Opinión

Navarra y su espacio en geopolítica

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Gustavo Galarreta

Publicado el 18/10/2026 a las 05:00

Navarra ocupa en estos momentos un lugar visible en la geopolítica internacional y la defensa europea. En un tiempo de máxima volatilidad global, donde el equilibrio de poder en el Viejo Continente se redibuja a diario, nuestra Comunidad foral ha dejado de ser un mero espectador geográfico para aportar su granito de arena en la proyección y ejecución de las misiones de la OTAN. Esta realidad, evidencia que el territorio navarro aporta capacidades críticas e insustituibles a la seguridad colectiva de Occidente. 

A menudo se percibe la política exterior y la defensa estratégica como asuntos abstractos que se dirimen exclusivamente en los despachos de Bruselas, Madrid o Washington. Sin embargo, la seguridad internacional no se improvisa en las moquetas de las cancillerías; se forja sobre el terreno. En este sentido, en estos momentos concretos Navarra vertebra de manera directa dos de los vectores más sensibles e importantes del flanco este y norte de la Alianza Atlántica: la preparación táctica de nuestros pilotos de combate en el Polígono de tiro de Bardenas y el despliegue de Tropas del Mando de Montaña con sede en Navarra hacia los confines árticos fineses en la frontera con Rusia.

El primer pilar de este protagonismo foral se encuentra en la Ribera. El Polígono de Tiro de las Bardenas Reales es una infraestructura de adiestramiento vital para el Ejército del Aire y del Espacio español. La capacidad de entrenar con munición real y realizar simulaciones tácticas complejas en un entorno controlado, otorga a las tripulaciones aéreas unas destrezas operativas que no pueden simularse en ningún ordenador. Este riguroso adiestramiento en suelo navarro es el eslabón imprescindible que permite a los pilotos españoles asumir con éxito misiones de altísima tensión a miles de kilómetros.

La conexión es directa: el esfuerzo de preparación en las Bardenas dota de músculo a la participación de España en la Policía Aérea del Báltico. En un espacio aéreo fuertemente disputado y monitorizado, la interceptación de aeronaves y drones no identificados exige una pericia milimétrica, como se ha visto en las recientes incursiones de aeronaves rusas en los espacios fronterizos entre los países bálticos y Rusia. Navarra, al albergar y mantener este campo de entrenamiento, contribuye directamente a disuadir cualquier amenaza en los cielos de Europa oriental y a blindar las fronteras aliadas.

Pero el peso estratégico de Navarra no se limita al espacio aéreo. El segundo foco se sitúa sobre la proyección terrestre de Tropas de Montaña. En este capítulo juega un papel importante el Regimiento “América” n.º 66 de Cazadores de Montaña, una unidad histórica con un arraigo profundo de 150 años de presencia continuada en Navarra y con sede en el acuartelamiento de Aizoain. Estos hombres y mujeres se preparan para formar parte de un despliegue sin precedentes en Finlandia. Este movimiento militar responde al nuevo escenario estratégico derivado de la incorporación del país nórdico a la OTAN, un hito que duplicó la frontera terrestre de la Alianza con la Federación Rusa. El Regimiento “América” 66 está considerado una de las unidades de élite mejor preparadas del mundo para el combate y la supervivencia en condiciones extremas. El envío de un contingente de 150 efectivos, bajo el Mando de las Tropas de Montaña, a la gélida e inhóspita región de Laponia no es un ejercicio rutinario; es una misión OTAN de contención real en una de las zonas geográficas más sensibles del planeta. Las capacidades técnicas del soldado de montaña, forjadas en la dureza de los Pirineos, son precisamente las que ahora se requieren para patrullar y defender el flanco ártico bajo temperaturas extremas. Las botas de las tropas con base en Aizoain pisarán la nieve finlandesa para garantizar la integridad y soberanía de todo el suelo euroatlántico. Estas dos realidades paralelas configuran una pinza estratégica de un valor incalculable. Por un lado, Navarra ofrece la infraestructura necesaria para que el poder aeroespacial español mantenga sus máximos estándares en materia de combates aéreos. Por otro lado, aporta el capital humano y operativo más especializado del ejército de tierra para desplegarse en misiones de primera línea. Ambas circunstancias demuestran que la contribución de la nuestra Comunidad foral trasciende por completo el ámbito local o nacional. Navarra es, por méritos propios, una pieza más en el engranaje defensivo de Europa Occidental.

En definitiva, el análisis de la coyuntura geopolítica actual nos obliga a valorar a Navarra desde una perspectiva mucho más amplia. El compromiso foral con la paz y la estabilidad internacional es firme y tangible. Desde los áridos paisajes de las Bardenas Reales hasta los bosques congelados de Laponia, el nombre de Navarra y el valor de sus militares se muestran como un baluarte de seguridad. En este momento de redefinición histórica, el mapa de la geopolítica mundial hace un pequeño guiño a nuestras tierras navarras.

Gustavo Galarreta es analista de seguridad y defensa.

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