Opinión
"Al fin y al cabo, pantallas y barras de bar forman parte del mismo ecosistema: se trata de alternar el toque digital con el tacto de siempre"

Publicado el 24/08/2026 a las 18:44
Tenemos el dedo entrenado para el afecto instantáneo. Un doble toque en la pantalla y listo: ya le has dicho a tu amigo de la infancia que su hijo está precioso con la camiseta de Osasuna. Otro deslizamiento rápido y despachas con un emoticono de fueguito las vacaciones en Mallorca de ese ex compañero de facultad al que hace una década que no ves. Pero qué buen rollo y qué conectados estamos. Bienvenidos a la era de la amistad de baja intensidad, la versión contemporánea de los afectos. Pasamos el día pastoreando interacciones en el móvil, contestando el bombardeo de WhatsApp en tres grupos simultáneos y reconociendo la existencia ajena a golpe de clic. Somos el jurado popular de la felicidad de los otros. Un comité de aplauso digital, una hinchada que jalea y suelta un "qué bien lo haces chaval" o un "jajaja".
Pero, más allá de la parodia, y frente a tanta homilía de gurú apocalíptico empeñado en certificar la muerte de la empatía humana por culpa de las pantallas, no está de más tomarse un minuto de reflexión. La comunicación digital arrastra una pésima prensa, pero negar su potencialidad es de una ceguera absoluta. Al César lo que es del César: ese aparato resuelve marrones en un clic, resucita a muertos vivientes de la agenda que dábamos por perdidos y nos cruza con mentes maravillosas con las que jamás habríamos tropezado en el supermercado del barrio. Porque el wifi, el móvil o las redes nunca han sido el problema; el problema, como siempre, es el uso que hacemos de ellos.
El milagro de la interconexión está ahí, a mano, y es un lujo de la modernidad. Quienes defienden a capa y espada que hay que bajar a la arena del bar a encontrarse y tomar cañas, a menudo olvidan que la conexión digital no se queda en el felpudo de casa; nos acompaña fuera y es una oportunidad más de encuentro. No es un enemigo de la barra del bar, sino un aliado si sabemos dosificarla. Se trata, simplemente, de administrar el invento. Disfrutemos de la tecnología y de ese fascinante universo virtual, asumiendo que las pantallas no han venido a sustituir la vida presencial, sino a ensancharla. Al fin y al cabo, pantallas y barras de bar forman parte del mismo ecosistema: se trata de alternar el toque digital con el tacto de siempre, sin confundir el mapa con el territorio, el que se pisa.