Opinión

Solución para Ceuta y Melilla

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Víctor Manuel Arbeloa

Publicado el 16/08/2026 a las 05:00

Me temo que el caso de Ceuta y Melilla, vinculadas al primer problema europeo, que es la inmigración, y la deriva de los menores no acompañados y su enésimo reparto, con el Gobierno actual “subyugado” por Marruecos, y la enconada clase política que padecemos, vaya a ser el mayor quebradero de cabeza político que nos quede, y que llegue a ser el eje de las numerosas elecciones que se nos echan encima.

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Es el caso político más delicado y sensible que afrontamos. Porque se trata de seres humanos, y no solo de euros, barreras físicas, capacidad militar o relaciones internacionales. Lo que no podemos hacer es pasar de elogiar hace meses, las palabras y actuaciones del papa León XIV en Canarias, a tratar a inmigrantes como mercancías o seres abstractos. Escalofría que la muerte en el mar de un centenar de jóvenes nos deje tan fríos.

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Pero tampoco podemos dar por normal la afluencia goteante de decenas, centenares, miles de niños, jóvenes y mujeres hacia Europa, y hacia España en concreto, como si tuviéramos que recibir media África en nuestras calles y plazas. Y sobre todo, porque eso no es bueno ni para ellos ni para nosotros. Sería una bomba de relojería en nuestra vida política y social, pésima para todos. Aquí tiene la Unión Europea, incipiente y débil, su primera tarea prioritaria y urgente, y el Gobierno español la de utilizar ya, dejándose de orgullos partidistas, todos los recursos posibles y necesarios, que hasta ahora no utilizó. Que el Gobierno social demócrata y feminista de la modélica Dinamarca sea el que más nos presione junto al de la “extremista” política italiana da que pensar.

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Ya sé que el Gobierno sanchista y sus voceros papagayos van a querer derivar todo al reparto de pobres muchachos por las Comunidades Autónomas, sobre todo del PP, para así disimular sus muchos errores y fracasos. Será una más de sus tretas polarizadoras. Tampoco es de recibo democrático una oposición frentista, obsesiva de poder, incapaz de pactar ni siquiera el día en que estamos o la hora en que vivimos.

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Algunos, que han sido incapaces de pedir la co-soberanía hispano-británica en Gibraltar, hablan ahora de la futura soberanía hispano-marroquí en Ceuta y Melilla. Han olvidado que fue la ciudad de Ceuta, portuguesa desde 1415, la que decidió seguir siendo española cuando en 1640 Portugal se separó de la Monarquía hispánica, decisión consolidada en el Tratado de Lisboa de 1668. Melilla, que también había pertenecido, como Ceuta, al reino visigodo, fue tomada en 1497 por los Reyes Católicos, sin apenas resistencia, para asegurar el control del Mediterráneo frente a la piratería berberisca, mucho antes que la dinastía alauí llegara al poder en Marruecos a mediados del siglo XVII.

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Si hay que respetar siempre la voluntad de los habitantes de un lugar extraterritorial, lo mismo en Gibraltar que en Jersey, las Malvinas, las Azores o Kaliningrado, mucho me temo que errores del calibre del actual, o la división de los españoles dentro de las mismas ciudades de soberanía impulsen a sus habitantes actuales al abandono paulatino y a los marroquíes a la ocupación de los huecos de aquellos. Por el contrario, el ejemplo de ese admirable presidente que es Juan Jesús Vivas y otros como él nos llena de esperanza. Sería muy triste tener que recurrir un día a un referéndum final en todo el país sobre la suerte de las dos ciudades.

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La múltiple responsabilidad de Marruecos en el caso es evidente, y los jueces darán también su dictamen. El mayor error de Sánchez en el cambio de la compleja relación con Marruecos y el Sáhara fue la forma de hacerlo, sin contar con la oposición y el pleno del Congreso. Trump y Netanyahu desaparecerán pronto y dejarán de asustarnos, y los saharauis, Marruecos y España seguiremos aquí. Ahora nos toca defender nuestras fronteras nacionales y no solo con boyas. Y desplegar medios de inteligencia. Y reforzar nuestra capacidad de disuasión frente a Marruecos. Si nuestro vecino, con el que hemos de tener la mejor relación, tiene el arma silenciosa de la emigración, nosotros tenemos también la no menos eficaz sobre la movilidad y tránsito de personas, mercancías, inversiones, tratados de pesca, ayudas europeas…

Conviene moderar la voz y acertar en la respuesta. Porque esta atrocidad no puede quedar sin una respuesta de altura democráticaplena.

Víctor Manuel Arbeloa. Escritor.

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