Bulego: "El recibimiento en Navarra es increíble, estamos sintiendo algo especial"
La banda que nació en Azkoitia (Gipuzkoa) en 2019 abre este domingo por la noche (23.45 horas) los conciertos de la Plaza del Castillo.


Publicado el 06/07/2025 a las 05:00
Los cinco componentes que en 2019 comenzaron Bulego eligieron el nombre después de que el anterior en otro proyecto musical, Passepartout, una palabra francesa que designa el espacio blanco entre una pintura y su marco, que se utiliza a veces para proteger la obra, para dejar espacio al cristal, de forma decorativa..., fuera “totalmente contraproducente”, recuerda Tomás Lizarazu, que era voz y guitarra. “La gente nos buscaba [en Internet] y les era imposible encontrar el grupo porque no sabían cómo se escribía, Passepartout, Passeportú, Posparto... un rollo”. Por eso, cuando arrancaron con el siguiente proyecto musical, quisieron “un nombre en euskera, reconocible y recordable en todos los idiomas, sin complicación de pronunciación, que se escribiese como se lee”.
Y aunque la traducción literal de 'bulego' es ‘oficina’, han logrado que el nombre del grupo sea sinónimo de “la energía y el buen rollo” que han pretendido transmitir desde los inicios. “Intentamos hacerlo lo mejor posible y disfrutamos un montón haciéndolo, algo que se palpa al escuchar el resultado”, añade Lizarazu sobre esta banda que desde los comienzos planteó Bulego como un proyecto multidisciplinar, “ofrecer algo más que música”. “Desde el principio del proyecto nos hemos rodeado con artistas de distintas disciplinas para que nos ayuden en ofrecer un arte que tenga un plano creativo más allá de lo puramente musical”. Con Lizarazu (voz) se suben al escenario Xabier Arrieta (batería), Rubén Lizarralde (guitarra) y Elba Azpillaga (teclados). En su actuación de este domingo por la noche prometen sorpresa.
Con Bulego arrancan los conciertos de la Plaza del Castillo estos Sanfermines. ¿Cómo lo están viviendo?
Estamos súper ilusionados. Hemos vivido muchos conciertos grandes, en fiestas de Donosti, de Bilbo... pero San Fermín es una fiesta especial: tiene ese factor internacional, aunque sea en julio es como que empieza el verano de verdad... y tenemos muchísimas ganas por todo lo que se junta: primeras fiestas, primera plaza del año, en Sanfermines... Además, nos gusta muchísimo ir a Navarra. El año pasado tocamos bastantes conciertos, y el recibimiento que estamos teniendo es increíble. Estamos sintiendo algo especial en Navarra.
Hablaba usted antes de los inicios del grupo, que pudieron ser un final porque dos semanas después del primer concierto llegó la pandemia, en 2020. Podían haber tirado la toalla...
No te voy a mentir: al principio también estuvimos en esa fase de frustración e impotencia cuando acabábamos de comenzar. Para cuando publicamos la primera canción y dimos nuestro primer concierto, ya teníamos un montón de trabajo hecho de conceptualización, de creación... Teníamos seis canciones grabadas que iban a ser nuestro primer EP, y vino la pandemia, pero o nos hundíamos o salíamos más fuertes, nos dijo nuestro mánager, Joseba, y empezamos a hacer todo lo que se podía en aquel entonces: directos y entrevistas con otros músicos a través de Instagram, videoclips caseros para cada una de las canciones que teníamos sin publicar... Ahí se forjó la identidad que luego nos ha caracterizado: somos un grupo que intentamos sacar lo positivo de cualquier situación que se nos presente y dar soluciones creativas a cualquier etapa que estemos viviendo.
Suman decenas de conciertos y giras internacionales, Bruselas, París, Portugal, Finlandia, Japón... La última, en EE UU, este marzo. ¿Cómo les ha ido?
Muy bien. Creo que ha sido la gira internacional más bonita que hemos hecho y la que más nos ha recargado las pilas. Siempre hemos tenido esa filosofía de que aunque cantemos en euskera, una decisión que tomamos muy al principio —hacemos nuestro día a día en euskera, entre nosotros hablamos en euskera y a la hora de pensar, sentir, sentimos en euskera, y por lo tanto escribimos en euskera canciones y así las publicamos—, la música es un lenguaje que no entiende de idiomas. Para conectar con la música no es necesario entender cada palabra que se está cantando en ese momento. Hay algo que va más allá, que es la energía, el aura que transmiten las canciones, que se puede sentir aunque no entiendas la letra. Por eso salimos tanto de nuestras fronteras: para ver el recibimiento de la gente y si se sostiene nuestra teoría sobre el papel.
¿Se ha sostenido en EE UU?
