Cuatro orejas en la última corrida de los Sanfermines 2017
Un bravo Rafaelillo cerró la feria con una nueva puerta grande ante una flojísima y decepcionante miurada; Javier Castaño y Rubén Pinar cortaron sendas orejas y sus fallos con los aceros les privaron de salir en volandas


Actualizado el 15/07/2017 a las 00:37
Rafaelillo recibió al primer miura con una larga y un farol de rodillas en tablas, que debe de ser algo así como endilgarse una copa de sol y sombra nada más levantarse de la cama. Pero el de Zahariche no era de coñac; acaso ni de mantequilla, ya que su fulgor inicial quedó dramáticamente reducido desde el primer encuentro con el caballo y se quedó tan suave y meloso como un curasán, con dos pitones pero un curasán; tan noble y bobalicón que el pequeño torero de Murcia anduvo tan sobrado y fácil que le cortó la oreja sin despeinarse. La estocada certera es el mejor resorte para el pañuelo en este festival de orejas que se ha convertido la feria de San Fermín.
Seis toros de Miura, en el tipo de la casa, pero flojos en extremo, de poca casta, sin emoción ni gracia.
Diestros
Rafael Rubio ‘Rafaelillo’: oreja y oreja tras aviso (salió por la puerta grande). Javier Castaño: oreja y saludos. Rubén Pinar: silencio y oreja.
Presidencia
A cargo de Aritz Romeo, asesorado por Josetxo Gimeno y Jesús María de Andrés.
Incidencias
Lleno aparente en los tendidos, en una tarde fresca y soleada.
CASTAÑO Y LA SILLA
En el quinto, el diestro leonés salió decidido a por un nuevo triunfo. Comenzó la faena sentado en una silla ante un burel tostado muy descarado de cuerna que mediada la faena embistió con algo más de motor. Muy firme Castaño, manejando muy bien los flecos de la muleta dejándolos en el morro para tirar de él en varias series muy logradas y con compás. Era de oreja, pero falló con la espada y se marchó caminando pero orgulloso de sí mismo porque estuvo a un gran nivel.
El tercero tuvo una única virtud: humillar. Pero visto el resto de sus constantes vitales este cronista cree que se debió al peso de sus pitones bizcos y acapachados más que a su condición, que no era muy lejana al aspecto de viejo buey y sus andares indefinibles. De mazorca amplia y de longitud mediana, la materia prima del miura fue en este caso de una aleación gomosa, ya que a pesar de su forma de caminar trastabillándose acababa volviendo a su ser para asombro de la ciencia biodinámica. La faena de Pinar fue una porfía similar a la de sus compañeros pero marró a espadas. Así que se quedó sin oreja.
El último de la feria tuvo un punto más de exigencia. Pinar se trabajó la faena por ambos pitones y estuvo realmente valiente para sortear tarascadas y derrotes al aire. No quería irse sin puntuar y entre la ola que hizo la plaza y un olé que salió del tendido dos consiguió cierto brillo en una faena marcada por su entrega. Entró la espada y salió el pañuelo.

