Opinión
Quieren nuestro dinero

Actualizado el 24/09/2026 a las 23:34
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, dijo hace unos días: “Hoy, 10 billones de euros de ahorro de los hogares están depositados en cuentas bancarias. Y una parte importante del ahorro europeo está invertida fuera de nuestro continente. Europa debe ahora poner estos ahorros al servicio de sus empresas”. Partiendo de la base de que tener dinero en efectivo es un grave error, por culpa de la inflación, mi primera pregunta para la presidenta sería, ¿Ha pensado usted por qué los europeos no quieren invertir en sus empresas? ¿Acaso no es habitual que el inversor particular prefiera meter su dinero en empresas cercanas? Por ejemplo, el inversor español es muy del IBEX. Aun así, 300.000 millones de euros se van fuera de la UE, fundamentalmente al S&P500 (empresas EEUU). No es que los europeos no quieran invertir, es que no quieren empresas europeas.
¿Es la financiación cara el problema de las empresas europeas? No, en absoluto, llevamos este milenio abusando de tipos de interés extremadamente bajos. Dinero gratis que ha ido a mantener con vida a empresas y estados zombis, que dispara el precio de la vivienda y las Bolsas, y que tiende a construir enormes trust empresariales a base de inflar de deuda sus balances (comprando “al debo”). Y por último, y no menos importante, un castigo al ahorrador que no recibe casi nada por su ahorro y le obliga a meterse en inversiones de más riesgo para tratar de no perder poder adquisitivo. Europa tiene talento, pero las empresas que nacen aquí también se van a USA. No es que tengamos un problema de falta de dinero, tenemos un problema de prosperidad empresarial. En innovación solo tenemos una gran empresa que es SAP, y ya tiene 54 años. ¿Por qué no copiamos a EEUU para ser atractivos a las empresas y al capital?
El dinero casi gratis es dinero estúpido. No construye buenas empresas, sino que llega dinero hasta los proyectos más mediocres. Y, claro, cuando las cosas se ponen mal, estas malas inversiones quiebran o aún peor, se convierten en zombis. Para ser zombi debes tener un buen enchufe que te de ayuditas, chantajear con despedir a tus empleados o ser demasiado grande para quebrar como nos contaron en 2009. Pero las empresas zombis no dejan florecer a las nuevas empresas. Lo justo es disparar en la cabeza de los zombis, como en las películas de serie B. Los que lo hacen mal deben quebrar. Y eso es lo sano. La inflación además provoca recaudaciones récord de impuestos. Ahora la guerra de Irán está provocando una subida fuerte del precio del petróleo estimulando además un incremento inflacionista. Recientemente estamos viendo como suben los tipos de interés en todo el mundo (menos en China, pero eso da para otro artículo) para tratar de parar la escalada inflacionaria. Estamos en riesgo de volver a un escenario parecido al de los años 70 de crisis económica y precios disparados.
En el día internacional de la educación financiera, el lema de este año ha sido “Ahorra. Invierte. Avanza”. Pues bien, la primera inversión tiene que ser en conocimiento financiero. Tenemos que comprender cuál es la situación económica en la que nos encontramos y tomar decisiones consistentes para invertir. Y cuidado con los asesores financieros que solo nos venden sus productos. Si estoy a régimen y le pregunto a mi carnicero qué comer probablemente me recomendará solomillo. Quizá sea mejor preguntar al dietista el cuál me dirá que mejor una buena ensalada de tomate de Azagra. En cualquier caso, las decisiones financieras no son delegables, es nuestra responsabilidad. La UE se parece cada vez más a China en cuanto a regulación, control, planificación y decisiones tomadas desde arriba. Quizá deberíamos copiar su capacidad de crecer, invertir y crear industrias atractivas. También convendría copiar lo bueno de USA en innovación. Y proteger el planeta claro que sí, con tecnología e innovación se puede. Señora Von der Leyen, no obligue a los ciudadanos a invertir aquí, más bien, preocúpese de que queramos invertir en una Europa próspera y con futuro.
Carlos Medrano Sola. Economista.