Opinión
Atender a la infancia: un imperativo ético que no admite disculpas

Publicado el 21/08/2026 a las 05:00
El ser humano ha estado migrando desde el principio de los tiempos. Es un fenómeno tan extendido que no hay una familia que no incluya a varios desplazados en su seno; lo raro es que todos sus miembros “sean de aquí”. La migración puede ser más o menos masiva, pero siempre hay alguna en marcha en el planeta. Los motivos de las migraciones masivas se suelen asociar a conflictos, siempre relacionados con desequilibrios sociales y de poder, bien dentro del lugar de origen o en relación al país de destino. Y mientras haya desequilibrios habrá fenómenos de migración y será más intensa y apremiante cuanto mayor sean estos. Toda la inmigración se hace en pos de una vida mejor.
Estos días estamos conmocionados por la tragedia de los acontecimientos vividos en Ceuta, con el desbordamiento del paso fronterizo de unas 70.000 personas, entre ellas 2.100 menores. En el proceso fallecieron más de 80 personas, la mayoría ahogadas al intentar llegar a nado, muchas, menores. Una catástrofe humanitaria que interpela a una reflexión profunda, más allá de cómo pudieron organizarse para asaltar la frontera.
Recordemos cómo acotaba el fenómeno migratorio el papa León XIV en su reciente visita a España, que en referencia a los menores migrantes no acompañados decía que son “los más vulnerables dentro de los flujos migratorios, con rostros concretos e historias únicas, que apelan a nuestra conciencia” y sobre los que “no podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento”.
No obstante, la comprensión y la compasión no es la actitud general que cultivan algunos partidos, tanto de ámbito nacional como de nuestra comunidad, y se oponen a ese mensaje, e incluso a lo que una parte importante de sus mismos votantes piensa, y muestran una inhumanidad preocupante.
Se puede estar de acuerdo en que la de Ceuta no es la mejor forma de desplazarse entre países. Por eso entender qué es lo que agita el fenómeno migratorio con tanta urgencia y riesgo para la vida es fundamental. Y esto nos lleva directamente a preguntarnos sobre las vidas de esas personas y el entorno en el que viven. Lo primero a constatar que las formas de vida europeas son más atractivas que las que puede vislumbrar gran parte de la población de países africanos.
Acto seguido hay que constatar que África no es un lugar falto de recursos, ya que de hecho desde Europa y muchos otros lugares se han estado explotando esos recursos desde hace siglos, y ahora mismo también se hace. La inversión occidental en África es enorme y se extraen numerosos productos que sirven para nuestro bienestar y generan enormes riquezas en los inversores. Y la siguiente constatación es que a pesar de que en África se generan grandes beneficios, apenas se distribuyen allí, y que usualmente esas ganancias proceden de condiciones de trabajo miserables y con contaminación del medio ambiente. La prevención de la urgencia migratoria puede empezar por una cierta distribución social de beneficios. También por dedicar fondos a la Cooperación Internacional, justamente lo opuesto a lo que el PP está haciendo allí donde gobierna con VOX.
Llevamos ahora la atención al motivo por el que tantos menores, a veces muy pequeños, optan por dejar su hogar. Por las historias que vamos conociendo, sabemos que muchos acumulan una serie de adversidades, como la de un hogar roto o ausente, con maltrato o abandono, pérdidas de familiares, amigos, y experiencias traumáticas, debido a condiciones de pobreza y violencia, y en el mejor de los casos ausencia de expectativas de un buen futuro. Los niños y niñas que experimentan este tipo de situaciones necesitan cuidados para corregir una socialización fracasada. Conviene pensar en salidas y saber que su estigmatización traerá más daño a un mundo que en muchos casos se pude calificar de destrozado. Hay que estar abiertos a pensar en la ayuda que se pueda implementar en el lugar de origen para mejorar la infancia. Una que desde luego pasa por superar la pobreza.
Las declaraciones que realizan algunos partidos políticos, en particular el PP, diciendo que todos los menores deben ser repatriados ya mismo, que ya no cabe uno más en Navarra, ignoran no solo las condiciones familiares y sociales de estos menores, sino también la legislación nacional, europea y también los tratados internacionales que obligan a atenderlos. Tenemos esta legislación porque nos pusimos un estándar ético que nos ha hecho mejorar como sociedad: el de acoger a quienes necesitan ayuda y, entre ellos, a los niños al margen de su procedencia.
La migración es un fenómeno muy complejo, también para una sociedad fundada sobre la dignidad de la persona, los derechos humanos, los valores democráticos y la legalidad internacional. Estos no son principios renunciables. No lo son para la sociedad navarra, y en esta línea actúa el Gobierno de Navarra. Todo esto va de responsabilidad con los menores no acompañados y en dificultades graves, con la situación que vive Ceuta, y con la ley; en definitiva, significa estar abiertos a la opción de hacerse cargo de los menores de forma justa y equitativa entre todas las Comunidades Autónomas, pero sin dejar de reclamar a Europa que forme parte de la solución. El Gobierno de Navarra será firme en la defensa de la legalidad y de los derechos humanos, pero también en la exigencia a otras CCAA para que también lo sean. Como estos días señalaba la presidenta Chivite, la política migratoria debe ser coordinada, solidaria, respetuosa con la legalidad y gestionada con humanidad.
Nuestra sociedad puede y debe formar parte de un proceso que genere puentes y comprensión con solidaridad y responsabilidad compartida, y con ello hacer crecer las semillas para un mejor futuro para esos lugares donde la injusticia consustancial sea superada. Esta actitud ya está en la sociedad navarra. Requiere trabajo, voluntad, persistencia y también generosidad, entre todos, incluyendo al estado, a todas las comunidades autónomas y a la UE. En realidad, no hay forma de tener lejos los reservorios de desequilibrios sociales, como si no existieran, ya que mas tarde o más temprano salpican y emponzoñan a todos. No puede haber un futuro social mejor sin una protección firme y suficiente de la infancia.
Carmen Maeztu Villafranca. Consejera de Derechos Sociales, Economía Social y Empleo del Gobierno de Navarra.