Opinión
"Da algo de pena ver cómo candidatos hechos y derechos se ven abocados a esconder sus cualidades y a cambio hacer el indio en los platós y practicar un ‘bullying’ de patio de colegio"
"Y los ‘spin doctors’ trabajan con denuedo para proveer al líder de argumentos ajustados a la retórica del ‘show’: no convencer, sino seducir. No razonar, sino inflamar"

Publicado el 23/10/2026 a las 19:38
Quién iba a decir que años después los políticos harían caso a la consigna del recordado Julio Anguita "programa, programa, programa". Eso sí, con un ligero matiz: a los programas políticos les han sucedido los televisivos. La primera aspiración del candidato en esta precampaña es ir a lo de Broncano, o a lo de cualquiera de sus competidores en otras cadenas. Y los ‘spin doctors’ trabajan con denuedo para proveer al líder de argumentos ajustados a la retórica del ‘show’: no convencer, sino seducir. No razonar, sino inflamar. No explicar, sino asombrar. A primera vista parecía que las llamadas al voto útil, más insistentes que otras veces, anunciaban una campaña dirigida a las cabezas. Pero de momento los mensajes con pegada están siendo los que apuntan a los corazones, unos por la vía cursi y otros a tortazo limpio. Al beso de amor en escena le sucede un montaje infamante del rival hecho por la IA, y la sátira descarnada convive con el amago de baile, el bulo o la parodia. La finalidad es humanizar lo más posible al propio y deshumanizar al contrario.
Da algo de pena ver cómo candidatos hechos y derechos se ven abocados a esconder sus cualidades y a cambio hacer el indio en los platós y practicar un ‘bullying’ de patio de colegio, pero esas son las reglas del nuevo ‘politainment’, que es como llaman ahora al cruce de política y entretenimiento, el último grito en economía de la atención. La rueda lleva girando pocos días, pero hemos podido ver más: tertulias de magufos reconvertidas en cónclaves de finos analistas, visitas de gobernantes histriones de ultramar a quienes nadie quiere salir a recibir, memes que van y vienen de las sedes de partidos a las redes sociales y de ahí a los telediarios, encuestas sometidas a tortura hasta dar el resultado conveniente, como si todo respondiera a una calculada conjura para tratar al votante por idiota. O para guardar en secreto las intenciones de gobierno, siguiendo la doctrina Inda, hasta no tener ganadas las elecciones. O, mirándolo por el lado positivo, para ofrecerle solaz y diversión desde los programas de variedades, visto el problemático recorrido que espera a unos programas políticos de improbable cumplimiento en el panorama convulso que nos acecha a la vuelta de la esquina.