Opinión
Memorias compartidas frente al eclipse de la democracia

Publicado el 16/08/2026 a las 05:00
'Navarra-Argentina en Dictadura, 1936-1976-2026. Memorias compartidas'. Así titulamos un programa que hemos promovido desde el departamento de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera y que presentamos recientemente con motivo de una doble y triste efeméride: los 50 años del golpe de Estado de Videla en Argentina y los 90 años del golpe de estado de Franco aquí.
Dos militares. Dos asaltos a la democracia. Dos dictaduras. Un reguero de víctimas, represión y años oscuros. Pero también de rebeldía, resistencia, resiliencia… de reacción social y política. De lazos solidarios. Porque Argentina y Navarra tienen una red potente de relaciones humanas de un amplio pasado, presente -y seguro que futuro. De hecho, en mi calidad de consejera también de Acción Exterior he realizado varios viajes a ese país que acogió en distintas oleadas en el siglo XX a la mayor parte la diáspora navarra. Navarros y navarras que emigraron por razones económicas, porque sí, Navarra fue también emigrante. Pero también por razones políticas, entre otras por ese exilio que desangró a la sociedad navarra con la huida de nuestra tierra de personas republicanas ante el triunfo del franquismo. Hoy son sus descendientes quienes exhiben con orgullo su origen navarro. Una diáspora, conformada por casi 10.000 personas, es decir, el 25% del total de este colectivo repartido por todo el mundo que ejercen de excelentes embajadores y embajadoras de Navarra.
Pero volviendo a la línea inicial, no podemos olvidar que ahora se cumplen 90 años del golpe de estado franquista de 1936 que provocó una guerra de tres años, el fin de la II República y el inicio de casi medio siglo de dictadura con miles de fusilados y represaliados a nivel de todo el Estado y también en Navarra, donde hubo 3.500 asesinados sin haber frente de guerra. Todavía hay un millar de cuerpos sin localizar ni identificar. Parte de esta historia será la que se recoja en la exposición con la que se inaugurará en escasos días el espacio de Memoria y Convivencia Rozalejo.
Por otro lado, en 2026 se cumplen 50 años del golpe militar en Argentina de 1976 (en este caso el 24 de marzo) que dio paso a la dictadura de Videla con 30.000 asesinados y desaparecidos y miles y miles de personas detenidas y torturadas.
Algunos de ellos y ellas navarros o con ascendencia navarra, según nos consta. También tendrán su propia exposición en septiembre que nos acercará también el trabajo de las Abuelas de la Plaza de Mayo, premio del Día de la Paz 2026. Buscar. Insistir. No olvidar. Son palabras que unos y otras repiten.
Pero más allá de las estadísticas y las efemérides, voy a centrarme en una historia humana que formará parte de esta exposición. Es la historia de Mercedes Colás, la “Porota” represaliada, rebelde, resistente. Víctima por partida doble en Navarra y en Argentina. Pero también doblemente luchadora por la democracia y la memoria. Mercedes era hija de José María Colás, un albañil militante anarcosindicalista de Lodosa que, tras huir de la dictadura de Primo de Rivera, recaló en Argentina. Con la II República volvió a Navarra para ser asesinado en Tudela por un grupo de falangistas en 1936. Mercedes, con once años de edad, fue rapada al cero como forma de señalarla como hija de un rojo. Ante esta situación, en 1939, con catorce años volvió a Argentina, donde había nacido. Volvió soñando que iba a un país que vivía en democracia.
Allí Mercedes inició una relación con Francisco Meroño, con quien se casó a los diecinueve años. Un año después, el 4 de junio de 1946 nació su única hija, Alicia Meroño Colás. Alicia, madre de tres hijos, fue secuestrada por los militares de Videla y nunca volvió a su casa de Buenos Aires. Mercedes murió el 21 de abril de 2021 a los 95 años, sin dejar nunca de buscar a su hija desaparecida. Fue una referente de las Madres de la Plaza de Mayo, entidad de la que surgió más tarde las Abuelas de la Plaza de Mayo. “Me compré un pañuelo blanco y vine a la plaza y me senté en un banco y me puse a llorar. Una Madre se me acercó y me dijo «¿a vos quién te falta?». «Mi hija». «Bueno, acá no se viene a llorar, acá se viene a luchar” contaba. Y luchó y luchó, buscando a los hijos/as o nietos/as desaparecidos en la dictadura. Pero también reivindicando una memoria colectiva crítica.
La memoria de la “Porota” se entrelaza en esas memorias compartidas y personaliza como nadie esa red invisible entre Argentina y Navarro y entre los compromisos institucionales y sociales por la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación. Como consejera de Memoria y Convivencia desde 2015 me enorgullece pensar que Navarra es un referente en el trabajo sobre la Memoria.
Y con esa vocación hemos organizado este programa que se desarrollará en parte en Rozalejo como Espacio emblemático de Memoria y Convivencia. Un espacio, con vocación de proyección y colaboración internacional porque antes y ahora, el trabajo en red y la solidaridad es la mejor manera de hacer frente a una nueva ola de negacionismo, involucionismo y autoritarismo que asola el mundo. Y bien que lo saben también nuestras compañeras y compañeros de Argentina a quienes recibiremos en septiembre para entregarles ese Premio de la Paz.
Asistimos a todo un eclipse de la democracia. Por eso hay que ponerse las gafas de la memoria para mirar de frente a ese pasado violento y reivindicarlo como espacio de construcción de una sociedad democrática donde los fascismos, la violencia no tengan cabida.
Ana Ollo Hualde. Vicepresidenta del Gobierno de Navarra y consejera de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera.