Opinión

"A mí me pasa últimamente con mi madre. ¿De verdad me vuelve a repetir eso? ¿Otra vez sin coger el teléfono a estas horas? ¿Estará bien?"

Aunque uno piensa que está preparado para los cambios en la geometría familiar, la realidad es que ciertas cosas te pillan de improviso

El paseo vespertino por la playa
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El paseo vespertino por la playaGONZÁLEZ
El paseo vespertino por la playa

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Íñigo González

Publicado el 20/08/2026 a las 05:00

La redacción de un periódico es una caja de resonancia donde todo acaba compartiéndose: un ejemplar atrasado, una merienda, el titular que se le resiste a alguien o ese dato que falta para completar una crónica. Por eso, cuando suena un teléfono entre las mesas, quien más quien menos pone la oreja. Curiosidad de periodista. El otro día le tocó a un compañero. Era sábado, festivo y por la tarde. Llamaban de la residencia donde cuidan a su padre para decirle que tenía una fiebre fea y que quizá tocaba trasladarlo al hospital. Su “Vaya, por Dios” no sonó nada halagüeño. 86 años, nervios y a buscar alternativas a todo correr para lo que pudiera pasar. Y sin poder dejar de trabajar. Hubo suerte. Una segunda comunicación confirmó después que estaba mejor. Pero claro, uno se ve ahí.

Cuando se es el hijo menor y quien te trajo al mundo lo hizo ya con cierta edad, desde muy pronto eres consciente de que el tiempo pasa. Y que eso, para ciertas cosas, juega en tu contra. Es ley de vida. Pero eso no evita que llegue un momento en que determinadas preguntas empiezan a rondarte la cabeza y a ensombrecer un poco el panorama. A mí me pasa últimamente con mi madre. ¿De verdad me vuelve a repetir eso? ¿Otra vez sin coger el teléfono a estas horas? ¿Estará bien?... Curiosamente, inquietudes similares a las que me generan las primeras salidas de mis hijos mayores.

Aunque uno piensa que está preparado para los cambios en la geometría familiar, la realidad es que ciertas cosas te pillan de improviso porque tenemos cogidas con alambres las rutinas de este vertiginoso ritmo de vida y cualquier cosa que se salga del calendario lo tambalea todo. Y, de pronto, aquellas escenas que veías en casa de pequeño, con tu madre, tu tía y tu abuela, se repiten ahora con protagonistas diferentes.

Pienso esto y me viene a la cabeza la foto que le hice este verano en vacaciones. Ella, sola y de espaldas, por la orilla del mar con su bonito bañador de pantaloneta y estampado de flores. Se apoya en un bastón de trekking blanco y negro y camina encorvada hacia la puesta de sol. En su otra mano, un pañuelo de papel. La miro, deseo que sea eterna y, mientras, me prometo que intentaré estar siempre ahí cuando me necesite.

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