La experiencia fue muy buena. De todas las ciudades donde tocamos, lo hicimos en el festival de Treefort [Boise, Idaho] en dos conciertos. No había nadie euskaldun. A veces, cuando viajamos fuera, tocamos en alguna euskal etxea o hay gente euskaldun de Erasmus o que vive allí que se acerca..., pero esta era una situación totalmente diferente a otras. Y el recibimiento del público fue una pasada, tremendo. Fue una satisfacción muy grande ver cómo, al salir fuera, te enfrentas a un público que no entiende ni una sola palabra de lo que estás diciendo y termina bailando, coreando, saltando. El primer concierto fue gratuito, pero el del día siguiente, en un recinto cerrado, y había que pagar para entrar. Para nosotros fue un indicador de que las cosas iban bien que cuando tocamos nosotros el recinto se llenó. Es decir, había un montón de gente que vino a ver nuestro concierto, porque luego tuvimos la oportunidad de hablar con la gente y al preguntarle por qué había ido, el 90% nos dijo que nos habían visto el día anterior y quería volver a vivir la misma experiencia, y el resto, que habían estado sus amigos y le habían dicho que no se lo podía perder. Todos los viajes tienen sus anécdotas y sus cosas bonitas, pero este de EE UU ha sido hasta ahora el más satisfactorio a nivel de banda, nos ha unido un montón a la vuelta.
Cinco años de su primer concierto. ¿Tienen la sensación de estar viviendo esto muy rápido?
Te hablo desde mi experiencia personal, aunque creo que todos los compañeros del grupo lo viven de forma similar: en un mes de vida es como si hubiésemos vivido cinco. Vivimos un montón de experiencias constantemente, y parece que lo que ha pasado hace una semana ocurrió hace cinco años. El tiempo pasa muy rápido, de ahí que en 2026 vamos a hacer un parón para echar el freno y coger un poco de perspectiva con todo esto que está pasando con Bulego, porque están cambiando nuestras vidas y no estamos teniendo tiempo casi para asimilarlo. Necesitamos alejarnos un poco para ver un plano global de lo que está sucediendo con Bulego. Llevamos toda la vida intentando hacer grupos de música, no igual con ambición de dedicarnos a la música, pero sí con ambición de que la música esté presente en nuestras vidas, y ahora con Bulego se nos está dando la oportunidad de dedicarnos a la música, de darle nuestra jornada completa a hacer canciones, a tocar conciertos, a hacer giras... un privilegio del que no tenemos tiempo a ser conscientes en la vorágine.
¿Les da miedo ir tan rápido?
Más que miedo diría respeto. Creo que es una de las causas principales por las que vamos a dejar de tocar directos durante al menos un año y medio. Queremos ser conscientes, queremos disfrutar y, sobre todo, queremos ofrecerle tiempo de calidad a la creación. Queremos que los próximos pasos de Bulego sean los mejores que hemos tomado hasta ahora, y para eso necesitamos tomar un poco de perspectiva y bajar el ritmo.
En su segundo disco, 'Aldatu Aurretik' (Antes de cambiar), reivindican el cambio porque se da demasiado valor a la rutina y al equilibrio.
La inspiración para el disco fue mi paternidad porque por aquel entonces [2023] fui padre por primera vez, y de todas esas vivencias, miedos, inseguridades, dudas, ilusiones y alegrías nació Aldatu Aurretik, un disco que está escrito desde mi experiencia personal de la paternidad, pero que cada uno puede asociar a los cambios vitales que esté viviendo. Al final, muchas veces nos emparanoiamos con que me va a cambiar la vida si pasa no sé qué, o si soy padre, o si me dedico a la música, o si cambio de trabajo, o si cambio de ciudad... Vamos a fluir y vamos a dejar que las cosas pasen porque no dejamos de ser lo que somos a pesar de las cosas que suceden a nuestro alrededor.
Su hija, con meses, ya tenía una canción dedicada por usted, 'Zure begi horiek' (Esos ojos tuyos), porque le ayudó a desbloquearse creativamente...
Son regalos de la vida... Hasta afrontar el disco 'Aldatu Aurretik' nunca había pasado por ninguna crisis creativa. Se habla de la crisis creativa de los artistas, pero era como que eso no iba conmigo. “A algunos les pasa, pero a mí no”. Y cuando empecé a componer 'Aldatu Aurretik', se me fue haciendo un poso inconsciente de “esto tiene que ser bueno, tiene que estar a la altura de 'Erdian oraina' [el primer disco], tiene que seguir funcionando, tiene que gustarle a la gente”... y poco a poco fue canalizando en ese bloqueo creativo: pasé semanas trabajando un montón, esforzándome por crear, y no encontraba ningún tipo de inspiración, ninguna letra, ninguna armonía, nada que me motivase. Y cuando menos lo esperaba, después de un día en el estudio sin que me saliera nada, estaba tocando el piano con mi hija en casa —ella tenía ocho o nueve meses y nos gustaba sentarnos ante el piano, ella en la trona y yo en la silla—, nos miramos y en esa mirada, en esos ojos tan inocentes, tan puros de un bebé, de una niña, encontré esa canción, y con los acordes con los que estaba en ese momento jugando nació 'Zure begi horiek' y de ahí, todo el disco 'Aldatu Aurretik'.