Opinión
"Los chicos hacen batallas de hacer el bobo, que es lo que hacíamos todos. Yo iba a un skate park en San Sebastián y era más malo que Pedro Sánchez"

Publicado el 01/09/2026 a las 19:52
Sin duda, la cosa tonta de este verano ha sido el contar cómo los chavales ahora farmean aura. Ya sabrán que así le llaman a ponerse el uno delante del otro y hacer gestos desafiantes, se supone que para quedar bien, aunque yo no puedo evitar mirarlos y pensar que nuestra civilización está perdida en la medida en la que los hijos son más tontos que los padres, y ese es el fin de todo. En realidad, no es así. El único defecto en el escándalo de la moda del aura lo tiene el que se escandaliza. Hay que dejar a los chavales que camelen, como decía el Fary, grandioso artista, que inspiró a su vez a otros artistas, sobre todo a Antonio Ferrera, que nos contó un día en La Olla que se ponía al Fary para inspirarse antes de torear.
La tauromaquia entera tiene que ver con el aura y con las energías de cada cual, que se expresan y se expanden por la plaza de curiosas maneras. Los chicos hacen batallas de hacer el bobo, que es lo que hacíamos todos, cada uno en su generación. Yo iba a un skate park en San Sebastián y era más malo que Pedro Sánchez, pero allí pasaba las horas y los días, porque hay una etapa de la vida para hacer el carajote y siempre es mejor andar por ahí farmeando aura que metiéndose en un parque clorhidrato de cocaína.
Cuando creemos que los chicos son tontos, en realidad los tontos parecemos nosotros, siempre atentos a magnificar la última bobada. El estúpido es el que le da importancia a lo que no la tiene. Por mí, los chavales pueden dedicar su tiempo a cazar Pokémon, farmear aura o a saltar a la pata coja, pues estoy en ese momento de la vida en que todo me parece bien.
A mi hija mayor le gustaba la novela romántica y contemporánea, y se leía uno detrás de otro cada truño, que yo quería arrancarme los ojos. Intentaba convencerla por todos los medios para que fuera, como mínimo, a Jane Austen y no había manera. Fue dejarla en paz para que leyera lo que le daba la gana, que es lo que tenía que hacer, y ya va por la mitad de la Odisea.