Editorial

En manos de Marruecos

Que Rabat haya abortado esta vez la amenaza de otro asalto masivo a Ceuta es la evidencia de que la relación bilateral y con la UE no puede seguir a su albur

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Editorial DN

Publicado el 16/08/2026 a las 05:00

Un potente despliegue de seguridad de Marruecos, operativo a kilómetros de distancia de la frontera con España, frustró este sábado la entrada de varias oleadas de inmigrantes fundamentalmente de origen subsahariano que habían respondido al llamamiento activado hace días a través de las redes sociales y otros cauces para repetir el multitudinario asalto del 30 de julio. 

No es difícil hacerse cargo de la angustia en que viven desde entonces los ciudadanos ceutíes, con el ánimo en un puño por los desafíos vigentes desde la insólita avalancha de hace dos semanas y ante el temor a que el episodio vuelva a reproducirse si las autoridades marroquíes juegan de nuevo a la estrategia de modulación de los flujos migratorios en función de sus intereses diplomáticos. 

El dispositivo movilizado por el Gobierno de Rabat, con refuerzo español a este lado de la frontera, permitió que ni un solo extranjero en situación irregular se acercara tan siquiera al paso de El Tarajal, convertido en un coladero inmanejable a finales de julio. Pero si algo evidencia la abortada convocatoria de ayer no es la fiabilidad del reino de Mohamed VI como socio comprometido con la imprescindible cooperación transfronteriza, sino más bien lo contrario: que España está en sus manos a la hora de evitar que los cruces puntuales y acotados se transformen en una riada de seres humanos. 

Por ello resulta incomprensible, entre otras cosas, que la ministra de Sanidad, Mónica García, a la que compete la asistencia en una ciudad autónoma que no tiene las competencias transferidas, no haya acudido a sus calles hasta ahora -lo hará hoy- para hacerse partícipe de la crisis. El Gobierno puede tener la tentación de apelar al pragmatismo para justificar su complacencia con el vecino marroquí por la cobertura prestada ante el riesgo mayúsculo que se temía este 15 de agosto. Pero ello no orilla una evidencia solapada por las urgencias humanitarias: que la relación con Marruecos no puede proseguir en los mismos términos por más que el Ejecutivo de Sánchez incida en las bondades de una cooperación hoy abiertamente en entredicho.

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