Opinión

"Nuestra esposa es el Gobierno, con todo su gasto en propaganda, y ahí andamos, aguantando la vela mientras asaltan las fronteras"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 26/08/2026 a las 05:00

Durante la comparecencia de Margarita Robles en el Congreso de los Diputados, mientras hablaba el representante de Bildu, Ion Iñarritu —mi princesa Disney preferida—, se fue la luz y hubo risas. El apagón concede una imagen que evoca lejanamente al Tercer Mundo. No porque se vaya la luz, que es una cosa que ocurre en todas las partes del planeta decenas de miles de veces al mismo tiempo. Si cuando se va la luz nos parece que somos el Tercer Mundo es porque ya creemos que somos el Tercer Mundo, o el segundo mundo y medio. Por ahí andaremos, más o menos.

El otro día vi un vídeo de un youtuber cubano que quería hacer un plato parecido a una pizza, pero no tenía harina, ni mantequilla, ni aceite, ni casi sartén. Electricidad, de milagrito. Pero el nota se hacía su pizza aproximada, un trampantojo de la miseria, y daban ganas de mandarle seis familiares hawaianas.

No somos Cuba, pese a que le hubiera gustado a buena parte del Gobierno actual. Cómo hubieran disfrutado muchos de uniforme. Lo cierto es que en España, pese a la subida de impuestos, los servicios no es que hayan mejorado mucho en los últimos quince o veinte años. Recibimos lo mismo, pero pagamos el doble. Esa es la verdad.

Cuando estuvimos en República Dominicana con los amigotes —una de las pocas licencias que nos hemos tomado los amigotes en nuestra vida—, uno de ellos expresó las ventajas de haber acudido solo varones: "¿Veis que hemos hecho bien en venir sin las mujeres? Hubiéramos hecho lo mismo, pero nos habría costado el doble". Con los servicios ocurre lo contrario: recibimos lo mismo que hace quince años, pero pagamos mucho más. Nuestra esposa es el Gobierno, con todo su gasto en propaganda, y ahí andamos, aguantando la vela  mientras asaltan las fronteras y el presidente, ciego y loco de verano, recomienda canciones desde La Mareta.

Pero yo quería hablar del apagón, que tiene ese punto íntimo y golfo cuando se va la luz. Por eso a la gente le entra la risa. La oscuridad repentina es el territorio de la sorpresa, de la carcajada boba y de lo inesperado u el ‘uyuyuy’. Por eso van los diputados partiéndose la caja porque, se ha ido la electricidad. Antes de llegar el apagón, tampoco es que hubiera allí demasiadas luces.

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