Envido
"Chivite y su partido entregaron la consejería que hace frente al león de las listas de espera sin importarle demasiado que la fiera se comiera a un domador que no pertenece a sus filas"
Al PSN y Geroa Bai se les ha quebrado su tregua y aflora su rivalidad electoral, pues cuanto peor les vaya a los nacionalistas mejor esperan los socialistas que les vaya a ellos. Si Geroa Bai golpea con Belate, el PSN arremete con Salud


Publicado el 11/10/2026 a las 17:09
Lo que ocurrió el reciente jueves se esperaba desde un jueves de hace algo más de tres años. O un lunes o un viernes o hasta por qué no un domingo. Desde aquellos días de aquel verano en los que el PSN, Geroa Bai y Contigo Navarra negociaban cómo repartirse las consejerías del Gobierno y los socialistas publicitaron como cesión sacrificada que los nacionalistas ostentasen la cartera de Salud. Pero no había regalo, sino una trampa. Y estaba claro que ésta iba a activarse más tarde que pronto, concretamente cuando la calle que desemboca en las elecciones comenzara a ser caminada. Al consejero Fernando Domínguez le aguardaban con ganas sus amigos... Para amigos así, mejor no tenerlos.
‘Esporrín desgranó el impacto que supone para los pacientes las listas de espera. De entrada, un deterioro emocional y psicológico con ansiedad e incertidumbre por no saber cuándo va a llegar la cita, a lo que se añade la sensación de abandono e impotencia. Además, consecuencias físicas como el agravamiento de enfermedades o el hecho de que haya patologías que se cronifiquen “o se hagan más graves por la lista de espera”. A estos problemas resaltó el dolor crónico prolongado en algunas patologías, como pacientes que esperan una prótesis de cadera o rodilla, ya que se merma su calidad de vida y “el pronóstico después de tanto tiempo puede ser perjudicial y más grave”. Esporrín añadió también el impacto social y laboral de las listas de espera por la pérdida de autonomía, el deterioro físico, las bajas laborales prolongadas, la incapacidad de trabajar que puede generar inestabilidad económica y costes para las empresas así como sobrecarga familiar. Todo ello, añadió, conduce a una saturación de las urgencias al no recibir en consultas a los pacientes’. La crónica parlamentaria de este periódico en torno al pleno del pasado jueves había que leerla con café cargado y sin legañas en los ojos para no confundirse. Porque Maite Esporrín pareció política de la oposición en vez del PSN, partido gubernamental socio de Geroa Bai, coalición de Domínguez, a quien incluso le miró a la cara para espetarle: “Hay pacientes que esperan más de ocho meses para ser recibidos en una primera consulta. ¿Se imaginan la incertidumbre y el desasosiego que puede estar causando a las personas que sufren y a sus familias?”. Al consejero se le empañaron las gafas y la paciencia. “Me parece sorprendente que ahora se quieran poner de perfil con las listas de espera, como si no fuese con ustedes”, replicó, para añadir que entre 2019 y 2023, con la cartera sanitaria en manos socialistas, las listas engordaron un 63%. De que entonces hubo una pandemia que arrasó el sistema no se acordó.
Al PSN y Geroa Bai se les ha quebrado su tregua y aflora su rivalidad electoral, pues cuanto peor les vaya a los nacionalistas mejor esperan los socialistas que les vaya a ellos. Si Geroa Bai golpea con Belate, el PSN arremete con Salud. Domínguez estaba destinado a sufrirlo. María Chivite y su formación entregaron la consejería que hace frente al león de las listas de espera sin importarle demasiado que la fiera se comiera la cabeza de un domador que no pertenece a sus filas. No obstante, que unas 78.500 personas aguarden una primera consulta o una operación durante una media de 87 y 114 días también es un fracaso de la presidenta. No hay dos gobiernos, sino uno.