Opinión

¿Y después de Almaraz qué?

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Juan Córdoba

Publicado el 25/08/2026 a las 19:29

Hace prácticamente un año el que escribe llegaba a la conclusión en estas mismas páginas de que “Almaraz, sí, gracias”. Hoy vemos que finalmente el Gobierno, ha decidido, a la vista de los datos y no de su relato, rectificar su plan de apagado de los dos reactores de Almaraz y prolongar su autorización hasta 2030. Ante esta rectificación, sin duda positiva, debemos preguntarnos si es suficiente. Antes de entrar a analizar la decisión merece la pena recordad que estamos en un tema ingenieril y en él los datos deben ser la base de las decisiones que deben tomar los políticos y que nos afectan a todos.

Resulta por tanto relevante revisar los datos en cuanto a los efectos del mix de generación eléctrica, sobre la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) y los costes de generación. El año pasado en España se generaron 267TWh de electricidad, emitiendo 135.000 ton de CO2 por cada TWh. Haciendo una multiplicación vemos que lo que emitimos a la atmósfera fueron 36 millones de toneladas. En Alemania, en teoría el modelo verde por antonomasia, se generaron 500TWh de electricidad y emitieron 171 millones de toneladas de CO2. Comparando, vemos que los alemanes generaron algo menos que el doble de electricidad, pero emitieron cuatro veces más de CO2 que nosotros. ¿Cuál es la razón? Alemania, para satisfacer las demandas del “lobby verde”, optó por mantener el apagón nuclear y el resultado está a la vista. Son los campeones en emisiones de CO2.

Por otro lado, la Comisión Europea ha asumido que la generación eléctrica nuclear será un pilar fundamental en el proceso de descarbonización europeo, y ha creado un grupo de trabajo -por desgracia sin representación española- para el desarrollo de la nueva generación de reactores nucleares. La empresa LAZARD, especializada en el cálculo de costes energéticos, ha llegado a la conclusión de que el menor coste de la electricidad es el obtenido en una central nuclear amortizada (operando más allá de los 40 años). Lo han cifrado en 31 US$/MWh por debajo del menor coste eólico 37US$/MWh o solar 40US$/MWh. Por tanto, merece la pena recordar que todos los reactores españoles (7) están próximos a los 40 años de explotación.

Pasando a analizar el documento emitido por el Gobierno -Orden TED/864/2026 del 12/08/2026- se comprueba que el cambio de posición se basa en diez consideraciones.

La primera no se ajusta a la verdad, ya que indica que la política energética española se alinea con la europea. Esa afirmación es falsa, ya que Europa ha corregido su estrategia: ha pedido a los países miembros que mantengan todos sus reactores nucleares operativos y apoyando, como indicaba más arriba, el desarrollo de la nueva generación de reactores.

En la segunda, cuarta y quinta, se manifiesta que es una medida acotada en el tiempo. El razonamiento solo se sostiene como excusa para no aceptar la realidad: la Comisión Europea propone mantenerlos, al menos, hasta los 60 años de operación. Esta postura, una vez más, asemeja a una estratagema electoralista. Evita tomar la decisión que, en pura lógica, se debiera tomar y pasa la “patata caliente” al próximo Gobierno. De esta forma ya contará con argumentos para volver al fundamentalismo verde y “atacar” a quien posiblemente esté en el poder y tenga que decidir que hacer más allá de 2030.

La tercera consideración del Gobierno hace referencia a que la necesidad que surge por los problemas en el estrecho de Ormuz. Esta afirmación tampoco es cierta, ya que los problemas de costes energéticos surgieron en 2022 con el inicio de la guerra de Ucrania.

En la sexta se mencionan los costes, pero no se indica que el menor coste de generación se obtiene en una central nuclear amortizada (operando más allá de los 40 años). En España todas se acercan a esa fecha, por lo que la mejor opción para el consumidor sería prolongar su explotación, al menos hasta 2050.

En la séptima, se refiere al tema de los residuos, una vez más sin datos. No indica que el mayor problema de residuos surge con el desmantelamiento de las centrales. En la operación normal, todas las centrales españolas generan alrededor de 210 ton de residuos al año. Residuos absolutamente controlados y que, en un futuro, cuando la nueva generación de reactores de neutrones rápidos esté operativa, allá por 2050, podrán ser reciclados en su mayor parte. En cambio, si la electricidad generada en los reactores nucleares se hiciera en centrales de ciclo combinado, quemando gas natural, se emitirían a la atmósfera 26 millones de toneladas de CO2 adicionales, sin ningún control.

En la octava el Gobierno, por fin, reconoce que este tipo de centrales contribuye a la estabilidad del sistema eléctrico y es un seguro frente a posibles nuevos apagones. Lo que no aclara es el por qué solo hasta 2030. Puede ser que para esa fecha estime que haya suficientes inversores generadores de red (grid forming), pero no deja de ser una estimación optimista muy alejada de la realidad actual.

En la novena plantea algo surrealista. Esta prolongación permitirá buscar nuevas opciones de empleo en el área de Almaraz. ¿Qué sentido tiene esto si la central puede operar, de manera estable y por tanto asegurando el empleo, al menos hasta 2050?

En base a todo lo anterior, el prologar solo dos reactores hasta 2030, manteniendo el plan de cierre para 2035, parece una artimaña electoralista sin sentido y sin ninguna base técnica. España debe aprovechar su capacidad de generación nuclear, libre de CO2, que aporta seguridad a la red, costes contenidos y empleo de calidad, manteniendo en operación todos los reactores actuales, al menos, hasta 2050. Como conclusión: “¡Almaraz sí, y los cinco restantes, también, gracias!”.

Juan Córdoba Iturriagagoitia. Ingeniero industrial y miembro del think tank Institución Futuro.

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