Imagen de las figuras que componen la Comparsa de Gigantes de Pamplona
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Escudriñando la Comparsa

Es un primer paso que, sin duda, contribuirá a mejorar el significado de este representativo bien patrimonial de la ciudad. El consistorio ya tiene entre sus manos el primer informe sobre el verdadero estado de sus figuras por excelencia

Noelia Gorbea

Publicado el 11/07/2021 a las 06:00

Sin pensar. Diga lo primero que se le pase por la imaginación cuando piensa en la palabra ‘Comparsa’. Sí, sí, la de Pamplona. Sin querer adivinar el porvenir, seguramente adjetivos como alegría, euforia, diversión, desenfreno... o sustantivos como sentimientos, niños, infancia... sean algunos de los más recurrentes.

Y lo son porque estos días de no sanfermines ya se nota la morriña. Quizá no en todo momento, pero sí en determinados ambientes. El ejemplo por antonomasia es la Ciudadela, bastión convertido esta semana en fortaleza de gigantes, kilikis, zaldikos y cabezudos. Las largas colas simplemente vaticinan lo que ya todos sabemos. Echamos de menos la euforia que desata la Comparsa.

INSTINTO

Precisamente por esta amalgama de sensaciones positivas que despiertan sus figuras, el Ayuntamiento de Pamplona está moviendo ficha. Quiere ayudar a conservar de la mejor manera posible este bien patrimonial. Y para empezar por el principio, ya tiene en sus manos un informe que le certifica en qué estado se encuentra el grupo. ¿Quieren saberlo? No se pierdan estas líneas.

Documentan las restauraciones, con finalidad práctica y funcional

Los gigantes, bailando en la plaza del Ayuntamiento en Sanfermínes anteriores
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Los gigantes, bailando en la plaza del Ayuntamiento en Sanfermínes anterioresGarzaron
Los gigantes, bailando en la plaza del Ayuntamiento en Sanfermínes anteriores

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Gigantes que bailan, giran, se balancean... y, en alguna que otra ocasión, se caen. Kilikis que vuelan detrás de los niños agitando sus vergas, cabezudos que aguantan solemnes las cientos de manos que los tocan a diario y zaldikos que se chocan casi constantemente para abrirse paso en la marabunta que los espera. Bien sea un 7 de julio, la festividad de San Saturnino o la algarabía de San Fermín Txikito.

Sea como sea, lo cierto es que la comparsa, con sus 25 integrantes, ha sufrido las inclemencias del fin para la que fue diseñada. Diversión y música que, irremediablemente, la han empujado a sufrir un buen número de coscorrones, golpes, desgaste de pintura, rotura de parte del armazón, desgarros de tela, pérdida de parte de alguno de sus elementos decorativos... Un listado que, dada la edad que atesoran, bien merece tenerlo en cuenta.

Suman ya 161 años de antigüedad, lo que, a ojos de los expertos, les hace entrar dentro de la lista de necesidad de custodiar. La Comparsa es, sin duda, patrimonio cultural de la ciudad, aunque no esté protegida legalmente a día de hoy. Por ello, desde que fueran creadas esas cuatro parejas de reyes (representando los cuatro continentes conocidos en aquel momento y donde Oceanía quedó ausente), el grupo acumula una serie de restauraciones. ¿Cuántas? Hasta trece desde 1922.

DIFICULTADES REALES

Al menos así lo documentan los expertos que han elaborado el primer informe sobre el estado de conservación de este elenco de figuras para el Ayuntamiento de Pamplona. Dicen, además, que “el conjunto de figuras ha llegado hasta hoy muy retocado”. Dicho esto, el texto que avala este análisis admite la dificultad en diseminar las intervenciones, ya que están “escasamente documentadas”. No obstante, sí existe ahora un primer registro, empezando por 1922, año en el que se sustituye la sombrilla antigua de Japonesa por una real. Hay que esperar a 1941 para que a Nicolás Cejuela se le relacione con los trajes de Caravinagre y Verrugón. Más adelante, en la década de los sesenta, se cambia la verga de tripa. En su lugar se colocan unas pelotas de colores de plástico y más tarde espuma enfundada en red de plástico fino.

Con el fin de aligerar el peso, prosigue el informe, se opta por cambiar caballetes y vástagos del castillete original de dos de los gigantes (europeo y africano) por otros construidos en perfil de aluminio. Era 1970. Tal y como atestiguan, es entre 1986 y 1993 cuando se afronta una importante tarea de restauración de todas las figuras, incluyendo el rasgado para respiradero en Kilikis y Cabezudos de 1992.

Una vez hecho, las últimas intervenciones renuevan la indumentaria del rey asiático (1995); cambian de casacas a los dos reyes americanos (2009); restauran a Caravinagre y Alcalde con motivo del 150 aniversario de la Comparsa (2010); se moderniza la indumentaria de Josemigulerico y la chaqueta de Sidi adb el Mohame; y se repara a Coletas (2020). A este elenco hay que añadir la sustitución paulatina durante la última década de la ropa a kilikis y cabezudos por encargo de Mari Ganuza.

