Opinión

¿Bye, bye, Geroa Bai?

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Manuel Sarobe

Publicado el 18/10/2026 a las 05:00

A las elecciones generales convocadas para el próximo día de San Saturnino les seguirán, el año que viene, las autonómicas y municipales. Los partidos políticos ultiman programas, estrategias, coaliciones… y candidaturas, claro. Uxue Barkos volverá a encabezar el cartel para los comicios forales. La apuesta es arriesgada. Expliquemos por qué.

Barkos fue la primera mandataria desde el desarrollismo de los pasados años sesenta que utilizó nuestro Régimen Foral en perjuicio de Navarra. Recordemos que la foralidad no es ni buena ni mala en sí misma: todo depende del uso que se haga de ella. Con Barkos, Navarra se pegó un tiro en el pie.

El declive del Viejo Reyno iniciado con el cambio que ella lideró en 2015 nos deja, una década después, un panorama bastante desolador: la alta fiscalidad ha desincentivado la llegada de talento e inversión, mientras se dispara el número de funcionarios; las listas de espera en Sanidad rozan máximos históricos; la educación ha tocado fondo; los solicitantes de vivienda protegida se han quintuplicado; las infraestructuras estratégicas, como la segunda fase Canal de Navarra o el TAV, están estancadas; nuestro PIB crece por debajo de la media nacional; hay más pobreza… Se ha conseguido, al menos, reducir la deuda pública, logro nada sorprendente con tan desbocada recaudación.

Al margen de todo ello, Uxue Barkos es una política amortizada. No lo digo yo, sino los suyos. En las últimas elecciones forales, la lista que capitaneó perdió dos parlamentarios. Las encuestas auguran que esta sangría continuará en los próximos comicios. Todo indica que Bildu, que siempre ha mirado con condescendencia a los ‘geroas’, volverá a darles otro bocado. El voto a GBai solo servirá para seguir blanqueando a los abertzales y auparlos tanto al Gobierno Foral como al Ayuntamiento de Pamplona. A menos que el socialismo consiga librarse de Pedro Sánchez y recupere la cordura...

Recuerden que Barkos abandonó a la carrera el Parlamento Foral para refugiarse en el Senado, tras ganar en los despachos el escaño que las urnas negaron a su coalición. Poco sabemos de sus andanzas por una Cámara Alta en la que la mayoría absoluta del PP hace irrelevante su voto, más allá de su sospechosísima ‘espantá’ en la comparecencia de Antxon Alonso. Conocidos sus vínculos -y los de la empresa de su marido- con este tóxico personaje, es obligado preguntarse si en Geroa Bai no hay nadie con liderazgo suficiente, libre de toda sospecha.

Como sobre política local únicamente ha trascendido su monumental enfado por que las distintas policías que operan en Navarra actúen coordinadamente, habremos de valorar su candidatura por los méritos -o deméritos- de los consejeros de Geroa Bai en el Gobierno Foral.

En Sanidad, no añadiré nada más a lo que ustedes, sufridos lectores a la espera una primera consulta o una intervención quirúrgica, sepan ya. La gestión de Mikel Irujo tampoco ha sido especialmente eficaz. La industria, tradicional motor de nuestra economía, continúa perdiendo peso. La aprobación de la Ley Foral de Industria y Fomento Empresarial de Navarra, llamada a revertir esta situación, es inminente. No incluyendo ni financiación, ni incentivos fiscales, será complicado lograrlo.

Nos queda Ana Ollo, cuya memoria es muy selectiva. Concernida por lejanas dictaduras, ha recorrido Argentina y Chile, mientras evita arropar en Berriozar a la viuda del subteniente Casanova, asesinado por ETA. Deslegitimar el fascismo etarra -todavía presente en nuestras calles- debería ser prioritario, aunque para ello no habiliten ningún palacio o monumento.

A los mandatarios nacionalistas les salva que el Gobierno que preside María Victoria Chivite es tan malo, que el premio al peor consejero está disputadísimo, pues a él optan también con fuerza el tío Óscar, Carlos Gimeno, Begoña Alfaro…

Si a lo que realmente aspira Barkos es a seguir viviendo unos cuantos años más de lo público, yo le sugeriría que relevara a María Solana en el Consejo de Administración de RTVE, a razón de 125.000 euros brutos al año.

El verdadero problema de Geroa Bai es que han hecho de la coalición un partido/persona, con el consiguiente riesgo de que, desaparecida la persona, desaparezca también el partido, como ya sucedió con el CDN de Juan Cruz Alli.

La iniciativa de GBai de articular una candidatura conjunta al Congreso con sus socios de Gobierno, prueba de la debilidad de la coalición, ha resultado fallida. Para el Senado propusieron una agrupación de electores que reuniera a no nacionalistas de izquierdas con nacionalistas de derechas, para cerrar el paso a la ultraderecha come niños. Algo que tendría sentido si también repudiaran a la ultraizquierda proetarra, que no es el caso. Vaya ética de pacotilla. Tampoco lo han conseguido. PSN, IU y Batzarre se han coaligado, dejado a los pobres ‘geroas’ colgados de la brocha...

Yo invitaría a Geroa Bai a renovarse y a ocuparse menos de sus élites -una reducida camarilla que se reparte los puestos de relumbrón- y más de sus bases, huérfanas de referentes en la Navarra comanche. El éxito de Javier Ollo en Alsasua induce a pensar que, si esta coalición venciera su temor a disputar este territorio a la izquierda abertzale, podría multiplicar su representación.

Concluyo. A la política hay que saber llegar, y de la política hay que saber irse. A poder ser, antes de que te echen.

Manuel Sarobe. Notario.

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