Patronal.
Pamplona, en estas dos horas que vivimos con el Santo rompiendo el cielo, no sólo es magia como dicen algunos es FE Y FERVOR entre los pliegues de la ciudad. La procesión, acto central por antonomasia, es mosaico de sentimientos, fe, identidad e historia. Cerrar los ojos ante esta realidad es tener corta visión y vivir al margen de lo que decenas de miles de ciudadanos saborean, rezan, cantan, lloran, celebran y manifiestan públicamente en el casco histórico de la ciudad: San Fermín lo llena todo, lo dice todo y lo bendice todo.
Luego, claro que sí, el conmemorar al Patrón trae como consecuencia otros aspectos humanos y lúdicos que los necesitamos para visibilizar nuestra amistad, alegría, fiesta o escenificar valores que durante el año quedan dormidos por el estrés al cual estamos todos sometidos.
Pero, primero, San Fermín es el que da color, nombre, contenido, ilusión, identidad y razón de ser a nuestras fiestas. El alma de una ciudad nunca se puede esconder porque, entre otras cosas, es la capital la que quiere salir a la calle para gritar desde el niño hasta el más mayor un viva o gora a San Fermín, y rebasar en decibelios de devoción, jota, gaita, música, oraciones y lágrimas contenidas la altura del caserío de los tres burgos de nuestro Pamplona.
¡FELIZ FIESTA DE SAN FERMÍN A TODOS!