Microscopios, luz ultravioleta e infrarrojos ‘atraviesan’ las figuras

La coimparsa actuó el primer fin de semana en julio cientos de personas. En la imagen, un momentodel evento en la Ciudadela
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La comparsa actuó el primer fin de semana en julio cientos de personas. En la imagen, un momento del evento en la CiudadelaGarzaron
La coimparsa actuó el primer fin de semana en julio cientos de personas. En la imagen, un momentodel evento en la Ciudadela

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Digámoslo de alguna manera: se trata de un patrimonio cultural en movimiento. No para. Y no lo hace porque fue concebido para tal fin. Fue creado para bailar, festejar, alegrar... Un sinfín de connotaciones que son intrínsecas a la Comparsa y que, sin ellas, las figuras que la componen no serían lo que son. De ahí la dificultad de conservar esta ‘joya’ de Pamplona en óptimas condiciones.

Pese a la premisa, el Ayuntamiento se ha propuesto ‘salvar’ a gigantes, kilikis, cabezudos y zaldikos. Y lo hará a través de un proceso de restauración paulatino y constante. Pero para llegar hasta este punto, es imprescindible conocer hasta qué punto requieren de intervención cada una de las figuras de la Comparsa de Pamplona.

HÁBITOS QUE CONDICIONAN

Gracias a un estudio encargado por el propio consistorio, los expertos en la materia saben ahora a qué enfrentarse. Como que los desperfectos más habituales son los ocasionados durante las actuaciones. Afirman los investigadores que las figuras en los pasacalles tienen que abrirse paso entre una multitud de gente que quiere tocarlos, pararlos para hacerse una foto o actos que ya son costumbre como la entrega de chupetes o el beso de los niños. “Son numerosas situaciones de riesgo en las que están expuestas a empujones, tirones, golpes, tropezones, derrame de bebidas, además del propio estrés de la danza, las carreras y los saltos de las figuras”, enumeran.

Asimismo, se advierte que la ropa en uso después de desvestir a las figuras se cuelga en percheros; pero que las perchas no son adecuadas para el tamaño y peso de los trajes. “La mayor parte son perchas metálicas que en condiciones de humedad oxidan los tejidos, además, por la fina sección del alambre marcan y pueden llegar a romper las telas. También se marcan y deforman por el peso”, indican los entendidos. A esto hay que sumarle la casuística de que, en las salidas, gigantes y demás están expuestos a la radiación solar, que produce daños irrecuperables como alteraciones cromáticas irrecuperables.

En este contexto, los investigadores llegaron a utilizar microscopios estereoscópicos para analizar las diferentes muestras (cartón del peto del rey Europeo); luz ultravioleta para estudiar las superficies (se visualizan masillas de restauraciones en el kiliki Verrugas); y espectrografía infrarroja, aunque sus resultados no resultan demasiado significativos. Finalmente, también se envían materiales a un laboratorio, donde se obtiene, por ejemplo, tejido original imprimado de la reina Africana.

El ‘vacío legal’ de gigantes, kilikis, cabezudos y zaldikos

Las de Pamplona, a pesar de ser figuras centenarias con un importante valor sociocultural, no están sujetas a una catalogación que reconozca su valor material. Esta desprotección, general a las colecciones de Comparsas de gran parte de las poblaciones de España, pone en evidencia la necesidad de incluir la figura festiva en un régimen de protección legal.

El primer paso hacia este reconocimiento lo dio la UNESCO en 2005 al otorgar la categoría de obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad a los Gigantes y dragones procesionales de Bélgica y Francia. En ese mismo año entró en la lista de salvaguarda del patrimonio inmaterial ‘La Patum de Berga’, de Barcelona. “Las comparsas más antiguas, construidas con técnicas tradicionales, como es la de Pamplona, con el paso del tiempo y el cambio de sensibilidad hacia el Patrimonio Cultural han adquirido un valor histórico a la vez que etnológico, que como sociedad debemos preservar”, expresan los investigadores.

ANOMALÍAS AL SEGUNDO

De ahí que el consistorio sostenga que, en aspectos de restauración se han planificado dos tipos de intervención: la de urgencia, que atenderá los desperfectos que requieran ser subsanados de inmediato en los periodos de actuaciones; y, por otro lado, el mantenimiento anual, que serán restauraciones realizadas por profesionales. “Se entiende con ello que son especialistas con criterio prioritario de respeto a la obra”, aclaran desde el Ayuntamiento de Pamplona.

Como broche, el análisis sostiene que sería conveniente la colocación dentro del local donde se almacenan las figuras de un termohigrómetro permanente con almacenamiento de datos para controlar el efecto sobre la conservación de las piezas. Con ello, en caso de detectar alguna anomalía en las inspecciones periódicas, se podría plantear el control ambiental completo (contaminación, biológico, temperatura y humedad relativa) a una empresa especializada.

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