Nostalgia

Así fue la tremenda bronca que recibió el Cordobés en San Fermín hace 60 años: nunca volvió a torear en Pamplona

Era la gran estrella de los toros de la época y se decía que cobraba entre 1.000.000 y 1.200.000 pesetas por corrida

El Cordobés, en la corrida del 13 de julio de 1965, dando pases con la montera a las almohadillas que caían
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El Cordobés, en la corrida del 13 de julio de 1965, dando pases con la montera a las almohadillas que caían
El Cordobés, en la corrida del 13 de julio de 1965, dando pases con la montera a las almohadillas que caían

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Fernando Hernández

Actualizado el 13/06/2025 a las 12:07

Era el 13 de julio de 1965 y llovían almohadillas en la plaza de toros de Pamplona. Manuel Benítez, el Cordobés, la gran estrella taurina de la época, era objeto de una bronca de proporciones homéricas.

El Cordobés, que había sido detenido cuando saltó como espontáneo a una plaza en 1957, tomó la alternativa en 1961. En 1965 se había convertido en la gran figura de la fiesta, no exenta de polémica por sus extravagancias, como el salto de la rana, delante del toro. En 1967, Dominique Lapierre y Larry Collins contaban la historia de la España de la posguerra a través de la figura del Cordobés. Su título hacía referencia a una promesa que le había hecho a su hermana: “Te compraré una casa, o llevarás luto por mí”.

El diestro ya había participado en los Sanfermines de 1963, también en la corrida del 13 de julio, también con dos sonoras broncas. “El Cordobés, que no se pone colorado a la hora de cobrar, escapó por el callejón como alma que lleva el diablo en medio de una lluvia de almohadillas”, escribía en Diario de Navarra Filoteo, seudónimo de Teófilo Etayo.

Dos años después, la crónica del patio de caballos narraba que el Cordobés había llegado a Pamplona a las once de la mañana. “Se hospedó en el hotel Yoldi y no recibió a nadie”, contaba Julio Martínez Torres. Aunque el hotel estaba lleno de curiosos, descansaba con dos guardias en la puerta: “No recibe porque el diestro quiere descansar. Esta tarde es de gran responsabilidad”, decía uno de sus colaboradores.

Después, llegó la bronca. José Javier Uranga, que firmaba como Ollarra la crónica de la corrida, valoraba que en su primer toro había tenido “el mérito de intentar el toreo de verdad”, sin los “trucos” a los que acostumbraba el Cordobés. Durante la faena del segundo, comenzaron las protestas, hasta que arreció la bronca antes de entrar a matar. Tras dos estocadas fallidas, coge el estoque de descabellar y “parece que no quiere matar al toro porque se limita a acariciarlo con el verduguillo”. Necesitó una docena de intentos antes de despenar al astado.

“La bronca fue épica —contaba Uranga—, tremenda, de las que dejan raya. Y siguió la bronca, más fuerte todavía, cuando el torero se retiró, dando pases a las almohadillas y mirando al sol, hacia el callejón. Allí le rodearon los guardias para protegerlo. Fea, es verdad, fue la actitud de los tendidos para con El Cordobés, hostilidad tal vez injustificada; pero el torero no se amilanó y correspondió con su comportamiento al de un sector del público. Muy mal todos”.

El Cordobés se retiraba entre insultos. La crónica del patio de caballos seguía: “Entra en el callejón camino del patio de caballos y se arma casi una batalla campal entre algunos espectadores, el toreo y sus peones. Los espectadores le dicen sinvergüenza, robajornales y otras lindezas más groseras. Él contesta en los mismos términos. Ellos siguen insultando. Él suelta alguna patada. Ellos lanzan varios puñetazos, Uno hace puntería en el ojo de un peón. La policía armada corta la bronca y saca las porras, pero sin hacer uso para nada de ellas”.

Cogió un coche que le llevó al Yoldi. Subió a la habitación, se cambió y salió a las siete y veinticinco por la puerta para subirse a un vehículo que le esperaba con el motor en marcha.

Unos mozos en los Sanfermines de 1965 con un cartel que dice: "Si quiere ser mi amigo, no me hable del Cordobés"
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Unos mozos en los Sanfermines de 1965 con un cartel que dice: "Si quiere ser mi amigo, no me hable del Cordobés"ZUBIETA Y RETEGUI/FOTOTECA AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA
Unos mozos en los Sanfermines de 1965 con un cartel que dice: "Si quiere ser mi amigo, no me hable del Cordobés"

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Era la gran estrella de los toros de la época. Se decía que cobraba entre 1.000.000 y 1.200.000 pesetas por corrida. Hoy, según el INE, serían unos 200.000 euros, pero si tenemos en cuenta el coste de la vida de entonces parece mucho más: se anunciaban entonces pisos en construcción en San Juan desde 300.000 pesetas. La bronca traspasó toda la ciudad. Un grupo de mozos recorría las calles con un cartel improvisado en el que se leía: “Si quiere ser mi amigo, no me hable del Cordobés”.

Un par de días después, el periódico publicaba una carta que la peña cordobesista de Valladolid había enviado al diestro: “Manolo, tú has levantado la fiesta que estaba olvidada. La peña que lleva tu nombre en Valladolid te pide que no vuelvas por Pamplona”. El Cordobés les hizo caso y nunca volvió a torear en Pamplona.

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