"¿Puede modificarse la Constitución por una convención?"

Publicado el 09/09/2023 a las 06:00
Se inicia el curso político con propuestas de desvertebración del Estado, de nuestro Estado constitucional, que sostiene la nación española. El lehendakari Urkullu ha saltado a la palestra, con una propuesta de reforma constitucional encubierta bajo la fórmula de la figura de las convenciones británicas, tendentes a un nuevo pacto, al margen de la CE/78, que pretenda reconocer la plurinacionalidad del estado y el derecho a decidir, al menos para Vascongadas, Navarra y las llamadas comunidades históricas, esto es, Cataluña y Galicia, y dejando al resto a la intemperie.
Sin embargo, a la vista de las tesis radicales de los independentistas catalanes -república laica e independiente- la presente puede parecer hasta moderada. Pero no lo es, pues pretende abrir un periodo constituyente, pero sin Constitución.
La articulación de ese nuevo pacto sobre reconocimiento de la “plurinacionalidad del Estado” (repárese que no se habla de España como nación de naciones a la que se refería en sentido cultural el gran historiador Jover Zamora) sino que con referencias 'dejà vue', de vuelta al pasado (años treinta del S. XX (mención a la Galeuzca), propone bajo la apelación a la figura de la convención en Derecho inglés, abrir un periodo constituyente en el que se cambien las reglas de juego de 1978 y de su posterior desarrollo constitucional tras casi 45 años de su vigencia y 44 del Estatuto vasco, que sin aquella sería imposible; aspecto nada baladí que suele olvidarse en Sabin Etxea .
Inglaterra, como es sabido, es un país sin constitución escrita, es decir lo que se denomina con Constitución flexible, que posibilita que el parlamento de Westminter pueda hoy modificar cualquiera de sus grandes monumentos legales (integrantes del Statute laws), por ejemplo, Bill of Right, Actas de unión de Escocia y Gales, etc..., por mayoría en el Parlamento.
En ese contexto, las convenciones constituyen en derecho inglés formas políticas alejadas de las jurídicas, que han posibilitado en el Reino Unido la existencia del “Gabinete”, la “oposición de su Majestad” o la disolución de la Cámara a requerimiento del primer ministro etc... Es decir, las convenciones son algo así como el poder normativo de lo fáctico, que constituyen elementos esenciales a la estructura constitucional del sistema británico, sin estar escritas.
La formulación de la propuesta de Urkullu me parece de imposible encaje constitucional entre nosotros, pues quiere proyectarse como si la CE/78 no existiese, contrastando vivamente dicho planteamiento con la rigidez de defensa del Estatuto Vasco. Tótem para los nacionalistas, pese a ser aprobado por las Cortes Generales, que debe ser siempre y en todo caso, objeto de cumplimiento incondicionado hasta la última coma de su articulado.
¿Cómo se entiende soplar y sorber al mismo tiempo? Así, para el Estado español, como se califica a España, se postula la flexibilidad e incumplimiento constitucional total, pero para el País Vasco, rigidez absoluta en el cumplimiento de su Estatuto y en caso de alguna demora o condición, amenazar con el uso del gatillo parlamentario para torcer voluntades tan poco firmes en este punto como la del presidente del gobierno en funciones.
La propuesta, si no fuese por venir de donde viene (socio de gobierno con posibilidad de veto), podría calificarse de exótica, si excitásemos la figura del observador imparcial o la más viejuna del jurista persa.
Esta es la primera propuesta de desvertebración del Estado-Nación; no será la última. Hace falta, en consecuencia, una estrategia de pedagogía constitucional ante la ciudadanía, sin extremismos, pero alertando sobre la realidad de los riesgos que corremos si no queremos ver una España balcanizada en la próxima década o aun antes.
Europa nos mira, pero la responsabilidad es nuestra. 1.6 millones de españoles aunque fuesen todos separatistas (los que votan a los partidos nacionalistas e independentistas) no pueden jugar con una nación de ciudadanos de 48 millones.
En definitiva, Urkullu propone la vuelta la pasado, mirando de reojo al Pacto de San Sebastián (Agosto de 1930) que nos retrotraiga a los tiempos de los versos de A. Machado; 'Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón'.