Opinión
"El verdadero logro del robot no consiste en haber corrido más que Bolt, sino en habernos convencido de que corría contra él"

Publicado el 29/08/2026 a las 05:00
La inauguración de los Juegos Mundiales de Robots de Pekín fue noticia en las páginas de Tecnología, pero para antes de su clausura el torneo ya andaba merodeando las de Deportes. Lo que ocurrió entretanto fue que uno de los atletas de plástico y cables había corrido los cien metros lisos en 8,64 segundos, que, traducido al lenguaje siempre excesivo de los titulares, se convirtió en que acababa de batir el récord mundial de Usain Bolt por 94 centésimas. Comprendo que sea tentador verlo de esa manera, pero mientras el COI no se pronuncie al respecto uno preferiría no dar al jamaicano por destronado.
Si hubiera que reconocer méritos a las máquinas en materia deportiva, antes que los robots estarían las bicis, las motos y los coches de carreras. La pregunta es por qué a nadie se le ocurre violentar la lógica comparando sus prestaciones con las proezas humanas, y en cambio las criaturas robóticas son vistas como rivales de hombres y mujeres en la carrera por ver quién llega más lejos.
Nos hemos acostumbrado tanto a los artefactos tecnológicos que ya son como de la familia. Hablamos con ellos, les confiamos nuestros secretos, les atribuimos inteligencia y les prestamos toda clase de atenciones y cuidados. Alejarse de ellos produce desasosiego, y tenerlos cerca crea la impresión de permanecer en lugar seguro, a salvo de peligros y daños, el no menor de los cuales es esa catástrofe contemporánea que consiste en sentirse incomunicados. Pero ningún aparato favorece tanto esta ilusión de parentesco como el robot antropomorfo.
Basta con ponerle dos piernas, dos brazos y una cabeza y luego darle cuerda para que dejemos de verlo como una máquina y lo consideremos una mascota fiel o un legítimo competidor. Que los llamemos con toda naturalidad ‘humanoides’ da idea del nuevo marco mental en el que nos hemos dejado instalar: la equiparación de humanos y máquinas o, lo que viene a ser lo mismo, la humanización de estas. La paralela deshumanización de las personas mejor la dejamos para otro día.
El verdadero logro del robot no consiste en haber corrido más que Bolt, sino en habernos convencido de que corría contra él. Tal vez sea un resabio de la vieja cultura analógica condenada a morir, pero entre un velocista jamaicano y un muñeco electrónico chino las simpatías de uno se siguen inclinando por el corredor.