Universo San Fermín

La piel del mestizaje

La francesa Anne Radjassamy es fruto del enlace entre Benjamin y Flora. Él es indio y ella, vietnamita

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La piel del mestizajeEduardo Buxens
La piel del mestizaje

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 10/07/2017 a las 06:00

A Anne Radjassamy le gusta contar historias como buena periodista, de amplio bagaje cultural. Estudió en París Periodismo y Ciencias Políticas, además de Lengua, Literatura y Civilización Española. Un objetivo -dedicarse a la narración de pluma fina y poso humano- desbrozó la senda que le condujo en 2011 a profundizar en los estudios de periodismo en la Universidad de Navarra.

Una de sus mejores historias que pudiera describir tiene tintes biográficos en una encrucijada de encuentros fortuitos que dejaron de serlo por la fuerza de la atracción. A sus 28 años, Anne es la segunda hija de Benjamin y Flora, dos nombres marcados por un destino en París.

Él era una promesa del críquet en la India. Su localidad natal, Pondicherry, situada en el extremo meridional del país, se bate por su supervivencia bajo la amenaza del ascenso del nivel del mar. Una beca al mejor practicante de la modalidad para estudiar en aquella ciudad del mundo que quisiera le puso en la senda de los Estados Unidos, donde acabó estudiando Ingeniería Mecánica en Detroit, la ciudad del automóvil.

En un viaje de estudios a París descubrió su destino definitivo, al lado de la entonces responsable del programa de recepción de estudiantes extranjeros en la Universidad de la Sorbona. Flora, que nació en “Saigón cuando era Saigón” (Vietnam), había trazado antes un rumbo paralelo.

Hace seis años, cuando su segunda hija se encontró en la disyuntiva de qué hacer con la inquietud que le corroía sus entrañas -profundizar en los estudios de periodismo-, recibió de un profesor en París, de nombre Rubén, una interpelación clave en todo discernimiento: “¿Tú qué quieres hacer?”. “¿Quiero irme a España?”, le respondió. En Anne, además de la seducción de la narración, siempre hubo un deseo de “hablar castellano”.

La Universidad de Navarra apareció como la propuesta que le confió su mentor. Enfrascada durante seis meses en el alambicado proceso de la burocracia en la embajada en París, el 27 de mayo de 2011 llegó para realizar una prueba de acceso. “Me acuerdo que hacía frío. No puede ser. No hay sol. No hay playa. No hay flamenco”. Así es Pamplona, donde tan pronto sale el sol como se apaga, con la necesidad de tener a mano una chaquetica.

La admisión le abrió a una nueva experiencia, que desembocó hace año y medio en Diario de Navarra.

En sus explicaciones sobre los Sanfermines muestra un dominio del lenguaje y una capacidad ingeniosa para describir escenas. Dice que la fiesta “es una rutina, un protocolo. Dentro del follón está todo superorganizado. Es una rutina, casi religiosa. Está la rutina de preparar la ropa, de comprobar si te vale, de planchar el pañuelo y de ver si la faja está gastada”.

Y dice también que cuando la plaza del Ayuntamiento aparece atestada de gentío “es como un corazón latiendo”. Francia, su país “tiene mucha envidia de Pamplona, que es capaz de juntar a todo el mundo en una fiesta”. Pese a su ausencia de los dos primeros días, Anne se fundirá en la piel del mestizaje que cubre ya la ciudad.

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